Corral y el alto costo de la soberbia

 

Las últimas 24 horas fueron de manual: el hombre viajó a Buenos Aires a buscar el calor de los abrazos ajenos. Se paró al lado de los ganadores. Se sacó selfies con Lilita, se paró detrás de Vidal y Macri en una foto que fue tapa de La Nación y en la que, vaya juego de las casualidades del foco, aparece bajo el único cono de sombras de la imágen.

En su Provincia los resultados eran buenos, si. Pero él sabía que en su ciudad no. Que sus propios vecinos, sus gobernados, lo habían castigado.

En la ciudad, su “pollo” Cantard lucía radiante en el festejo. Habían conseguido lo que Buenos Aires les había pedido: un gran respaldo al Presidente. Pero todos sabían que en ese resultado no había otra explicación que el apoyo al presidente. En los números comparativos, su candidato, el hombre con el que se sacó miles y miles de fotos, el hombre con el que apareció abrazado en todos los actos, perdió y por una diferencia importante frente a Emilio Jatón . El hombre al que “bendijo” con su inamovible convicción de líder intocable, perdió las elecciones y su performance estuvo muy lejos, demasiado lejos de lo que representaron los números de apoyo puro al presidente Macri.

Dirán, porque lo dicen: ” bueno, pero sacamos tres concejales, sacamos más del 30 % de los votos”. Si. Si en eso se contempla que llevaban la “marca” que Durán Barba implementó para todos. Si en eso se analiza que contaron con la presencia de todo el gabinete presidencial en la ciudad, todos. Si en eso se contempla que se anunciaron obras nacionales por millones que todos tenemos derecho a sospechar que ahora, tras la derrota, no se cumplirán. Si, si en eso se analiza que el liderazgo no era ni más ni menos que el del Presidente Nacional de la Unión Cívica Radical. Si, si en eso se contempla un nivel de protección mediática blindada de los principales medios de la ciudad, inédito para un intendente. Si. si en eso te tiene en cuenta la impunidad para amordazar a un importante sector del periodismo. Si, si en eso se contempla que se desplegó un aparato punteril ( sostenido desde contratos con el Estado, no en el acuerdo por convicciones que da la militancia) monstruoso en los barrios más humildes de la ciudad. Si. con todo eso, que no es ni más ni menos que todos los vientos confluidos a favor, sacaron tres concejales. Y aún así perdieron por más de 20 mil votos contra el Frente Progresista. Y aún así, dejaron a su concejo municipal con una representación genuina de apenas 4 concejales sobre 17, a partir del 10 de diciembre.

Y encima, el hombre se fue a Buenos Aires. Y prefirió el último ( y desesperado) manotazo de ahogado por salvar su propia ropa. Adjudicándose frente a la burla de sus compañeros del PRO y de su propio partido, una victoria que Macri, todos lo sabemos, hubiera obtenido con Juan Pérez en la boleta.

Pero a José Corral lo espera, aunque lo intente esquivar, la dolorosa verdad: 

Tendrá que afrontar los dos próximos años de gestión con una economía en ajuste, y con insignificantes recursos genuinos. Tendrá que pagar las facturas por los daños ocasionados y en eso se contempla su decisión – rayana con lo mesiánica- de romper todos los puentes con sus ex socios del Socialismo.

Tendrá que afrontar la natural salida de sus “compañeros” de Grupo del gabinete Provincial, y con ellos un par de centenar de colaboradores que, pagarán por el juego unipersonal del intendente. No será esa una decisión maliciosa del Gobernador, sino la natural consecuencia del final de una Alianza Política, de la que Corral decidió ya no formar parte.

Tendrá que aceptar su reemplazo de la Presidencia del radicalismo, en manos de un verdadero ganador. Y allí andan los Negri, Morales o el omnipresente presidente en la oscuridad de la UCR, Sanz. Que sí cuentan en su haber con triunfos resonantes, muy por encima de los números obtenidos por el intendente de Santa Fe. Y ni hablar en sus ciudades.

Tendrá que soportar la interna de Cambiemos en la provincia. Donde el PRO, legítimamente, con su triunfo en Rosario ganó muchos más tickets en Casa Rosada que los que puede mostrar el Lord Major de la ciudad del Puente Colgante.

