La antinomia y la complicidad

 

Si un desinformado llegara hoy al país , puede que en la lectura de los diarios se encuentre con un panorama sencillo de la política argentina.

El sujeto no dudaría en decir que Argentina tiene dos expresiones antinómicas: Un gobierno, que comete errores y responsabiliza de todos sus males a la situación heredada; y una ex presidenta que reclama desde la tribuna opositora “cambios éticos” (sic) y un cambio del rumbo económico que incluya a los excluidos.

“Un gobierno conservador y una oposición populista”, simplificaría.

Leído así, el desprevenido cree que en Argentina hay sólo dos alternativas, y que ambas alternativas se reconocen entre si como enemigos únicos e irreemplazables. Y que todo lo demás, no existe. O casi.

En ese juego de la antinomia exclusiva, cualquier afirmación de los jugadores que no reconocen en ninguna de las dos expresiones su identidad, debe ser considerada como “funcional a” una de las dos posiciones antinómicas, y nada más que eso.
Quien cuestiona al gobierno por sus prácticas desatinadas en materia social, inmediatamente será puesto en la linea del “Kirchnerismo”, y quien insista con el esclarecimiento de los delitos obscenos del Kirchnerismo, será puesto en el lugar del “Macrismo”.
Los que proponen la discusión de los verdaderos problemas del país, suelen ser subestimados y excluidos de la discusión. Porque ambos adversarios ocupan el centro del ring mediatico y los medios no parecen contemplar a ninguna otra expresión que no sean esas dos en el relato de la realidad argentina.

Nada le conviene más al Macrismo que la reaparición pública de CFK. Cualquier estudio relativamente serio de opinión pública indica que la única fortaleza que ostenta la gestión de Mauricio Macri hoy-en una gestión que no puede reivindicar casi ningun logro, sino ninguno- es el temor de gran parte de la sociedad al retorno del cuco Kirchnerista.
Sin respuestas a ninguna de las demandas sociales y económicas, salvo el beneficio a los grandes grupos económicos, el Macrismo apuesta a las elecciones de octubre como único horizonte cierto, y sostiene, como principal argumento de batalla que la discusión es una sola: “ somos nosotros o es el retorno al pasado” Somos nosotros o es el Chavismo”, o “Somos nosotros ( esto poco insuficiente o casi nulo que es el gobierno) o es el abismo”.

Desde el Kirchnerismo reciben con alegría el lugar ofrecido, y reforzando los mismos argumentos que lo llevaron al fracaso hace apenas dos años, se erigen como la “única alternativa posible” al Macrismo. Como la “unica alternativa de resistencia al modelo Macrista” y aprovechando las circunstancias dicen: “ Tenemos que ser una nueva mayoria, con eje en el peronismo, que ponga limites al modelo neoliberal”. La líder del “nuevo” espacio, reniega de cualquier discusión interna, y democráticamente decide quien es parte y quien no del enjambre opositor. Los que no están allí, no lo son.
Ninguno de los dos está discutiendo el destino del país, ni las consecuencias que esta antinomia genera en la piel social. Es más: les conviene. La antinomia los fortalece , y ambos, a pesar de sus discursos, pactan que ese es el juego que les conviene jugar, aunque en el camino jueguen con las pensiones sociales, el impuesto a las ganancias, el trabajo de la gente o la memoria. Cualquier tema es pasible de ser pasado por la máquina de la antinomia y la sociedad tiende a creer, como el desprevenido desinformado, que se trata de elegir entre ellos dos y nadie más que ellos dos.
El Kircherismo dejó un país devastado: arcas vacias y una corrupción estructural demoledora. Se perdieron cientos de miles de millones en el camino de la obra pública, se sostuvieron los indicadores medios de pobreza de la Argentina post dictadura, y la “inclusión” sólo se expresó en una nueva modalidad de asistencialismo crónico. La excusa del país estallado en el 2001 le sirvió como argumento constante de comparación favorable, del mismo modo que el Macrismo , que con sus recetas económicas y políticas neoliberales ha profundizado cada uno de los indicadores sociales, usa a la corrupción Kircherista y a los números fiscales como modo de justificar sus acciones.
Es probable que ambos tengan reivindicaciones reales: El Kircherismo seguirá arguyendo que fue el gobierno de los derechos humanos, de la AUH, de la reestatización de las AFJP. EL macrismo en su defensa dirá que acabó con el totalitarismo legislativo, que el presidente atiende a todos o que “solucionó la deuda con los jubilados”. Cada una de esas cosas es cierta o parcialmente cierta. Y hoy, resultan asuntos menores.

Y mientras todo eso ocurre, todas las soluciones se demoran y los conflictos se agudizan.

La bipolaridad justifica todo , y mientras no se soluciona nada, el gobierno aprovecha para ajustar todo lo que puede, endeudar al país, destruir a la pequeña y mediana empresa con las importaciones mientras le echa la culpa a los juicios laborales, recorta el presupuesto por las partidas sociales, y repite con modales amables, las prácticas inmorales del Kirchnerismo: beneficios para los amigos, castigo para quienes no comulgan, y propagandas que muestran un país que no es.

Ambos proponen en este escenario lo mismo: discutir quien de los dos es peor que el otro. Lo demás, les pasa por el costado. Ni CFK explica su millonario enriquecimiento, ni Macri puede explicar porque no cumplió con ninguna de las promesas de campaña.

Ni CFK puede explicar el nivel de endeudamiento interno que dejó su gestión, ni el Macrismo permite que se discuta la renovación de recetas que nos llevaron al infierno: endeudamiento externo y ajuste fiscal que pagan los sectores medios.

Ni el Kirchnerismo en 12 años modificó, con todo el poder, la matriz económica de la Argentina, ni el Macrismo está haciendo nada que indique lo contrario.

Si algún desprevenido lee los diarios es probable que crea que en Argentina hay solo dos expresiones de poder. Y si me preguntara a mi, y me ofrece un poco de tiempo para explicarlo le diría: “no se engañe, amigo, son lo mismo. Se necesitan, se reconocen, y juegan casi de memoria”

Con un poco de sentido común, todos entendemos que el juego de CFK y Macri es el mismo juego, y que son cómplices en este falso tablero de la única antinomia.

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2 Comentarios

  1. Mauricio César Yennerich

    Interesante esto que planteás de la “máquina de la antinomia”. Tengo algunas preguntas ¿No es una especie de reedición de la antinomia radicales-peronistas típica de la pos-dictadura? ¿No terminamos en Del caño y el “son todo lo mismo” siguiendo esa lógica? Abrazos Mr. Coni.

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