Por toda esta injusticia

Son muchas cosas, muchas. La certeza de la existencia de una operación política montada desde la mismísima Casa Rosada que buscaba sacar al gobierno de Antonio Bonfatti de la Gris. La fuerza incontenible de los medios porteños, todos, los entonces “hegemónicos” y los “nackandpop” que funcionaron en llamativa coincidencia y con la misma ligereza.

Fueron las burlas del Cuervo Larroque y la impertinente carcajada de Agustín Rossi, cuando celebró el término “Narcosocialismo”. Y el pedido del entonces presidente del PJ de intervención urgente a la provincia.

Fueron los jueces federales que manipulaban desde la Capital Federal bajo amenaza Gils Carbó y el apriete constante del Kirchnerismo pos 54 %. Fueron las violaciones sistemáticas a los derechos de un acusado al que nunca, jamás, le encontraron una sola prueba de enriquecimiento. Ni a él ni a ningún familiar cercano ni lejano. Ni consiguieron un sólo testimonio que al menos lo sugiriera.

Fue la utilización de la causa y de su nombre para descalificar y poner en duda la honestidad de un gobierno al que jamás, le encontraron una sola causa de corrupción. A Funcionarios que se van de la gestión con el mismo patrimonio con el que entraron.

Fue la balacera con claras intenciones homicidas en el domicilio del entonces gobernador Antonio Bonfatti, la bala rozando la cabeza de su esposa Silvia, la vida que les cambió para siempre, con escoltas y operativos para poder salir a caminar por su propio barrio.

Fue el juicio a los Monos, la única y más importante banda de narcotraficantes de la Argentina que tuvo que ser “desguazada” por operativos provinciales y bajo otras figuras que no fuera el narcotráfico, porque la Justicia Federal nunca avanzaba,ni  avanzó. Y en Santa Fe si se avanzó, con penas de hasta 40 años. Y sin que durante las largas audiencias apareciera siquiera una mención al “Comisario Narco” de boca de los delincuentes que aún hoy, mandan a balear la casa de los jueces que ordenan trasladarlos de prisión.

Fue la policía de Santa Fe cumpliendo las funciones que debían cumplir las fuerzas federales que nunca llegaban, la que los detuvo y fue la Justicia provincial la que los juzgó.

Fueron las posteriores operaciones periodísticas desde Buenos Aires, intentando usar al “Narcosocialismo” con vergonzantes maniobras al servicio de Mauricio Macri, como la llegada del programa de Jorge Lanata- PPT- en pleno “Rosario Sangra”,con Miguel Lifschitz en el gobierno,  que incluyó un inexplicable traslado de Tognoli a la cárcel de Ezeiza para ser “entrevistado con tranquilidad” por los cronistas del canal 13.

Y fue una cronista del  mismo programa paseándose por la casa del actual presidente de la Cámara de Diputados y ex gobernador, Antonio Bonfatti, afirmando sin reparo alguno:”acá pasa sus días Bonfatti, encerrado y en silencio” mintiéndole al resto del país, porque Bonfatti era y es Diputado Provincial y tiene una agenda pública constante, en Rosario, en Santa Fe y ahora, en cada punto de la provincia de Santa Fe.

Todo eso fue, más el calvario personal de un hombre que soportó cinco años de injusta prisión, mientras su familia se desmoronaba. Sin presenciar el nacimiento de su nieto, sin poder salir para atender a su mujer que – cómo el- enfermó de tristeza y sigue sumida en una profunda depresión.

Un hombre al que no le encontraron NADA, salvo una cámara oculta a una mujer que funcionó siempre como vinculo directo con los narcos que el propio Tognoli detenía.

Y si, también, fue el inmenso dolor y la bronca, de este escriba que desde el primer momento entendió de que se trataba todo esto: de sacar del gobierno de la provincia al único gobierno distinto, que soportó y soporta los aprietes del poder político central, porque no se arrodilla y sostiene políticas contraculturales, en este país minado de corrupciones, desprecio por las instituciones y una pornográfica administración de los recursos públicos en beneficio de sus administradores de turno.