Tendrá que esforzarse para poder concretar proyectos que él daba por concluidos, como la entrega de la Terminal de Ómnibus a Alejandro Rossi, hermano de Agustín Rossi, y propietario de la mayoría de las lineas de transporte urbano de la ciudad, incluido el fallido Tren Urbano, burlando todas las normas locales y nacionales.

Tendrá que asumir que muchas de las relaciones de tensión con el periodismo santafesino, lejos de estar vinculadas con “operaciones políticas” o ” prensa rentada”, manera constante de descalificación que tuvo con quienes lo cuestionaron, son la consecuencia directa de  su manera de presionar sobre la libertad de expresión, sus recurrentes advertencias a los medios sobre tal o cual periodista, o peor: sus decisiones de sacar de sus trabajos a muchos de ellos en su dominio de la Radio Universitaria o en otros  medios donde la pauta municipal, funcionó como factor limitante del trabajo de la prensa.

Tendrá que explicar sus relaciones con las ONG en la Justicia. Dar una explicación sensata a la distribución de decenas de millones a sus propios funcionarios en Organizaciones por fuera del Estado. Entre los que se incluyen barras bravas que le dieron palizas a empleados municipales, o punteros políticos con procesos penales abiertos por intento de homicidio. O peor aún, tendrá que decirle a los santafesinos porque usó decenas de millones en ONGs que tenían todas, el mismo domicilio o el mismo contador , o el mismo titular.

Tendrá que reconstituir los tejidos con una sociedad que se sintió, y a los números hay que remitirse, maltratada y ninguneada en muchas acciones del intendente. El inexplicable corte de luz intencional en la inauguración del  nuevo sistema lumínico en Pompeya. O el intento por no permitir el concierto sinfónico de Los Palmeras en la Costanera. Eso duele al ciudadano. Y Corral, parece ajeno a percibir el dolor de los demás.

Aún frente a todo eso, su preocupación hoy- natural en un hombre poseído por un nivel de soberbia poco común- es “vender” en los diarios que ganó. Sus energías están puestas en poner en boca de sus hombres, entre ellos el fugaz rutilante diputado electo Albor “Niky” Cantard – el hombre que pasará a la historia como el diputado nacional electo con menor conocimiento público de la historia de la provincia-  que “es la hora de firmar Corral gobernador- Roy Intendente”, sin medir el rechazo que eso genera en las propias huestes de sus socios que no creen precisamente que sea Corral, tras su derrota, el indicado para encabezar ningún proyecto provincial.

Aún frente a todo eso, sigue provocando y subestimando a quien lo enfrentó con respeto y le ganó apabullantemente, calificandolo como “animador de TV”, faltandole el respeto a quien no sólo tiene 30 años de ejercicio del periodismo, sino que evitó cualquier descalificación personal durante la campaña.

Corral, más temprano que tarde deberá aceptar que perdió. Y cuando eso ocurra, ya sea por reacción personal o a consecuencia del reproche de sus propios compañeros del “Grupo”, que empezarán a notar no muy lejos en el tiempo, como quedó el piso lleno de platos rotos a su alrededor.

Hoy, el Grupo UNL, de cara a diciembre tiene, más allá de la Casa de Altos Estudios : dos diputados nacionales, Marcucci y Cantard. Un embajador en Uruguay, Barletta. Y una intendencia, Santa Fe, con muchas dificultades de gestión. Lo demás, lo que venga, es ficción. O estará sujeto a la mera voluntad de sus socios ocasionales, que no han  demostrado ser demasiado generosos con ellos, ni siquiera en las buenas.

Es probable que Corral ya esté pergeñando su solución personal, una vez que acepte el naufragio de su sueño en Casa Gris : Una banca en Diputados en 2019, un cargo en el gabinete nacional o su intento, complicado, de retener la intendencia. El problema, una vez más, no lo tendrá él, sino quienes lo rodean y lo han seguido incondicionalmente durante estos últimos años.

El proyecto personal de José Corral, caracterizado por su soberbia inconmovible, le ha generado a “su grupo” mucho más daños que beneficios.

Modificar ese rumbo, demandará mucho esfuerzo, mucho. Y para eso hacen falta liderazgos generosos.  No parece ser ese el perfil de José Corral. Sus ambiciones personales, su impávida soberbia, puede más que su sentido de grupo.

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