¿Y vos que carajo sabes de Siria?

Hoy todos hablamos de Siria. Un país que se desangra desde hace más de una década, y en el que murieron como mínimo 500 mil seres humanos aplastados por el régimen, o por las facciones islámicas, o por las tropas kurdas o por los bombardeos extranjeros.

Leo defensores de algunos, detractores de otros, intérpretes lineales, presuntuosos que equiparan en la misma linea al régimen sirio con Venezuela o el Kirchnerismo, ya sea para bien o para mal. Leo Macristas saludando el bombardeo de Trump. Leo intérpretes del mundo, acomodados en su sillón, mientras- como yo, claro- intercalan sus opiniones con los capítulos de una serie de Netflix o un partido de la Liga Española o de la Superliga.

El mundo, maravilloso, es una expedición diaria en la que sólo hablamos de lo que quieren que hablemos. En los cumpleaños infantiles suena “Bella Ciao”, y en las mesas seguimos eligiendo entre Macri y el Kirchnerismo cómo si efectivamente entre ellos estuviera en juego el destino del país o del mundo. Todo o casi todo es simbólico. Salvo lo que nos ocurre a la vuelta de casa.

Hablamos de Siria con la misma autoridad con la que hablamos de fútbol, de economía o de las diferencias entre los autos o nuestros teléfonos celulares.

Todo es un disparate, y lo peor es que hay quienes de verdad creen que nuestras opiniones o nuestras posiciones sobre esas cosas, nos diferencian, nos dividen, nos unen o nos representan.

Somos ignorantes profundos, aunque hayamos leído algunos libros sobre los asuntos que discutimos. No sabemos nada, porque finalmente los que saben, nos guste o no, son lo que experimentan el dolor.

Alguien dijo hace pocos días que los seres humanos estábamos transitando una de las mejores épocas de toda nuestra era. Lo decimos porque la tecnología achicó las distancias, porque la medicina avanza sobre enfermedades que antes eran incurables o sencillamente porque hemos accedido, un porcentaje importante de los hombres y las mujeres de occidente, a niveles de confort que nunca imaginamos alcanzar.

Pero mientras tanto sucede Somalía, la matanza diaria en el Congo, las bombas químicas del dictador Sirio, los demenciales atentados Yihadistas, el Sida en el desierto, si, en el desierto Haitiano que se quedó sin árboles ni medicina. La hambruna de casi toda África. Los asesinatos a homosexuales en buena parte del mundo árabe. La captura de mujeres en la Nigeria musulmana. Los gobierno de Trump, Putin, el estado Islámico. La guerra interminable de Israel contra todos. La acumulación financiera de los bancos, el fin de la vida privada y la invasión electoral sobre las democracias liberales de los dueños de Facebook. El Big Brother peor que el que nos contó  1984. Maduro y su violento socialismo venezolano. El golpe de estado en Brasil. El gordito de Corea del Norte. los Chinos silenciosos que avanzan sobre la economía de todo el mundo. En fin… el fracaso del Estado de Bienestar, la crisis de las cajas de jubilaciones de todo el mundo, el tambaleo de los sistemas de partidos políticos en las democracia liberales. El rechazo a la violencia como modo de cambiar las cosas.  Las pateras que dejan vidas en el mar. Los refugiados y los refugios hacinados. Las decisiones de los que deciden sin sentir absolutamente nada. El rebrote del fascismo, y si, la caída por demolición de los estados comunistas que superviven como joyas de museos, 30 años después de la caída de la Unión Soviética. ¿ Cómo carajo creemos que somos capaces de hablar de todo eso? ¿ en que cabeza cabe, que  por sostener un ideario gestado en los comienzos del siglo XX, somos capaces de explicar la complejidad, la maraña, el caos que es el mundo de hoy?

Nada, absolutamente nada de lo que está en pie nos ofrece soluciones reales a las dificultades reales de los seres humanos y resulta estúpido seguir escuchando justificadores del terror. Desde el lado que quieran mirarlo. El mundo es un horror al ritmo del control remoto que elegimos usar.

Hoy nos toca Siria y mañana, hablaremos del próximo atentado islámico en alguna capital de occidente. Seguiremos dejando nuestra salud en discusiones innecesarias y en contradicciones absolutamente menores. Peleándonos por insignificancias, y creyendo que en nuestros discursos llevamos verdades irrefutables.

¿ Pero que hacemos entonces? Modificar lo que nos rodea. Ser los mejores padres, los mejores hijos, los mejores hermanos, los mejores amigos, los mejores compañeros, los mejores vecinos posibles. Ser lo que decimos que el hombre debe ser. Tolerantes, democráticos, pacíficos, honestos, justos y sinceros.

El mundo será mejor cuando lo gobierne una generación que comprenda que el hombre debe ser el centro de todas y cada una de las acciones. Y no el dinero, ni los negocios, ni el poder superficial que significa ocupar un cargo público o dirigir un Sindicato.

El mundo será mejor cuando dejemos de pensar en blancos y negros, y comprendamos que la humanidad no necesita otra cosa que  infancias con alimento, juegos y afecto.

El mundo será mejor cuando dejemos de creer que los cambios profundos se pueden hacer con cambios de gobiernos o con maquillajes.

El mundo será mejor cuando nos ocupemos de nuestros asuntos en serio, y no de los “grandes asuntos”, porque esos grandes asuntos no son otra cosa que la consecuencia de la suma de los pequeños asuntos que no somos capaces de resolver en el día a día.