Y las descalificaciones, y las acusaciones , y las sospechas y la mugre injusta de leer y escuchar cosas tales como “vocero del narcotráfico” en la voz del Ministro de Defensa que hizo inventar una desaparición de bebés falsa, para desprestigiar a Binner; o las operaciones de sus ratas mediáticas financiadas por él  que buscaron de todas las maneras posibles, probar lo que nunca podrán probar porque no existe: mi indecencia.

Porque me mandaron a la AFIP, porque me investigaron cada centímetro de mi vida profesional, mis cuentas, mis contratos y mis ingresos publicitarios. Y nunca encontraron nada, absolutamente nada. Porque no hay nada. Porque ser un hombre honesto es raro, pero es posible.

Por todas esas cosas, hoy es un gran día. Por el sufrimiento de Hugo Tognoli, por su familia, por el intento de golpear a los gobiernos democráticos que ejercen de manera decente la gestión pública en Santa Fe, y por mi, si, por mi. Porque cometo errores, me equivoco y probablemente carezca de talento. Pero siempre defendí a Tognoli desde la convicción y desde la más absoluta honestidad.

Y aunque a veces el tiempo desgasta las energías y nos aplasta.

Esta vez, creo, la justicia llegó a tiempo. Y creo que todos, sin excepción, merecemos reparación por los agravios. Yo no tengo dudas. Pero eso es otra historia, que pronto va a empezar a escribirse.

MI NOTA DEL 27 DE OCTUBRE DE 2012

A pocos días de la detención de Hugo Tognoli, publiqué esta nota en Notife.com, un portal que entonces dirigía. Cada palabra de esta nota puede llevar mi firma hoy. Y eso no es muy común, y me siento orgulloso de leerlo.

ÚLTIMO ACTO DE UN GRAN MONTAJE

El aparatoso “plantón” de los diputados y senadores nacionales al gobernador Bonfatti en la reunión convocada para el viernes dejó en evidencia al Kirchnerismo santafesino. La operación Tognoli y la débil respuesta del gobierno provincial, que abusa de la ingenuidad. Una secuencia que merece ser recordada pieza por pieza, para comprenderla. Por Coni Cherep

Cruzado de brazos. Mirando desde arriba a los periodistas que lo rodeaban. Serio y poco convincente, Agustín Rossi declamaba: “nosotros esperábamos una autocrítica de Bonfatti, de las políticas de Binner”. Y agregaba: “no se entiende porque no dejan entrar a la prensa a la reunión”, cómplice de un puñado de periodistas que reclamaban el acceso a un cónclave que jamás, en ningún trayecto de la historia, fue espacio para la prensa más allá de las fotos de protocolo y las declaraciones al entrar y salir de una reunión.

Parecía una trampa ensayada y mal actuada. El jueves los diputados nacionales del FPV habían anticipado algo en un documento. No estaban dispuestos a conversar nada. Querían al gobernador rendido. A Binner culpable del caso Tognoli, al Frente Progresista confesando el fracaso en seguridad, en síntesis: querían llevarse de la sede rosarina de Casa de Gobierno lo que jamás reclaman de la Presidenta de la Nación.

No fue la primera ni será- queda claro- la última expresión de una gran operación kirchnerista en territorio santafesino, que persiguió, (más allá del dramático, inocultable y escandaloso problema del narcotráfico y su relación con la policía provincial) esmerilar y devastar a un gobierno, que en las encuestas- al menos hasta el jueves 18 de octubre – gozaba de una altísima estima en la ciudadanía provincial.

Fue, hasta hoy, el último acto de una obra maestra de la operación política, que merece ser repasada minuto a minuto, acto por acto, gesto por gesto. Actor por actor.

