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Mi «superioridad moral»

Me lo dijo un colega Kirchnerista. Al que respeto y admiro como tal. Le respondí, claro. Pero me pareció interesante su punto de vista. La idea de que quienes defendemos algunos valores, y nos oponemos a otros, sostenemos una posición de «superioridad moral» sobre otros. Es curioso. Me lo dicen quienes de manera constante hablan desde posiciones supuestamente «indiscutibles y absolutas», y aceptan de manera natural, elegir a quienes fueron y son, enemigos explícitos de esos valores.

No quiero repetir lo obvio, pero en este caso vale: fui públicamente un militante de Antonio Bonfatti en las elecciones del domingo pasado. Como tal, todavía tengo sensaciones dolorosas y mucha tristeza. Contrariamente a lo que las levedades mentales piensan, no tengo un problema de «pauta». Ni la tendré. Sencillamente porque nunca recibí una pauta sideral, porque no me aproveché de mis circunstancias personales para abusar de lo público. Ni creo que esté bien hacerlo. Para eso, sólo basta ir a mirar los números. Y me alegro mucho que pronto, muy pronto, esos números estarán en la mira de los que agitan esa idea para que cierren la boca, para siempre.

Mis posturas contra la candidatura de Omar Perotti siguen intactas. No haré lo que muchos de mis colegas hacen. Perotti es para mi, lo mismo que fue siempre. Y aunque desde el 10 de diciembre se convierta en gobernador, no dejaré de pensar de él lo que pienso: que es el privatizador del Banco Provincial, que representa intereses de negocios incompatibles con los intereses públicos, que no tiene plan de salud ni educación. Y que utilizó el punto más débil de las politicas provinciales- la inseguridad- para ganar, sin tener la más mínima idea de cómo resolverlo. ¿ Por qué? Porque nunca explicó cómo. Y si no lo explicó, es porque no lo sabe aún. Y me temo que piense hacer lo que ya advirtió: que la seguridad depende de la represión policial, antes que de los equilibrios sociales.

Defendí a una gestión que no tuvo casos de corrupción. Y si las tuvo, escasas, se sometieron a la justicia. Una gestión que se encargó de desarmar a todas y cada una de las bandas delictivas y narcos de la Provincia. Que separó a más de 300 policias cómplices del delito. Que tuvo y tiene, como cualquier gobierno provincial, los límites de la fuerza y los recursos para impedir que crezca el delito común, mientras crecía la marginalidad.

Defendí a un gobierno modelico en muchisimos aspectos. En salud, en educación, en integración social, en cultura, en desarrollo social, en turismo y en transparencia institucional. Un gobierno, o tres gobiernos, que no tuvieron denuncias judiciales por sobreprecios, ni coimas, y que no tuvo nunca, que dar explicaciones por dineros desaparecidos. Aún, en un plan de inversión inédito: más de 170 mil millones en los últimos tres años.

Un gobierno, tres gobiernos, que priorizaron siempre los salarios públicos, la salud laboral, que combatió el trabajo infantil, que bajó los niveles de mortalidad materno-infantil, y que aún llamándose Santa Fe, reglamentó el mejor y más seguro sistema de IVE del país, desterrando la mortalidad materna en Rosario, y bajandolas a niveles históricos en el resto de la provincia.

¿ Es superioridad moral defender eso?

En todo caso, si me permiten, es defender desde la coherencia, las ideas que defiendo. Y que muchos defendemos. En los hechos, no en la teoria imaginaria. No en la eterna idealidad que flamean en banderas confusas.

Es muy probable, porque sus antecedentes lo dicen, que el gobierno de Omar Perotti no constituya un avance en todos los aspectos que mencioné arriba. Es probable porque cuando Binner dejó caer la licitación de Odebrecht sobre la realización de los grandes acueductos, Perotti fue uno de los defensores de aquella licitación. Es probable que decida volver a los 80 y 90, y termine decidiendo las áreas de salud con la iglesia, como históricamente hizo el peronismo en Santa Fe.

