La Chiqui Gonzalez, esa ladrona

167854_chiqui

No voy a esperar que cumpla 70,80 o 90 para decirle lo que pienso de ella, aunque a ella y al mundo le importe un pito lo que pienso. Es una ladrona.

Da la casualidad de que  apenas en tres semanas ocurrieron cosas que me conmovieron, y todas estaban enhebradas por ella. Aunque ella, fiel a su historia y acusando una inmodestia que exaspera, siga prefiriendo el plural a la hora de explicarlas.

No importa. Ella va con su saquito negro, su breve curvatura, su paso de falsa ancianidad, su sonrisa de adolescente, su mirada de impiadosa certeza, su bagaje de sabiduría aprehendida en los libros, en el cuerpo, en la batalla, en la coherencia moral, en los arrabales de Saladillo, en las tablas de Rosario, en los despachos y en las academias.

Ella es abogada, actriz, escritora, madre, abuela,Ministra, mujer,lectora, dramaturga, directora, profesora, alumna eterna, joven, vieja, amable, sincera, cínica, empática, exagerada, directa, frontal, simpática, honesta, fantasiosa, y entre tantas otras cosas termina siendo eso: única.

La vi poner en silencio a la multitud de “negros” en el hipódromo. La vi recitando de memoria a los poetas franceses en el sigilo de un pasillo. La vi burlándose del político de viaje breve en plena ceremonia. La vi cansada. La vi orgullosa. La vi feliz.

La vi volver de la entrega del Premio Nacional de las Artes a la trayectoria, y la escuché, una vez más, decir: no es para mi, es para un equipo, es para un gestión. No, le decimos a coro. Es para vos, sólo para vos. No, no es para mi, lo hicimos todos, durante tantos años. No, lo encabezaste vos, lo pensaste vos, lo imaginaste vos, lo concretaste vos , taladrando las cabezas de los Hermes, los Antonio, los Miguel, cuando eran intendentes o gobernadores, cuando parecía imposible que el Socialismo, el Frente Progresista, consiguiera ser gobierno.

Ella dió a luz a la Ciudad de los Niños, a la Isla de los Inventos, en Rosario. Y en la opaca Santa Fe inventó el Tríptico de la imaginación, y dejó para siempre marcada a la ciudad con la Redonda, La Esquina Encendida y el Molino, esa fábrica cultural que nadie entiende antes de entrar a conocerla, pero de la que sale entendiendo todo, y con ganas de volver.

Ella inventa los Aleros, en los barrios alejados del centro. Planta uno y ya está pensando en otro, y sueña con otros tantos, donde las madres tengan refugio y los chicos puedan jugar.

“La Chiqui adora a los niños”, dicen los que la ven interactuar con ellos. Y yo no se si los adora tanto como cree en ellos. Porque los trata de igual a igual, sin que en el medio se pierdan esas estupideces que los adultos sabemos usar para creer que somos protectores de los niños. La Chiqui no. La Chiqui no se permite ni los diminutivos, ni la falsía. Con ellos la ternura, si. Pero la confianza, la libertad y la certeza de que, no en vano es la alumna preferida de Tonucci, ellos nos salvan. Ellos nos dan sentido a la existencia, y ellos nos salvan el futuro.

La Chiqui se cansó de la “Cultura” tradicional. Ya no quiere teatros, ni cines, ni salas tradicionales. Ella quiere que la Cultura de una puta  vez se entienda como lo que es: aquello que hacemos las mujeres y los hombres en libertad, cuando necesitamos expresarnos, cuando necesitamos romper los silencios, las cadenas, cuando necesitamos arder de pasión. Y allí dentro todo.

Ella sueña con Orquestas en los barrios abandonados, en las Bicicletas que enseñan oficios, en la Cumbia y en la Trova abrazadas dándonos identidad. Ella sabe que no hay cultura excluyente, que necesariamente Proust y Sandro conviven en la identidad del sujeto, cuando el sujeto alcanza a convivir con los dos. Y que no hay otro poder que el poder de la emoción para cambiar las cosas.