En ella, cabe agregar, se destacan ilustres actores invitados del gobierno provincial, que desnudaron una cara no menos peligrosa que la mala intención: el abuso del descuido y la exagerada candidez en un escenario donde no existen personajes inocentes.

El “plantón Rossi”, fue el fosforo que pretendió encender la fogata final, tras una semana en la que sus hombres, habían regado con nafta la provincia.

La nota que se escribió una semana antes 

Raúl Kollmann es el periodista policial de Página 12. Es ex policía, y según cuentan algunos allegados al diario y al periodista, es el preferido de la SIDE y la PSA para filtrar información. Es un niño mimado de Horacio Vertbisky, con quien suele colaborar en la elaboración de algunos informes dominicales. El viernes 19 de octubre, mientras Hugo Tognoli preparaba un informe que tenía como objetivo una conferencia de prensa para dar detalles de las detenciones en el robo al Banco Macro, en su condición de “policía estelar”, la tapa del diario oficialista Pagina /12 asestó: “La Delgada línea Blanca”, ilustrada con una foto del entonces jefe de la policía de Santa Fe.

En la nota se destacaban “tres elementos contundentes”, que provenían de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, fuente calificada si las hay por su impresionante aparato tecnológico e inteligencia: una orden de allanamiento y detención contra Tognoli por presunto vinculo con un reconocido narcotraficante. La negativa de un juez a realizar esos procedimientos y tres pruebas contundentes: una escucha policial que (supuestamente) comprometía a Tognoli, un mensaje de texto donde quedaba “evidenciada” su participación en la distribución de los botines narcos, y lo más espeluznante; la prueba con letras y números de la clave de acceso al registro automotor del comisario, que había sido utilizada para “avisarle a los narcos, de la identidad de los vehículos que los acompañaban en una de las operaciones”. Y algo más: la denuncia decía que la investigación databa de septiembre de 2011, dato relevante también, por la proximidad con la fecha de la publicación, y porque entonces Tognoli, ya era jefe de la Policía de la Provincia.

A las seis de la mañana del mismo viernes, cuando casi ningún santafesino se había anoticiado del asunto, sin ningún disimulo “apareció” un móvil de la TV Pública en la puerta del domicilio rosarino de Raúl Lamberto. A la misma hora, a quien firma, le ofrecieron las “escuchas reveladoras” que ya estaban disponibles para la televisión porteña. A las siete de la mañana, el diputado Agustín Rossi ya vertía declaraciones en radios rosarinas y porteñas, exigiendo el esclarecimiento del grave problema institucional y daba detalles del caso, de acuerdo a lo que “lo habían informado en Buenos Aires (sic)”. Confesando que el gobierno nacional ya había sido informado del caso, sin detenerse en la gravedad que implicaba su admisión: el Kirchnerismo sabía lo que el gobierno provincial, no.

La noticia no tardó en estallar. No solo en los medios santafesinos, sino en todos y cada uno de los canales de noticias nacionales. El Canal oficial titulaba cada media hora “EL JEFE DE LA POLICIA DE SANTA FE DENUNCIADO POR NARCOTRAFICANTE”, TN, el canal de noticias de Clarín, arrancó a las 10 – minutos después de la renuncia de Tognoli a la jefatura- con el reiterado titular: “NARCOMISARIO”, con una bajada que daba por sentada la veracidad de todos y cada uno de los hechos denunciados por Kollmann. Y más: se difundían las escuchas, en las que dos narcos se regodeaban de golpear a un supuesto traidor- estremecedoras por cierto- pero que no nombraban, ni por apodo, al jefe depuesto. Y más: cómo lucecitas de un arbolito, coordinadas, aparecían declaraciones ruidosas. La más llamativa fue la del diputado Nacional Oscar Cachi Martínez- ex funcionario menemista del ENABIEF, y socio asesor del desaparecido ex senador nacional, Jorge Massat – reclamando la inmediata renuncia del Ministro de Seguridad de Santa Fe, y advirtiendo de la “gravedad institucional” de lo que había acontecido. Pero… ¿que había acontecido?

