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Mirando el Mar II: Perotti no es Reutemann, ni Lifschitz su Reviglio

Cuando mirás el mar, ir y venir, se te ocurre que la memoria es un juego muy parecido. Algunas escenas del presente te trasladan al pasado. Ya con aromas de melancolía, ya como asombro por el hallazgo tardío. Ya como calma para reconstruir pasajes de nuestras vidas que sirven para explicar nuestro presente.

A veces, algunos, creen ser lo que no son. Y además, imaginan que sus propias fobias son comunes a los demás. Ambas cosas, combinadas, dan lugar a un fenómeno que produce cierta ceguera.

No ver lo que los demás ven o viceversa, los aleja de la realidad y los pone en un lugar de lejanía con el sentido común. Y los desnuda en situaciones que, sin ese sentido, se terminan pareciendo mucho al ridículo.

Uno no es lo que cree que es. Uno solo es lo que es, dice el Nano. Y a ciertas edades, es mejor tenerlo muy claro

LO QUE NATURA NON DA…

¿Cual es el problema real de esta crisis política en Santa Fe? ¿ la economía? ¿ la falta de institucionalidad? ¿ La violencia social?

No. Santa Fe tiene los mismos problemas que cualquier provincia Argentina. En algunos temas – en casi todos- está mucho mejor que otras, y en otros, como en el caso de la violencia y la inseguridad, probablemente peor. Pero nada, absolutamente nada de eso, es excepcional al resto del país. Cualquier análisis razonable de la situación del Estado santafesino, es positiva: es una de las provincias con menos deuda, con menos déficit fiscal, y con una gran calificación internacional por su transparencia en la administración de los recursos públicos.

¿ Por qué , entonces, hay un clima de semejante beligerancia política, que llega a extremos tan absurdos como acusar a un ex gobernador de estar detrás de una manifestación pública de reclamo por la seguridad?

La respuesta a esa acusación fue una manifestación más grande, casi del doble de convocatoria, donde se hizo claro hincapié en la ausencia de banderas e identificaciones políticas.

Es extraño todo: el gobierno de Omar Perotti no hizo, en lo que lleva de gestión- casi un mes- un sólo anuncio político genuino. No recorrió ningún punto del territorio que gobierna, y se dedicó, exclusivamente, a atacar a su antecesor con números contradictorios, y procurando – incluso tras su rechazo – que se le declare un estado de emergencia que no consigue justificar por ningún lado. El propio gobierno nacional salió hoy a «auxiliar a las provincias en emergencia», y entre las mencionadas, no aparece Santa Fe.

No tiene ni números, ni argumentos para poder «sacar» la emergencia. Y encima, él y sus ministros se la pasan «bardeando» a los que necesita para poder cumplir con sus objetivos. ¿ Qué quiere Perotti, entonces? O más claro: ¿ Quien cree que es Perotti, para creer que podrá hacer lo que quiere, salteando la voluntad de las otras fuerzas para concretarlo?

Y ahi volvemos al tema del comienzo: Perotti cree que es lo que no es. Y además, cree que la sociedad ve en sus adversarios políticos, lo que sólo él ve.

Perotti no es Reutemann, aunque sus miradas sobre la cosa pública se parezcan; ni Miguel Lifschitz representa en el imaginario social a la «Vieja y corrupta política» que hartó a la sociedad hace treinta años y le dio lugar al ingreso a los «Reutemanes» para que aplicaran los ajustes neoliberales.

Perotti no es popular. Y tampoco hace un esfuerzo por serlo. A diferencia de Nestor Kirchner o el propio Miguel Lifschitz ( sólo por citar dos ejemplos aplicables) que comenzaron sus gestiones con bajo conocimiento y se ocuparon de revertirlo con políticas y una hiperactividad que contagió a muchos.

Por eso sus acciones o inacciones, no despiertan simpatías ni adhesiones, ni sus intentos de victimización constante algún nivel respetable de solidaridad. Pero actúa como si lo tuviera. Como si detrás de él, viniera una multitud enceguecida, para acompañarlo. Y no. Detrás de él, nada. Sólo la militancia prestada de otros sectores, que en muchos casos eligen el silencio ante la vergüenza de algunas de sus decisiones.

Reutemann, por citar el ejemplo más identitario con Perotti, era muy popular. Y tenía un magnetismo total con la gente. Por eso pudo hacer lo que hizo y no hizo: porque la gente lo adoraba. Y además, eso se completaba con la suma del poder público. Era dueño de los tres poderes, de la caja pública y de los bienes públicos. Entre ellos Aguas y el Banco de Santa Fe, con los que hizo pingües negocios, sin resistencia institucional.

Perotti no tiene nada de todo eso, y encima va de de cabeza todas las veces que puede contra Lifschitz, y eso lo debilita cada vez más. Y su gobierno, que apenas tiene 27 días, tiene un desgaste propio de un mal gobierno de dos años. Miguel Lifschitz no es su «Reviglio». Ni su gestión es reprochada por la sociedad. Todos sabemos, hasta los propios opositores, que si Lifschitz hubiera tenido reelección, ganaba con comodidad las elecciones de junio.

Entonces, entre las desprolijidades de los números que publican sus funcionarios, la inexplicable acusación de Sain contra Galassi y Lifschitz de estar «detrás» de los incidentes en Rafaela. La demora en los pagos de los sueldos públicos, las demoras en las transferencias a los comedores escolares, el ataque innecesario a los docentes, con lo del «festival de horas cátedras» o la disparatada decisión de vetar todo lo sancionado por su antecesor, incluyendo la creación de Escuelas, todo eso, más su «ausencia» pública, que rompe sólo en casos de institucionalidad… ¿ que espera Perotti?

Está a tiempo, claro. Pero no será a los empellones como consiga avanzar. Será con acuerdos. Y en paz.

Volviendo al mar, que va y que viene, se me ocurre pensar en Miguel de Unamuno, y aquella frase que bien le cabe al gobernador: «Lo que natura non da… Salamanca non presta». Uno es sólo lo que es, al decir de Serrat. Y ese conocimiento de los propios límites, ayuda a pisar la realidad y a transformarla.

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