Roma no paga traidores, Corral.

Una lamentable presentación pública del intendente de Santa Fe en la inauguración de un Centro de Salud construido íntegramente por el Gobierno de la provincia de Santa Fe, evidenció un cambio de clima y desnudó una realidad: A José Corral se le acabaron los vientos de cola nacionales, y sin que medien hechos o explicaciones para el giro, olvidó la agresividad y el desprecio que venía mostrando por el gobernador, por la gestión del gobernador y por el Frente Progresista, y emprendió el camino de la melancolía de los buenos tiempos, formulando un discurso repleto de elogios y reconocimientos para quienes hasta ayer, eran sus principales objetos de detracción en cada manifestación pública que realizaba.

El  cambio de discurso resultó tan bochornoso que en el propio acto, los funcionarios provinciales se codeaban burlones. Uno de los presentes le dijo al oído al otro, en un tono que alcanzó a escucharse con claridad: “¿ está hablando en serio o está haciendo una cámara oculta?”.  No. Lo decía en serio y sin un mínimo de verguenza. El mismo hombre que hasta hace diez días desafiaba a la EPE, dejando de pagarle el alumbrado público, el mismo hombre que acusaba a la gestión provincial de “socia del Kirchnerismo”, el mismo que aventuraba “el final de una etapa”, ahora le guiñaba cariñosamente recuerdos a la “Chiqui” Gonzalez, le reconocía las obras al Gobernador , recordaba con emoción a Hermes Binner y si, explicaba con cierta desverguenza, que si, que sino todas, casi todas las obras que se hicieron en la última década en la ciudad capital fueron financiadas y ejecutadas por el gobierno del Frente progresista. Y con recursos del Estado provincial. Y cumpliendo los acuerdos electorales que él mismo se encargó de romper yéndose de la coalición  a lugares donde el sol calentaba más. A lugares donde le prometían prosperidades personales. Incluso abandonando a sus propios correligionarios. Incluso pasando por encima de la voluntad de miles y miles de afiliados de un partido que supo presidir a nivel nacional , sin ningún brillo, durante dos años.

El mismo actor, José Corral, que desplazó sin cuidar los modos,  a referentes de su propio sector, como Mario Barletta ó Hugo Marcucci de continuidades legítimas ,  sólo para acomodar a sus pusilámines empleados- como el ex rector Cantard- en sus lugares. Ese mismo,  ahora quiere volver sobre sus pasos y pretende que los traicionados olviden todo.

Y es probable que la  política  nos haya acostumbrado a que las conveniencias y las oportunidades, a veces obran como factores amnésicos. Pero siempre hay límites, sobre todo si quienes fueron víctimas de sus traiciones se mantuvieron incólumes en sus lugares, en sus pertenencias y en sus convicciones. Si quienes sufrieron sus desprecios, lo hicieron sin modificar nunca, sus convicciones sobre la realidad, sobre el país y sobre las políticas que se deben llevar adelante.

Roma no paga traidores. A eso lo saben no sólo en el Socialismo sino con mucho más claridad en  la UCR y aún más, en el  seno del grupo Universidad. Y claro, también lo saben sus cada vez menos generosos socios del PRO. Y mucho más en Buenos Aires, en la Casa Rosada y en los despachos donde solías recibir algunas atenciones.

Se acabó la fiesta de los recursos nacionales. Se acabaron las promesas de las obras faraónicas y la farsa de “la gran inversión que traerá la nación a la Ciudad de Santa Fe” y si, también se acabó la aventura personal de quien no reparó en ninguna lealtad ni juramento previo con tal de acomodar sus nalgas en lugares de privilegio.

Ahora viene el invierno y la desgracia de cosechar la magra siembra. Que es nada o casi nada. En especial, cuando se debe levantar la cabeza y mirar alrededor para saber que lealtades se pueden tener, cuando se hizo el camino exclusivamente desde la deslealtad.

Pocos dirigentes políticos han generado en tan poco tiempo tanto rechazo entre sus pares . Y no es la consecuencia de su inhabilidad, sino de su inmoralidad. Y de  su incomparable capacidad para alistarse, siempre, sólo donde le conviene.

Y sobran ejemplos.