Hasta el viernes a la noche -es decir, catorce horas después de la explosiva denuncia– nada. Solo la decisión del Ministro Lamberto de pedirle la renuncia a Tognoli y solicitarle que se ponga a disposición de la justicia. Tognoli dijo en varias entrevistas que era inocente, y que su abogado, Eduardo Jautchen, había presentado un habeas corpus para determinar qué y donde se le imputaba al comisario general. Es decir: ni había denuncia fiscal, ni había notificación judicial, ni había órdenes de allanamientos, ni detenciones. La nota de Raúl Kollmann había caído en su primera falla: redactó y publicó los hechos antes de que ocurrieran.

Recién en la tarde noche del viernes, el Juez federal Carlos Vera Barros –ex socio y amigo personal del actual titular del SEDRONAR y ex candidato a gobernador de la provincia Rafael Bielsa- ordenó su detención. Tognoli, agravando la confusión, prefirió esconderse un par de días – sus familiares aseguran que bajo un fuerte estado de conmoción- y finalmente se entregó el domingo por la noche en la sede de las TOE. Todo parecía que se confirmaba. La detención de Tognoli, su declaración y la posterior confirmación de su detención, hacían presumir que – más allá de algunos errores temporales- la denuncia de Kollmann, era realidad.

Desde el gobierno provincial reaccionaron tarde y casi sin reflejos. El gobernador prefirió llamarse al silencio, y los ministros que abrieron la boca, carentes de información suficiente, reiteraron lugares comunes e insuficientes: “no sabíamos nada de la investigación”, “No recibimos un solo aviso” “Le pedimos a Tognoli que se ponga a disposición de la justicia”, y el Ministro de Gobierno, Rubén Galassi, esbozó una leve sospecha sobre el origen de la información. La condición de prófugo durante casi dos días de Tognoli, los había dejado al borde del K.O.

Poner la otra mejilla

Una vez detenido Tognoli, el gobernador Antonio Bonfatti salió al ruedo. Visiblemente mal herido, el mandatario evidenciaba los efectos de su peor fin de semana y las esquirlas de un escándalo en la que no faltaron reclamos en la “interna”. Durante algunas reuniones en su domicilio de Rosario, Bonfatti había reprochado a sus funcionarios la falta de atención sobre Tognoli y la lentititud para separarlo del cargo. Las discusiones se acaloraron cuando desde Asuntos Internos, se verificó que Tognoli estaba siendo investigado por dos denuncias anónimas. “Nos metieron un balazo en la frente”, dicen que dijo el gobernador. Los ánimos estaban caldeados afuera, pero puertas adentro, la levedad de algunas decisiones en seguridad, habían brotado de furia al gobernador. “Somos víctimas de una operación, pero también de nuestro alto nivel de pelotudez”, habría gruñido Bonfatti.

Con un tenor más suave decidió enfrentar a las cámaras y los micrófonos, y en un hecho casi inédito de autocritica en la política moderna argentina, dijo: “evidentemente el narcotráfico nos ha invadido. Tenemos serios problemas en la policía y es imprescindible que hagamos esfuerzos comunes con todas las fuerzas políticas y el gobierno nacional, para combatir el flagelo que ya se manifiesta claramente en Rosario. Tenemos fallas, son claras, pero además necesitamos de políticas comunes con el gobierno central. A Santa Fe le han sacado 1.000 gendarmes, y eso debilita cualquier política de combate al narcotráfico”. Y agregó un dato que sonó a ofensa para los críticos oídos Kirchneristas: “Es curioso lo que pasa en Santa Fe. De los últimos 1000 operativos antidrogas, 980 los realizó la fuerza provincial. Y apenas 20 las fuerzas federales, que son las encargadas naturales de este tipo de delitos. No hay que olvidarlo, remarcó, el narcotráfico es un delito federal”.

