Cuatro crímenes y los lugares comunes

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Es un espanto sin límites. Desde que conocimos la noticia, todos los santafesinos, conocieramos o no a las familias involucradas, quedamos shockeados, y aún hoy, cuando ya pasan algunas horas, es el único estado posible frente a esta escena.

No conozco las circunstancias familiares que desataron este endemoniado camino de un chico de 25 años que se convirtió en horas en un chacal dispuesto a todo. Sólo sigo conmocionado como todos por la tremenda tragedia que implica para tres familias y para decenas y decenas de amigos y conocidos, un cambio definitivo en sus vidas.

Pero no  termino de entender a quienes , con una rapidez y una ligereza espeluznante, vaya uno a saber con que necesidad o urgencia, pretenden encontrar por afuera de lo ocurrido alguna responsabilidad objetiva.

Es decir; poner en los hombros de otros, ajenos a la tragedia, alguna responsabilidad que los ubique en un lugar que hubieran podido evitar que lo fatalmente ocurrió.

Los cuatro crímenes fueron la consecuencia de un tipo desbordado- ya se ocupará la justicia y la ciencia de establecer a que niveles, no el periodismo – que decidió matar. No ya a su ex mujer y madre de sus hijos- la que le da a la agresión múltiple el origen de violencia de género, pero al resultado final no – sino a todo su cuadro familiar.

La ligereza con la que rápidamente buscamos responsables, aún teniendo a la vista al único autor de la matanza, habla de una falta clara de comprensión de un fenómeno que excede a la violencia de género, a los femicidios, y a los propios alcances de la prevención judicial y/o policial: la violencia que nos cruza como sociedad. La decisión cada día más habitual de hombres y mujeres, de resolver sus asuntos a través de la violencia.

8,5 de cada 10 crímenes que ocurren en el territorio santafesino, se produce entre conocidos. La mayoría de ellos por causas ligadas al delito del narcotráfico, peleas por territorio,venganza de otras muertes;  otras, por violencia de género, si,  pero otras tantas por la mera decisión de un sujeto de matar a otro semejante, sólo para resolver diferencias.

¿ Quién podía prever semejante locura? Romina se había ido a la casa de su padre, un departamento céntrico, en un edificio de difícil acceso. ¿ Cómo se podía evitar el terror si quien ejecutó a cuatro personas, estaba dispuesto a todo?

¿ cómo evitamos eso?

Somos una sociedad cruzada por la violencia. Una sociedad que ya no soporta la idea de organizar eventos donde se crucen simpatizantes de distintos colores, una sociedad que en el tránsito- como en aquella memorable escena de Relatos Salvajes- es capaz de producir no sólo accidentes sino enfrentamientos entre quienes ni siquiera alcanzan a chocar. Una sociedad repleta de insatisfechos espirituales que encuentran en la violencia contra el otro- conocido o no- la forma de desahogar su dolor, su vacío, su insoportable peso de no ser.

Lo único que se me ocurre decir es : Asumamos que formamos parte del problema.No lo simplifiquemos culpando rápidamente a otros.

Pongamos el acento en advertir los brotes de violencia de los que o somos protagonistas, o advertimos en quienes viven con nosotros. Busquemos y profundicemos las formas de dialogar con el otro. Entendamos que es un problema social, y no sólo  de los otros.

No caigamos en la facilidad de creer que siempre, en todas las circunstancias, algo falló: no lo veamos sólo desde la tranquilidad de saber que no somos nosotros, ni nuestros hijos, ni nuestros padres; porque formamos parte de esta misma sociedad, en la que la vida- aún la de los seres que formaron parte de nuestras vidas- cada día vale menos, y tampoco  caigamos en el error de sesgar a la violencia  en violencia de género, porque la violencia, el crimen, la resolución violenta de los conflictos, no ocurre sólo entre hombres y mujeres, ni se basa exclusivamente en las prácticas machistas.

Este cuádruple crimen  es una escena más de la violencia que sufrimos a diario. Y que tenemos que frenar, empezando por nosotros. Bajando el tenor de nuestras discusiones, devolviendonos los valores que fuimos perdiendo, y recuperando de a poco, en cada gesto cotidiano, la normalidad de vivir en paz.

 

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3 Comentarios

  1. Silvina

    Somos responsables. EWn ewso estamos de acuerdo. Somos respo sables de los hombres que educamos. De los valores que inculcamos. De las “verdades” que naturalizamos…
    Somos responsables de hacer creer a nuestros hombres que no pueden ser rechazados…
    Eso es violencia. Pero… claramente… y ante todo…eso es violencia de genero!

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  2. carolina

    Conni, estás desconociendo por completo todo lo legislado en torno a las violencias contra las mujeres. Este no fue un caso de violencia “entre pares”. Y pudo hacerse algo para prevenir, Romina había hecho la denuncia ante la Comisaría de la Mujer, existe un PROTOCOLO que debe implementarse y no se hizo.

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  3. mai

    tu comentario no apunta con veracidad q solo emana de los hechos.. esto es violencia de genero…el tipo es un violento y algo de lo q hay q reflexionar aqui es la gente que estaba alrededor y los escuchaba y sobre todo la negligencia de quienes como servidores publicos toman las denuncias y ven desfilar a las personas q se animan a denunciar.. es violencia de genero porq eran la mayoria mujeres.. y los machistas no dialogan raptan imponen torturan desvinculan de los familiares y amigos .. y si eso se rompe ..hace justicia por mano propia.. antes eran crimenes pasionales.. ahora tienen su verdadero nombre.. cuidemoslo y hablemos ..siempre hablemos q es la unica manera de bajar los niveles extremos de homicidios..

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