La Chiqui tiene estatura emocional.Registra como poca gente los climas, las miradas, los gestos, las soledades y los deseos. No le da vueltas al lenguaje, ella sabe todos: le habla a su  semejante de la manera que su semejante necesita que le hablen. Y no finge. Sólo se adapta al otro, como un Zelig intencional, buscando al otro, sólo para encontrarse en las profundidades. La Chiqui es emoción y es sinceridad.

Presenta “Pensamientos Incómodos” de Pablo Marchetti y dice sin rodeos todo lo que piensa. Sabe quienes están en la platea, los huele, los identifica en la multitud. Dice y no ofende nunca, nunca es grosera aunque no reniega de lo explícito, sabe acomodar sus expresiones para no dejar jamás de decir lo que piensa, pero no se permite jamás la ofensa.

La Chiqui parece ser muchas, pero es una sóla: es la niña que recibió una flor en Saladillo y que busca devolverla en cada acto privado o público. Es la joven combativa que no oculta nada, que no reniega de nada, aunque no deja pasar una oportunidad para autocriticarse- y también usa el plural- para guiñarle el ojo al dolor que le supura cuando se encuentra con los ausentes del pasado, cuando se consolaban diciendo: “¿con este sol?”

La Chiqui mezcla a Foucault y a Favio cuando habla. Pasa de las anécdotas de Chaplin a Bresson, y en el medio habla de la progresía, del peronismo, de los radicales, de sus sensaciones, y quienes la escuchamos, aunque no sepamos en muchos casos de donde abreva, la aplaudimos, y miramos a los costados y vemos que el desconocido de al lado nos sonríe con una lágrima que no puede contener, y nos hace cómplices, nos hermana, nos junta.

La Chiqui se ha pasado los últimos treinta años de su vida, sino más, juntandonos. Se ha pasado la vida juntándose, o intentando hacerlo.

Es un ser extraño, bajito, de una humanidad que atraviesa nuestros huesos, y nos convierte en mejores. Y es generosa.

La Chiqui nos hace mejores. Aún cuando tenemos la suerte de compartir con ella una charla en soledad, sobre asuntos triviales y mundanos.

No se cuantos años hace que la conocí a la Chiqui. Seguro que fue en algún reportaje en la radio, o en la tele. Y desde entonces, lo digo, vivo enamorado de ella. Y tengo la fortuna de, cada tanto, recibir su abrazo.

La Chiqui está sobrada de méritos, premios y reconocimientos. Lo ignora, pero cuando la puta parca venga a buscarla- por fortuna falta un buen trozo de eternidad para eso- hay barrios y calles en todas las ciudades y pueblos de su provincia, que le reservan su nombre. Y Bibliotecas, y Parques, y Centros Culturales, y Talleres barriales, y muchos mortales humildes que la recordarán por haberles dado una rosa para sus vidas. Esa que ella recibió siendo muy niña.

¿ de que se trataba esta nota?

Ah, si. De la Chiqui Gonzalez. Una mujer única. Que nos roba una parte del corazón a todos los que la conocemos. Una ladrona.

 

Anuncios

12 Comentarios

  1. Dora Fisman

    La verdad, me asuste !!!!!.Pero realmente es todo eso , que pusiste en la nota .Cuando llevo mis nietos a La Fabrica, me acuerdo de ” La Chiqui “,y agradezco !!!!!.Por mas Fabricas Culturales en Santa Fe !!!!!! Vamos Chiqui !!!!!!!.

    Me gusta

  2. Luis A Giustincich

    Una Maestra, un ser único. Sobre la tierra incendiada un balsamo de amor, generosidad y sabiduría. Gracias Chiqui, por dejarte conocer, por tu humildad y tu bondad. !!!

    Me gusta

  3. Micaela Meret

    Coni, INCREÍBLE nota!
    No hubiera encontrado, si las buscaba, palabras que se asemejen a tan tremenda descripción de ella!
    La Chiqui es un ser EXCEPCIONAL, seguramente de otro planeta!
    ENORME referente, para muchos jóvenes que compartimos los mismos sueños ella!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s