No. No desmiento nada

Circula un video donde un periodista de Telenoche, obligado por sus gerentes, lee un comunicado diciendo que mentí. Ellos, los gerentes, deciden que para sacarse un juicio de encima, hace falta desmentirme. Y no se puede desmentir lo que es cierto. Ni se puede hablar en nombre de quien no autoriza a decir nada.

La historia es bastante simple. El fondo es muy oscuro.

El año pasado, un día después de mi cumpleaños 51, emití un informe en el programa CUESTIÓN DE FONDO de Canal 9 Paraná. Hablé sobre las relaciones entre el entonces gobernador electo de Santa Fe y el empresario de la construcción, Horacio Miró.

Conté la historia del empresario, y anticipé que el empresario, financista de la campaña de Perotti y principal beneficiario de la obra pública de Córdoba, venía por el negocio en Santa Fe.

Además, conté la persecución que hace este empresario sobre los periodistas. Lo sufrieron varios colegas cordobeses y algunos medios porteños. Lo sufrí yo, después, cuando decidió demandar al Canal y a la productora del programa por un monto millonario.

Miró tiene comportamientos muy llamativos y familiares con los de otros empresarios argentinos poderosos: no quiere ser fotografiado, no quiere que su nombre aparezca en Google, y ocupa gran parte de su tiempo intentando borrar las huellas de sus negocios. Sus empresas aparecen en la causa Odebrecht. Nadie lo acusa de nada que no sea cierto, pero él no lo acepta y utiliza sus poderosas relaciones para silenciar a los periodistas.

Eso hizo con Canal 9 de Paraná. Hasta que el canal necesitó «desmentirme»

Intenté participar de las audiencias de conciliación. Viajé dos veces a Buenos Aires. Estuve en la puerta de las audiencias, mientras se desarrollaba. Pedí que se me diera participación porque sólo yo, en tanto responsable del informe, podía explicarle a los mediadores la posición del periodista. No me lo permitió Miró, que eligió mantenerme fuera de la disputa legal. Para ponerme como prenda de negociación. La «solución» pacífica de la controversia era clara. Me lo dijeron los abogados en Buenos Aires: «Pide que desmientas lo dicho».

Me negué. Lo puse como única condición. Acepté, contra mi conciencia, que se levantaran los videos de Youtube. Acepté que tuviera derecho a réplica y contara su versión de los hechos. Y si algo faltaba, decidí irme. Le dije a mi colega y amigo Daniel Enz, que transmitiera al canal que me iba para evitar que el conflicto creciera. Que entendía al canal, a la productora y que mi salida del ciclo era propicio para que no siguieran siendo asediados por Miró.

Me fuí, deje otro trabajo. Pero a Horacio Miró no le alcanzó.

Vino el 2020, llegó la Pandemia y perdí el rastro de la denuncia, de la demanda y del reinicio del ciclo. Me ocupé de otras cosas. Empecé REC y entre otras cosas, anticipé que la primera gran licitación de Perotti estaba prácticamente armada para Miró… La licitación se suspendió luego de mi informe. La suspendieron y modificaron los plazos y las condiciones. Vaya casualidad.

Ayer sin haber sido avisado por nadie, me enteré con el video que ya circula con manifiesta intención viral, que el canal 9 me desmentía sin mi autorización.

El canal arregló sus cuitas con Miró y con el gobierno de Santa Fe. No soy quien para opinar sobre eso, ni sobre los intercambios de figuritas en la negociación. Pero alcanzaba con mi salida del ciclo. Alcanzaba con bajar los videos si le molestaban a Miró, y alcanzaba, claro, con una comunicación del empresario sentando posición. No era necesario que desmintieran lo que sólo yo puedo desmentir. Pero Miró lo exigió.

Y entonces digo: No desmiento nada. Ni una coma, ni un segundo de aquel informe. No acepto que se hable en mi nombre, ni que desautoricen lo que se emitió. Primero porque no les corresponde. Segundo, porque no es cierto que sea mentira lo que informé el 9 de octubre en la pantalla.

Soy plenamente consciente del uso que harán algunos enemigos de ese video. Y no me importa en absoluto.

Soy consciente del tamaño de mis enemigos, pero elegí no tener miedo.

Soy dueño de mis acciones y responsable de lo que ellas ocasionen. Si me equivoco, lo corrijo y pido disculpas. Lo hice en más de una ocasión, sin ninguna vergüenza. No es este el caso. No hay nada que desmentir.

No esconderé la cabeza, ni permitiré que hablen por mi.

De eso, se hará cargo mi representación legal.

De lo otro, de lo público, de lo canalla, de lo mendaz, se harán cargo quienes tomaron la decisión de usar mi nombre para desmentir lo que nunca desmentí ni desmentiré.

No soy víctima de nada, pero menos victimario de empresarios y políticos inmorales que usan al Estado para hacer negocios y enriquecerse. De ellos, nada.

Tengo la calma que dan la certeza y la convicción. Y la debilidad que da la honestidad, en un mundo repleto de aprietes, intereses y dobles discursos.

De eso habla mi cuenta bancaria, mi tarjeta de crédito refinanciada, el modelo de mi auto y la hipoteca de mi casa.

De lo demás, como siempre, hablan los lectores, los oyentes y los televidentes.

Nadie me dicta lo que decir, nadie me impide decir lo que quiero decir.

Y pago los costos, sin chistar.

MUCHAS GRACIAS.

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