Chau amigo, te voy a extrañar

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Me enteré que te fuiste a la vieja usanza, leyendo los avisos fúnebres en papel de El Litoral. Me quedé helado, y lo primero que se me ocurrió fue: “no me acostumbro a la muerte”.

Se que te hubieras reído con esa estúpida reflexión. Pero es así: no puedo acostumbrarme aún a la muerte.

Mucho menos si la muerte convoca a los artistas, a los creadores. A los que se encargaron de salpicar este mundo maltrecho con pequeños espacios de eternidad bella en nuestras memorias. ¿ te acordás? “No hay comunicación sin emoción, Coni”, me dijiste. Para agradecerme una entrevista en la radio. Donde los dos nos emocionamos.

¿ Cómo les explico a mis amigos que no te conocieron, quien eras?

Porque resulta tan sencillo como increíble contar tu obra.

Ni vos supiste tu dimensión: Creo que nos toca ahora explicar lo que tu humildad ocultaba.

Les digo así, ¿querés?

Hector Berra fue el inventor de Temaiken, de Mundo Marino, fue el que hizo el impactante bicentenario del Teatro Colón, el que modernizó los museos de Barcelona F.C, del Benfica de Lisboa, de Boca, de River. El que armó las fiestas de los centenarios de Colón y Unión.  El que iluminó la Casita de Tucumán. El que armó y dirigió Opera Pampa…

¿ Que más les cuento, para que entiendan?

¿Que armaste con Badía, María Esther Sánchez,  Y Adolfo Castelo, “Imagen de Radio”?

Que te animaste a hacer Canal K en la tele, en prime time, usando una letra que a la postre marcó nuestra historia.

¿ y lo que venía, Hector?

Ya se que tus hijos continuarán la historia. Hoy me encontré con uno de ellos que ya estaba en Santa Fe continuando el Museo de la Constitución… Por eso despreocupate. Se nota que heredaron tu arte. Ya me lo habias dicho.

Que tristeza, Hector. Que tristeza cuando leí la noticia.

Hoy una amiga en común, me dijo ” siempre hablaba de vos, te quería mucho”… Que se yo. Yo se que cada vez que nos veíamos, nos abrazábamos y nos reíamos un rato.

Que suerte que alcancé a conocerte aquella tarde en la vieja oficina de Carlitos Fertonani…

Que suerte que me contaste tu infancia, tu vida en Sunchales, tu paso por los gloriosos 60 en Santa Fe. Que suerte tuve de conocerte.

Que suerte tuve, porque pude  comprobar tu humildad, tu bajo perfil, tus sueños en voz alta.

Que pena infinita Hector, que dolor del alma.Te fuiste sin saludar…pero estás eternamente disculpado.

Nosotros nos vamos a encargar de cuidar tu memoria en vida.

Y no me olvido, eh : “la emoción es el vehículo fundamental, la razón está muy bien, pero la emoción te hace recordar las cosas de una manera”

Gracias por la ella.

 

 

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