Sin utopías…

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Y finalmente los radicales universitarios se fueron del Frente Progresista. Cumpliendo todas las premisas de la decisión fríamente calculada. Midiendo exclusivamente sus conveniencias, amparándose en razones de alineamiento incondicional con un gobierno que, al menos hasta ahora, no ha justificado merecer el apoyo de ningún sector que se autodenomine “Progresista”.

Acaban amontonándose con figuras de la peor historia reciente de la Provincia y especialmente de la ciudad. Firman una alianza con el PRO, pero además con la UCEDE y con el partido del dirigente gremial de los trabajadores del campo, “Momo” Venegas.

Confluyen en el espacio que ungió senador a Carlos Reutemann, que postuló a Juan Carlos Mercier. Los que vaciaron el Banco de la Provincia, los que inundaron la ciudad, los que privatizaron con escándalo al Banco, a Aguas Proviciales, los que vaciaron a la EPE para privatizarla también, y habrá que agradecerles, siempre, a sus trabajadores que lo impidieron.

Se amontonan con los sectores más retrógrados de la economía. Los que sólo piensan en sus ganancias, y piden recortes a los sectores que producen. Con los que abren indiscriminadamente la importación, quebrando a las Pymes. Dejando a la intemperie a miles y miles de argentinos que – una vez más- ven temblar sus puestos laborales.

Se amontonan con los que no cumplen con la palabra. Con los que se niegan a cumplir la orden de la Corte Suprema de pagarle la deuda a Santa Fe. Los que te atienden amablemente el teléfono, pero no mandan el dinero para salvar a los tamberos. Los que prefieren – como ocurrió con Milkaut- que la principal cooperativa argentina, Sancor, quede en manos privadas. Los que omiten llamar a Paritaria docente. Los que siguen sometiendo a los jubilados a pagar el impuesto a las ganancias. Los que creen que la riqueza de los ricos un día derramará sus sobras sobre los millones de pobres y excluidos que tiene el país. Los que suponen que el Estado es un elefante que no debe cumplir ninguna función que vaya a generarles costos o gravámenes adicionales. Los fanáticos del equilibrio fiscal, de la reducción del gasto público. Los que prefieren endeudar al país, antes que ponerlo en marcha con la industria, la producción, la expansión.

Eligieron traicionar a la Utopía. Esa, que como dice Serrat, los crió en sus rodillas, cuando eran jóvenes militantes, cuando la política todavía no se había convertido sólo en una manera de ganarse la vida. Cuando las acciones perseguían la ilusión de un mundo mejor y no la cínica resignación del “es lo que hay”, perdiendo toda rebeldía con el estado de las cosas.

Prefieren aferrarse a los cargos, perseguir bancas- aunque en ello deban humillar a sus propios padres. Aunque deban perder la dignidad y permanecer donde ya no les corresponde, por sostener espacios de poder.

Eligieron el poder por el poder mismo. Y olvidarse de la obligación que trae consigo la responsabilidad de cambiarle la vida a los que peor la pasan.

Como los lebreles de la canción, se echan al monte a correrla para matarla, y al no poder seguir el paso de la utopía, prefieren traicionarla.

“y hoy, funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden ,son partidarios de capar al cochino para que engorde”…

Se sinceraron y se acabaron las confusiones. Allí están ellos, representando el pasado y la historia conservadora de la ciudad. Eligiendo continuar con los valores que en su momento supieron elevar los obispos Gelabert  y Boneo, denostado al Sur.

Combatiendo a Oroño a finales del siglo XIX, por el Registro Civil y al radical Menchaca y a Lisandro de la Torre,  por la Constitución del 21. Repitiendo los argumentos de que “no será el sur el que nos diga como debemos gobernar  a  Santa Fe”. Cómo lo decían los purpurados, como lo repiten ellos. Mientras vuelven a dibujar el modelo de tradiciones que hundió a la ciudad en el atraso del que cuesta salir.

Allí ellos. En el lugar donde los recordará la historia.

Acá miles y miles de mujeres y hombres que elegimos perseguir la Utopía, aunque nunca la alcancemos: “que antes que lleguen los perros, será un buen hombre el que la encuentre y la cuide hasta que lleguen mejores días. Sin utopía ,la vida sería un ensayo para la muerte”

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