Así de simple

Un amigo me cuenta que sacó una foto de una pintada que decía:”TE AMO”, la posteó en Twitter y agregó una frase. “Así de simple”. Y aunque llovieron los Me Gusta, no faltó la reacción de un seguidor derramando sangre que le acotó: “Así de simple el pelotudo que va a tener que pintar de nuevo la pared. No cambiamos más. estamos condenados al fracaso”. Fin de la historia.

No hace mucho tiempo le mandé un Whatshapp a un amigo. Lo que le mandaba era bastante sencillo: una imagen que contenía el fixture del mundial. 32 banderitas que iban acompañadas por una fecha y un horario. Nada más. Mi amigo me contestó:”no lo entiendo” y yo le aclaré, no sin asombro:”es el fixture del mundial”. El, muy politizado por cierto, me respondió:”ah, que boludo, estaba buscando el mensaje entrelineas”. Me reí y le dije: “La vida es más simple”

“El problema es que me saca con lo que pone en Facebook” me dice otro amigo, a propósito de las expresiones de un tercer amigo mío. No lo leas. No lo sigas. No hace falta consumir lo que no necesitamos consumir, ni afectarse por aquello en lo que no estamos involucrados.

Por distintas razones, que no necesariamente convergen en una sola, los humanos andamos buscando razones para enojarnos. Es posible que la realidad nos ofrezca suficientes motivos para que esculpamos mejor ese lado que el amable que llevamos dentro. Pero también es cierto que sumamos enojos innecesarios, que a veces, sino casi siempre, responden a asuntos ajenos.

En general, el  humano hiperpolitizado/ideologizado/partidizado/informado,  pierde el sentido común y en nombre de los valores trascendentales que lleva adelante – esos que nunca podrá probar más allá de las pequeñas cosas- subordina todo lo que ocurre alrededor a la “corrección política” del dogma que vigoriza y entonces suponen, que todos y todas, tenemos que estar adecuando nuestros humores y expresiones, a sus convicciones.

En eso no hay mucha diferencia entre religiones, pasiones, ideologías ó creencias. Todos, hablo siempre de aquellos que están cruzados por “sus causas”, se comportan más o menos de la misma manera, y van enhebrando una tela de insoportable rigidez en la relación con el distinto. Tan así, como que generalmente terminan rodeados sólo por aquellos que responden ciegamente a esos “elevados valores” que persiguen.

Y entonces, claro. Un “te amo” estampado en una pared , termina siendo invible a sus ojos. Ellos están mirando la pared. y lo pequeño, lo que nos distingue a uno de otros, desparece.

A veces tenemos que explicar por qué nos reímos, por qué amamos, por qué decidimos, por qué usamos esa remera, por qué nos dejamos la barba, estamos gordos, flacos, con el pelo largo, o corto, o vemos determinadas series, o escuchamos determinada música. No hay forma alguna, por esfuerzo que pongamos en conseguirlo, de que los demás vean al mundo exactamente de la misma manera en que la vemos desde nuestros ojos. Es imposible. Y en esa imposibilidad, y en la maravilla de esas diferencias, está la gracia de este viaje.

Tremendo embole sería el mundo si todo se reduciese a lo que está escrito en las sagradas escrituras, a lo que dicen determinados filósofos, o a lo predecible de los analistas. Nada, absolutamente nada es seguro. Con excepción de  lo que sentimos y nos emociona,que invariablemente constituye nuestro modo de ver al mundo, de entender a los que nos rodean, y efectivamente nos impulsa a vivir, mejor o peor.

Todo aquello que pactamos como regla común está escrito, y mientras cumplamos con ese pacto- que todos vamos aprendiendo rápidamente algunos meses después de nacer- todo lo demás, es relativo. Y en esa relatividad, nuestras identidades.

Los verdaderos libertarios, deben aceptar ( y respetar)  antes que nada, la plenitud de la libertad ajena a la hora de pensar, decir, reír, llorar y escribir “te amo”, por ejemplo. Aunque lo que diga el otro nos espante. Aunque se vuelva insoportable. Dejar hacer, siempre que no esté prohibido. Así de simple.

Y nada como la realidad, para explicarlo:

Argentina debate el aborto, y en el medio, soportamos soporíferas explicaciones sobre el comienzo de la vida humana.

Dislates, que entre otras cosas, desnudan la peligrosa existencia de personas que creen que el sexo libre es un peligro y la reivindicación de la igualdad de los derechos de las mujeres como riesgo para la humanidad. Es llamativo; de lo que hablan es de quitar libertades, en un tercer milenio que nació al menos en occidente, nos guste o no, con esa materia saldada. Se trata sólo de dejar en libertad a los individuos para que decidan. Sobre su cuerpo y su mente. Nadie los obliga a entregar nada a cambio. Ellos son libres de hacer y dejar de hacer. Si no les gusta la sexualidad, que no la practiquen. Si les gusta y creen que no hay que limitar la concepción, pues bien, libres son ellos de no cuidarse ni de limitar el número de hijos que quieran tener.

¿No quieren abortar? Que no lo hagan. Nadie les pide semejante cosa. Lo único que se les pide es que dejen a quienes necesitan hacerlo, que lo hagan en las mejores condiciones posibles. Para evitar la muerte, por ejemplo. No es tan complicado. Es mucho más simple, Así de simple.

 

 

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