El Gerente eterno

soberbio

Sus teñidos han marcado una época. Alguna vez su pelo se volvió violeta, por un error en la combinación de tinturas. Su modo de  vestir no tiene demasiados parangones. Pantalones grises, zapatos marrones. Saco a cuadros, camisa a rayas. Corbata amarilla… Su manera de combinar los colores, hablan de su necesidad de sobresalir siempre. O simplemente de un mal gusto muy desarrollado.

Llegó a la empresa como salvador. Era compadre del jefe mayor, y accedió a la Gerencia con poderes plenipotenciarios. Eran los comienzos de los 90, el Menemismo comenzaba la faena  y él tenía la “fórmula”: achicar, ajustar y hacer cerrar los números, a cualquier precio.

Lo que nació como una intervención a los “números”, se convirtió en la gerencia más larga de la que tenga recuerdo una empresa de esa naturaleza en  la ciudad. En poco tiempo, todas las áreas, inclusive aquellas sobre las que sigue siendo un profundo ignorante, quedaron bajo su órbita.

Su personalidad avasallante, su parada militar, su vozarrón policial, sus bigotes parapoliciales, su gesto de patrón impiadoso le generó más temor que respeto a los empleados. El poco respeto que aún le tienen, se lo dio su capacidad de trabajo. Su prepotencia. Como todo autoritario, siempre es el primero en llegar y casi siempre, el último en irse.

Su poder es la información. Es generoso con los topos, y los topos con él.

Siempre soñó con ser dirigente político, pero nunca le dio el Pine. Nunca lo convocaron a integrar ninguna lista con aspiraciones, ni a formar parte de ningún gabinete. Y lo vive con algo de frustración. Y algo de razón tiene… Llegó cada uno, que bien pudo llegar el.

Pero lo complica su verborragia y su apasionada oratoria, que a todos los interlocutores los termina agotando.

Nunca gana las discusiones, simplemente su energía para levantar la voz y retrucar cada detalle de una charla, acobarda al otro, lo agobia. Sus adversarios generalmente abandonan. Bien podría pensarse que es una táctica. Pero no. Es su naturaleza y su ego: le encanta escucharse, y explicarle a cada uno las razones de la existencia. Habla de todo, sin saber casi nada. Pero habla y está convencido que puede explicarle al propio Papa Francisco lo que dicen los Evangelios.

No hay temas sobre los que él no pueda opinar. El se siente autorizado para dar cátedra de todo. Fútbol, tenis, economía, lactancia materna, política internacional, tercera edad o los chismes del espectáculo, solo por citar algunos ejemplos, son materia de su sabiduría. Nunca la pone en duda. Y administra la soberbia con orgullo, haciendo honor a la frase del filósofo: “La soberbia es la sabiduría del intelecto pobre”

Es primitivo en muchos aspectos. En especial en su carencia de sentido del humor. No soporta que se rían de él, aunque él se siente en condiciones de burlarse de todos.

La empresa de hoy es un reflejo exacto de sus gustos.

Es famoso en las canchas de fútbol. Fue suspendido en casi todas las ligas de las que participó. Expulsado y sancionado. Su rasgo distintivo es la violencia deportiva. Y aunque acumule registros vergonzantes, y espectáculos bochornosos entre prestigiosos profesionales, nunca aceptó ninguna de sus culpas. Él nunca es culpable de nada, jamás se le escucho decir: “me equivoqué”, muchos menos pedir disculpas.

Es machista. Distingue sin vergüenza alguna su trato entre hombres y mujeres. Manipula al inferior y es sumiso, sólo en el trato, con los superiores. A ellos los domina con la información.

Puede pasarse horas explicando porque es antiabortista, pero al mismo tiempo puede gritarle hasta darle un pico de presión a una chica embarazada que no quiere entrar en “sus razones”. Cosas de su personalidad

Conspira todo el tiempo contra sus enemigos. Pierde horas desarrollando estrategias para lastimarlos. Se desespera cuando las cosas se le van de control. Allí aparece su peor versión: la del iracundo dispuesto a todo. Allí es cuando se va al pasto, y por ejemplo, manda mensajes de whatshapp intentando retomar el control sobre otros, que no tiene.

No entiende que ya no goza de ningún respeto en ciertos ámbitos. Es demasiado conocido, por sus mañas. Ya no puede ir a los despachos con una excusa de la “empresa”  y terminar hablando de sus propios negocios.

Disfruta de las cámaras internas con las que espía a todo el personal como si fuera Gran Hermano. Mantiene negocios paralelos a su puesto, éticamente incompatibles, que ni siquiera se preocupa en disimular.

Supo hacer bien los deberes, para otros y en especial para él.

Lleva una vida holgada, como buen CPN conoce las maneras de ganar y esconder. Y la historia habla de sociedades invisibles, dentro y fuera de la empresa.

Nadie sabe lo que gana, pero siempre gana mucho más que los demás. Y en la empresa, los demás, ganan muy poco casi siempre. El se encarga de decidir cuanto ganará cada uno. Finalmente él “les dio una oportunidad en la vida”

Y aunque ya está transitando su tercera década a cargo de la jefatura, su puesto no corre riesgo. Se jacta de decir, aun sabiendo que nadie lo quiere en su lugar, que irá de esa silla, “el día que yo quiera”.  Fue el actor principal de una de las peores crisis institucionales de la Empresa, que derivó en intervenciones de organismos de control. Y además de conducirla, se apropió de su mejor arma: conoce al dedillo las debilidades y las historias de sus jefes. Nadie le soltará la mano jamás, porque si alguna vez hablara, todo podría estallar en pedazos.

Fiel a si mismo, mitigó todos los intentos que hubo para removerlo. Entre lo que sabe de los otros, su amor propio y en especial, la resignación de los demás, sigue teniendo el mismo poder: el pone, saca, corre, manda, echa, prohíbe, autoriza, recauda, paga y cobra.

Su ego, su amor propio y sus convicciones, le han forjado una coraza con la que defiende todo lo ganado.

El Gerente eterno goza de inamovilidad, y protección severa de las llaves de los peores secretos de esa Casa. Es como un Papa o un miembro de la Corte Suprema. El día que ya no esté, sabremos muchas cosas que todos sospechamos, pero que no podemos probar. Ojo, no será sencillo. Tiene muy claro los papeles que hay que quemar.

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