Todavía fortalecidos por la presunción de la “Trama Kollmann/PSA”, estelares figuras del gobierno nacional salieron a responderle con dureza. La primera fue la Ministra de Seguridad Nilda Garre: “Que Bonfatti se haga cargo del nombramiento de Tognoli”, aseveró, subrayando la hipótesis de la PSA como irrefutable. Más tarde, y en el marco de una reunión con intendentes y presidentes comunales de la provincia, fue el mismísimo Julio De Vido, el que espetó: “Que Bonfatti se haga cargo de su comisario narco, que deje de echarle la culpa de todos sus males al gobierno nacional”. No faltaron nuevas declaraciones del vocero Rossi, en medio de la discusión sobre la ley de las ART: “Que acepten sus responsabilidades, que se callen la boca y expliquen porque Binner lo nombró a Tognoli, que dejen de escudarse en culpas que no tiene nuestro gobierno”. Ninguno explicó por qué los gendarmes se fueron de Santa Fe, ni las diferencias estadísticas de operativos entre un gobierno y otro. O por que no habían informado a Bonfatti de las sospechas sobre Tognoli, antes de hacerlas públicas en un diario, aun cuando Rossi en un lapsus que pasó desapercibido, había admitido que “desde Buenos Aires le habían dado detalles de las denuncias”.

Bonfatti convocó a los senadores y diputados nacionales para el viernes. Lamberto se presentó ante los diputados y senadores de la provincia. Explicaron todos y cada uno de los problemas que tenían con las fuerzas policiales. Transparentaron las investigaciones que llevan adelante Asuntos Internos sobre decenas de comisarios, admitieron que en la lista estaba el actual jefe de la fuerza, Sola. Y reclamaron, una vez más colaboración para salir de la crisis.

Con pocas excepciones, como Rubeo y Busatto, el resto del peronismo optó- más juntos que nunca desde el affaire Bielsa en la Cámara de Diputados- por ponerse en la fila de acusadores, ignorando y olvidando la negra historia de la policía santafesina durante los 24 años de gestión justicialista. Y sobre todo, el nulo registro de antecedentes antidrogas, en la era PJ.

¿Y las pruebas?

Mientras el gobierno se defendía en el pantanoso terreno de su débil gestión en Seguridad, el juez Vera Barros avanzaba con la investigación contra Tognoli y debía resolver su situación procesal. Las pruebas se presumían suficientes y sólidas. Hasta que se pusieron sobre la mesa de su despacho y se fueron licuando hasta caer como agua en el piso.

Las tres “tremendas y palmarias” pruebas aportadas por la PSA que esgrimieron como bandera De Vido, Rossi y Garré, habían desaparecido. Y al juez le costó rechazar el pedido de excarcelación que realizó el abogado Jautchen. Apenas le quedó la imputación de “presunta colaboración con el narcotráfico” Y la lacónica y abstracta excusa del “riesgo procesal”, que suponía la libertad del acusado, por su antecedente como “prófugo”.

Pero de las pruebas… Nada. Ni las rimbombantes escuchas involucraban a Tognoli, ni el mensaje de texto en el que lo mencionaban provenía de un teléfono que hubiera tenido contacto con el teléfono del ex jefe policial; ni la clave que se aseguraba, pertenecía al comisario, era la del comisario. Y algo más: la investigación no era de septiembre de 2012, sino de marzo de 2009.

Todas estas pruebas cayeron. No existe un solo elemento que lo comprometa a Tognoli, de acuerdo a lo denunciado por la PSA. Sin embargo el juez amigo de Rafael Bielsa, prefiere mantenerlo detenido en la breve celda de la Base Rosarina.

Pero aparecieron otras “pruebas”: Norma Castaño, reconocida luchadora contra el narcotráfico en Santa Fe, esposa de un policía y madre de un adicto, denunció que ella personalmente había denunciado a Tognoli frente a Lamberto y frente al Defensor General, Gabriel Ganon.