Corral llegó a la intendencia gracias a la gestión de Mario Barletta, y de la mano de los votos del Frente Progresista. Todos, absolutamente todos los cargos electorales que asumió, fueron con las boletas del FPCyS. Hasta que un día, creyó que no. Y saltó de barco, con la misma impudicia con la que un jugador de fútbol cambia de club. Y por las mismas razones.

Y entonces, se hizo de Cambiemos. Y aprovechó el clamor social por la “Marca” y se convirtió en el peor opositor de quienes lo habían llevado hasta ese lugar: Y sobran ejemplos.

Mientras Santa Fe reclamaba ( aún reclama)  a Nación los fondos que la Corte Suprema de Justicia ordenó  pagar hace tres años, el intendente decía lacónico y sin que se le moviera un músculo :   “Hoy, la Nación está pagando. No hay motivos para que Santa Fe reclame”, decía, incluso contrariando los propios intereses de la ciudad que gobierna, que sigue sin recibir los fondos que le detrajeron ilegalmente.

Cuando la rehabilitación del Aeropuerto de Sauce Viejo se demoraba por una mera decisión administrativa del Ente Nacional, él confundía y aprovechaba : “Estoy muy cansado por la falta de resultados de la gestión del gobernador”

Cuando la provincia , en plena emergencia de violencia, reclamaba la llegada de los Gendarmes para Rosario y Santa Fe y el gobernador se reunía con la Ministra Bulrrich para gestionarlos, el intendente se mofaba de las gestiones y anunciaba: “La semana pasada estuve reunido con Patricia Bulrich y el martes con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Ya decidimos cuantos Gendarmes vendrán”, pasando por encima al Gobernador y a todos los funcionarios de Seguridad de la Provincia. Apropiándose de atribuciones que no le correspondían y que con evidencia, más allá de sus afiebradas ilusiones, probablemente nunca le correspondan.

Cuando la Provincia anunció el cambio del Plan de obras en el gasoducto de la Costa, extendiéndolo a otras localidades más allá de la ciudad de Santa Fe y Rincón, el intendente aprovechó la demora que generaba el cambio y cargó con malicioso apuro : ” no hay voluntad de hacerlo. Estamos cansados de las demoras”, incluso ignorando que las mismas e debían, una vez más, a decisiones que debían tomarse en Buenos Aires, y no en los despachos de la Casa Gris.

Su decisión de romper con el Frente Progresista en las elecciones del año pasado, decisión oportunista y sumamente destructiva, coronó su condición. Con la excepción de sus funcionarios y trolles, ya casi nadie se anima a poner la cara por él ni a defenderlo públicamente. Su gestión al frente de la ciudad denota un abandono sólo comparable con la últimas etapas del peronismo, y todas, absolutamente todas las medias que toma, tienen como objetivo recaudar para poder afrontar los costos de sus decisiones.

Nada de lo que le ocurre es consecuencia de las decisiones ajenas. Si hubiera asumido que los tiempos de la política son colectivos, si hubiera sido agradecido con quienes lo condujeron hasta los lugares que ocupa y ocupó, si hubiera cumplido con los compromisos,si hubiera sido noble con quienes confiaron en él, probablemente – por sus propias condiciones- José Corral sería un hombre con destino brillante en el escenario de la provincia y del país.

Pero eligió los atajos, la conveniencia personal y especialmente, la amoralidad, en cada una de sus acciones políticas personales.

Por eso, en el acto todos se codeaban y se burlaron de él. Por eso, nadie puede creerle una sola palabra cuando habla. Y precisamente por eso, su futuro político – a juzgar por las encuestas de imagen e intención de votos- dependerá exclusivamente  de la suerte de la gestión de Mauricio Macri. Suerte que, a base de ajustes y ausencia de políticas, empezó a asomar sombría. Tan sombrío, como el destino del intendente que ahora, apela a la melancolía de “todo lo que hicimos juntos”, mirando a Miguel Lifschitz en la inauguración de la enésima obra pública que inaugura el gobernador en la ciudad.

Pero es tarde. Ahora solo quedan lugares para codazos y gestos de incredulidad. Y olvidó recordar que no, que Roma no paga traidores.

 

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