Escucho hablar de Siria y me llegan mensajes donde dice que Siria es bombardeada por Estados Unidos para quedarse con el petroleo…¿ con qué? ¿ Y se supone que eso es peor que Rusia protegiendo al régimen que arrasa con química a pueblos enteros? ¿ De verdad me piden que elija entre una cosa o la otra?

Nada, no pienso elegir nada. No pienso tomar posición en defensa de nadie que haya levantado un arma contra sus hermanos. No me conviden a saludar a los asesinos, como Maduro, porque “resiste” a los norteamericanos o es amigo del resto de los “Castros” de Cuba. Nada. No justificaré a Francia, a Estados Unidos ni a Gran Bretaña disolviendo misiles sobre las vidas sirias inocentes de todo.

Me declaro incompetente, y me causan mucha gracia quienes pretenden explicármelo desde alguna lógica de dos presuntos polos. Sin detenerse en que todos, absolutamente todos los que quiebran el derecho a la vida de otros, son asesinos. Y no hay asesino que pueda contribuir a mejorar nada.

La única tarea posible está en tu casa,  al lado de tu casa. Enfrente. En tu trabajo. Con tus compañeros de vida. Con los amigos. Con los hijos y los hijos de los hijos. Procurando que crezcan con una ideario humanista, libres, con herramientas para poder procesar el mundo que les tocará en maldita suerte. Que no acepten al horror como natural, ni lo justifiquen en nombre de ningún desconocido con banderas o un ejecutivo con sonrisa ensayada en ningún estudio de marketing.

No hay Papa, ni Cristo, ni Alaes , estampitas ni oradores con personalidad, que nos puedan explicar al mundo de hoy. Porque no hay ninguna clase de coherencia entre lo que se escucha en sus discursos y lo que ocurren en la realidad.Porque lo que ocurre no es otra cosa que el fracaso del ser humano, en tanto sujeto de paz, de igualdad y de libertad.

Creo solamente en los hombres y en las mujeres, que hacen todos los días  y desde hace un buen tiempo desconfío de quienes creen que ostentan la propiedad de la verdad.

Creo en los que salvan vidas, en los que curan, en los que escuchan, en los que ayudan, en los que sienten . En los que eligen hacer lo que les gusta hacer, antes de hacer lo que les conviene. En los que cuidan al otro mucho más que a si mismo. En los que dedican más tiempo a hacer que a impedir que otros hagan.  En los que entienden que el dinero no sirve para ser feliz, ni para tener amigos. En los que entienden que en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo más sencillo, está nuestra principal tarea.

Creo en los que disfrutan de la vida y te invitan a disfutarla, sin pisarle la cabeza a nadie a su paso. Sin prohibirle nada a otro. Sin hacerlo callar. Sin amenazar o extorsionar al otro.

No me hablen de Siria , porque nadie puede hablar de Siria si no sufre sobre su piel las bombas, el delirio y la quemazón de las armas. No me sigan hablando de los idearios que derivan en justificaciones del espanto. No sabemos nada de Siria. NADIE SABE NADA.

Y no me rieguen con discursos culposos y correctos, porque aunque me horrorice, no  me duele Siria. Y no quiero ser un hipócrita.

Me duele si, el pibe que me toca el timbre a la siesta pidiéndome algo para comer. Me duele el estudiante que no puede seguir estudiando porque no tiene plata para poder hacerlo. Me duele el docente asesinado por denunciar la violación de una de sus estudiantes. Me duele el asesinato del vecino que sale a defender a una vecina embarazada que estaba siendo asaltada. Me duele la impunidad de los violadores, de los psicópatas que salen a la calle sin ninguna explicación sensata de la justicia. Me duelen los especuladores políticos que sólo piensan en sus beneficios personales y destruyen con su ambición cualquier embrión de proyecto que intente una sociedad más justa. Me duelen las adolescentes que se mueren tratando de sacarse un embarazo indeseado. Me duele no poder resolver la violencia del tipo que sale a la calle con una pistola, pasado de drogas, sin tener ninguna ilusión sobre su propia vida. Mucho menos sobre la de los demás. Me duele lo que veo, lo que toco, lo que respiro.

No me vengan con Siria, Maduro, las corporaciones y las conspiraciones mundiales. Porque nada de eso es posible de resolver desde el sillón de la casa de ningun opinante.

 

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4 Comentarios

  1. Tito

    Siria hace años que se debate entre etnias que pretenden dominar el país.
    La utilización de armas químicas no fue probada, sólo fue declarada la utilización.
    La coalición occidental bombardea sin autorización previa de ONU, sin OTAN, apoyando a los terroristas de Siria. Rusia apoya a la minoría gobernante.
    Todo es por plata. Pero ai que escribe está nota le falta decir NO TE METAS, ALGO ABRAN HECHO.
    La violación de un territorio es eso, desde Rusia o EEUU. Eso es importante, afecta al mundo y nos puede afectar

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    1. conicherep

      Pero no es lo que digo. Ni mucho menos. Digo que los horrores son iguales. Que no acepto que me inviten a elegir entre horror 1 vs horror 2. Digo que nos hacen opinar sobre lo que quieren que opinemos y si, que lavamos nuestras culpas de corrección politica horrorizandonos con Siria,mientras en nuestros ámbitos no somos capaces de levantar un dedo para evitar injusticias. Hablo del hombre. No de algunos hombres. Hablo de la facilidad para acomodar los análisis sin saber mucho más que lo que leemos. Sin sentir otra cosa que la indignación a larga distancia.

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