Es probable que veamos retrocesos grandes en las políticas culturales. Que volvamos a tener una distribución de los ministerios «proporcional» a los votos obtenidos y no un plan estratégico. Y es probable, claro, que los sectores económicos más importantes, sean beneficiados por sus políticas: el agro y todos sus derivados. Porque ese es y ha sido, el modelo que implementó en Rafaela, y el que apoyó en todas sus pocas intervenciones en su condición de legislador nacional.

La presunta superioridad moral que se me imputa, se va a caer apenas Perotti anuncie su gabinete- sin descartar alguna sorpresa premio devenida de Cambiemos- y anuncie su plan de gobierno. No hay chances de que lo revelemos antes. Y para eso faltan seis meses.

En el medio, algunas pistas se irán dando. Será obvia su prescindencia sobre la elección presidencial. Nadie se anima hoy a asegurar que Perotti se vaya a sumar abiertamente a la campaña de FF. No lo verán, sencillamente porque Perotti es Perotti. Y cuando ustedes le cantaban » el límite es Cambiemos», el respondió » El límite es el hambre», desoyendo claramente el reclamo de la tribuna. Anticipando que los límites los impondrá él, y no lo que le pretendan bajar desde la «popular». Eso hizo siempre. En sus bancas y en sus cargos. No hay ninguna razón, y es lo que les reclamé durante la campaña, para pensar que vaya a ser distinto. Pero bueno. No me haré cargo yo de esa decisión.

No será precisamente Perotti la representación del «modelo nacional y popular» que muchos pregonan, y al que votaron bajo esa consigna. Una consigna confusa, contradictoria, lejana a la concreción, al menos en la Provincia de Santa Fe, de todas y cada una de las banderas que levantan.

¿ Entonces yo tengo superioridad moral? No. En todo caso, la superioridad moral la tienen aquellos que creen que los presuntos fines- sacar a Macri del gobierno- justifican cualquier medio. Por ejemplo, echar al único y real gobierno progresista del país, juntándose todos. Y cuando digo todos, es todos. Incluyendo a los representantes de Cambiemos, con quienes pactaron claramente una táctica común de campaña.

Ahi está de muestra la foto en los diarios de Máximo con Cuneo, un antisemita peligroso. Ahí están las chicas de pañuelos verdes acompañando a quienes jamás les darán el derecho a decidir. Ahí están las víctimas de los modelos implantados en los 90, celebrando la victoria de quienes los implantaron. Todos juntos, sin saber muy bien hacia donde van. Allí están los festejos «nacionales» juntando a Santa Fe con Formosa, como si se tratara de los mismo. Como si levantar el triunfo de Insfrán, significara una virtud y no una razón de extrema vergüenza. Lo mezclan todo. Y de esa mezcla, no tengo expectativas de un buen plato para el pueblo argentino.

Bajemos a tierra un segundo. Miremos alrededor y todos los que tengamos buena fe, coincidiremos en algo: lo del domingo en Santa Fe, puede significar todo lo contrario a lo que vocearon. Lo van a decir las políticas públicas que implementará Perotti. Pero también, las acciones sobre la vida cotidiana.

¿ Necesitamos perder lo que tenemos para valorarlo? Es probable. Es una inexplicable acción humana que se reitera.

Ojalá me equivoque, y efectivamente lo mio sea una postura de superioridad moral. Mientras no lo vea, no dejaré de pensar que lamentablemente no me equivoco ni me equivoqué. Y que muchos que hoy me descalifican, me repudian, o me endilgan intereses venales sobre los resultados, sentirán no en mucho tiempo lo mismo que yo: tristeza.

Aún así, me queda claro algo: se pudo en estos doce años, se podrá en el futuro. Justo hoy , que se cumple un aniversario de la muerte de mi escritor favorito, José Saramago. Justo hoy. Aquel que escribió la frase más hermosa que leí en mi vida sobre las derrotas y las victorias.

«Lo bueno de las derrotas, es que nunca son definitivas. Lo malo de las victorias, es que nunca son definitivas»

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1 thought on “Mi «superioridad moral»

  1. Estoy tan de acuerdo con .vos! Tristeza infinita al ver que tan fácilmente rechazamos lo bueno por las promesas vanas e incumplibles.

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