Castaño acusa a Tognoli de “arreglar“ con los narcos que ella les iba marcando. Dice que fue amenazada por varios de ellos, y que ellos le confesaron que Tognoli los había “apretado por su culpa”. Ganón confirmó la especie. Y Lamberto reconoció, aun antes de soportar los gritos de la mujer en plena conferencia de prensa, que las denuncias estaban siendo cursadas en el departamento de Asuntos Internos de la Provincia.

Horas después de admitir que las denuncias no habían caído al vacío, Castaño dijo frente a las cámaras de todos los canales porteños, sentirse “amenazada por el poder político santafesino, que no la protege (sic) y agregó, sembrando sospechas sobre el mismísimo gobernador que “Esto no termina en Tognoli, hay gente arriba que está protegiéndolo por algo”

Castaño omitió contar algunos detalles que a la luz resultan escalofriantes: en un video que se puede ver en YouTube, la denunciante aparece conversando amablemente con el “Tuerto” Mendoza, reconocido narcotraficante encausado y detenido por la policía provincial. El “tuerto”, es primo segundo de Castaño y lo detuvieron con 13 kilos de cocaína en Colastine, a comienzos de este año.

El fósforo en la nafta

Mientras el tema fue bajando decibeles en los medios nacionales, incluso alguno de ellos ya llegaron al territorio provincial para investigar la otra trama del Tognoli-Gate, mientras la causa desvanece y el juez Vera Barros no puede dilatar la detención de Tognoli, mientras las otras denuncias que aparecen van cayendo por la ilegitimidad de sus denunciantes, mientras el gobierno rearma la estructura de seguridad, genera una estructura para delitos complejos al mando de una mujer, separa al jefe de Drogas de Rosario, y profundiza la purga de oficiales sospechados, todos esperaban expectantes los resultados de la reunión del gobernador con los legisladores nacionales.

Bonfatti tenía un planteo sencillo: reconocer las dificultades, contar lo realizado, admitir sus debilidades con la policía y pedirle a los legisladores ayuda para reclamar ante el gobierno ayuda para combatir al narcotráfico.

La reunión no se hizo. Rossi plantó bandera en el hall de la sede rosarina del gobierno de Santa Fe. Adujo insólitamente que “quería que la prensa ingresara a la reunión”, hecho sin antecedentes en la historia política santafesina, y mucho menos en el régimen comunicacional del gobierno nacional.

Rossi se había encerrado en su propia trampa: no le quedaban argumentos para negar la colaboración. Bonfatti había pasado su peor semana de gobierno, y pretendía comprometerlo en las políticas de estado para combatir el flagelo.

Rossi declamó con los brazos cruzados su condición de “fiscal”, evitó reiterar sus acusaciones contra Tognoli, y prefirió el camino de la elusión. Se retiró de la reunión sin siquiera escucharlo a Bonfatti. Detrás de él, con la cabeza gacha se retiraban sus acólitos. Entre ellos, varios reutemanistas convertidos, que supieron defender y evitar la conformación de la comisión bicameral para que se investigara la masacre de diciembre de 2001 en Rosario, que terminó, entre otros, con la vida de Pocho Lepratti.

Rossi consumó sin éxito, una operación que tenía como destinatario principal la salud del gobierno provincial, y secundariamente, la imagen de Hermes Binner, que según todas las encuestas- las propias y las ajenas- demuele en intención de votos a Del Sel, pero sobre todo al eterno perdedor electoral: Agustín Rossi, para las legislativas de 2012 . Elecciones que obsesionan a la mandataria nacional, en su pretensión re-releccionista.

El fosforo cayó encendido. Hubo algo de fuego, pero parece que se va apagando. El gobierno provincial deberá tener cuidado. Hay nerones malintencionados, y los custodios de la seguridad provincial no parecen muy avispados. “Esto recién empieza”, dice un funcionario provincial, convencido que lo que ocurrió en Santa Fe desde el viernes 18 al viernes 25, se repetirá en otros ámbitos. Ojalá que no.

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