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¿Por qué «apareció» Lavagna?

Los analistas ya no lo subestiman. Algunos ya hablan de un eventual triple empate. Y otros, un poco más entusiasmados, se atreven a asegurar que si alguien ocupará un lugar en el Balotaje, ese será Roberto Lavagna. ¿ Por qué?

La «grieta» ya no es lo que era. Ese espacio de tensión de grandes minorías, entre Macristas y Kirchneristas fue transformándose de a poco en un lugar de hastío irrespirable, que cómo bien define Juan Seman en la Revista Anfibia, cada día se parece más a una ciénaga.

Roberto Lavagna aparece en un momento histórico en el que los dos modelos protagónicos de la contienda argentina, dejaron de enamorar a la mayoría de los argentinos. Por varias razones obvias, pero por otras ocultas detrás de la realidad cotidiana, que no aparece en los intereses de los dirigentes que convirtieron a la grieta, en un negocio electoral, que les aseguró facilidades.

Roberto Lavagna es un desconocido para la mayoría de argentinos que no alcanzan a tener 30 años. Pero significa mucho, en términos simbólicos para la mayoría de los que tenemos más de 40.

Peronista de origen, fue funcionario de Alfonsín , del gobierno de Duhalde, y ministro de economía de Néstor Kirchner. Con este último alcanzó cotas de prestigio porque consumó el más exitoso proceso de desendeudamiento que recuerde la Argentina del siglo XXI. Y también con él, se produjo su alejamiento de la actividad pública, cuando fue destituido , por haber denunciado lo que hoy es el eje de la discusión moral del país: el capitalismo de amigos. Ese vínculo constante de recaudación irregular de los gobiernos, a través de coimas y acuerdos con un grupo constante de empresarios de obra pública que se enriquecieron a costa del estado, pagando coimas y comisiones.

Lavagna no tiene cuentas pendientes ni sospechas de la justicia. Es un probado experto en crisis , y tiene una cualidad extraña para la Argentina del siglo XXI: entiende que las soluciones dependen de acuerdos políticos y sociales profundos, y no de reyertas discursivas, basadas en antinomias que no representan las verdaderas demandas de los argentinos «promedio».

Lejos de la escuela monetarista excluyente que expone el actual gobierno, lejos de las prácticas ortodoxas del Estado como única solución, y lejos también, de los discursos altisonantes basados en los «antis», Lavagna propone una construcción nueva, ajena a las dos que profundizaron la crisis social en el país y que se erija sobre un Plan de desarrollo, antes que en un festival de consignas.

Y entonces creció y crece. Para desesperación de ambas tribunas excesivas. No necesitó, hasta ahora, de las proposiciones de los gurúes de la comunicación, y curiosamente, convirtió un dato de su módica intimidad- usar chancletas con medias- en un símbolo de la austeridad y la confianza que la mayoria de los argentinos venimos demandando.

La mayor fortaleza se encuentra en el bajo nivel de rechazo que genera en todos los sectores. No hay motivos para recibir rechazos. No forma parte del imaginario prepotente del peronismo tradicional que tanto molesta a los antiperonistas, ni expresa posiciones económicas que incomoden al votante progresista del Kirchnerismo, no cautivo.

Suma desde ambas minorías, y representa, a muchos peronistas, a muchos radicales, a los socialistas y a todos los sectores políticos minoritarios de centroizquierda. Es desarrollista por naturaleza de pensamiento, y por su probada praxis. Tiene una notable conciencia social a la hora de analizar la realidad del país, y una construcción discursiva que no ofende, ni agrede, ni angustia.

Suma desde el desprejuicio. Se sienta a charlar con Lifschitz, con Schiaretti, con los gordos del sindicalismo, con los filósofos Sarlo ó Ambrahan o con actores ajenos a la política que ponen nerviosos a los políticos, como Marcelo Tinelli.

Desplazó del escenario, en apenas tres meses de conversaciones con distintos sectores, a los otroras «terceros en discordia» débiles del Peronismo Federal, y aunque algunos insistan en someterlo a internas, su trabajo va reduciendo, cada día que pasa, esas posibilidades. Massa y Urtubey ya lo saben, sólo se trata de leer encuestas y oler la calle. Lavagna ya es el candidato «del medio», y será muy dificil desplazarlo de ese lugar.

Los periodistas ya no se burlan de él, los encuestadores hablan del «efecto Lavagna», otros se asombran porque «se puso de moda»a los 77 años, y muchos otros que ni siquiera se molestaban en mirarlo, hoy no dejan de hacerlo. Sus esporádicas apariciones televisivas concitan atención, y las estadísticas de los diarios digitales exponen un dato revelador: las noticias en las que aparece, puntean entre las más leídas en política.

Recibió las suficientes descalificaciones de Carrió y del propio Macri, como para generar mayores atenciones del Anti-Macrismo no Kirchnerista. Recibe el reproche constante del Kirchnerismo, como para ganarse cada día mayores simpatías del AntiKirhnerismo no Macrista.

La sórdida idea de tener desde diciembre de 2019 a un presidente rechazado por el 70 % de los votantes, también lo fortalece. Nadie en su sano juicio puede creer que Macri o Cristina, serán capaces de reconstruir el tejido social. Ambos representan, con sus diferencias claras, espacios que se fortalecen en el rechazo y no en la construcción. Ambos, con sus modos, anidan constantemente la necesidad de tener un enemigo como ejemplo de lo que será peor, antes de explicar o mejor dicho aplicar, políticas públicas que le ofrezca un horizonte mas o menos claro a los ciudadanos. Lavagna representa todo lo contrario. Y eso explica su «fenómeno».

Faltan muchos meses para que Argentina vaya a las urnas a elegir presidente. En casi todas las provincias, los gobernadores eligieron alejarse de las figuras presidenciales para no ahuyentar votos.

El horizonte indica claramente que las políticas económicas del macrismo lo conducen a un final de gobierno penoso, con niveles de deterioro social cada día más notables, y sin capacidad para comprenderlo desde la toma de decisiones. El horizonte de CFK también es nebuloso: son muchos los propios que van comprendiendo que con ella- indudable dueña de los votos duros- será más dificil que sin ella. Los pisos de rechazo no bajan, y curiosamente es la única que aparece empatando o perdiendo con Macri, en los escenarios de una segunda vuelta. Y algo más: los gobernadores del PJ ya conocerán su suerte al momento de ir a las presidenciales, y cuando el PJ huele sangre… todos sabemos la respuesta.

Mientras todo eso ocurre y ocurrirá, Lavagna avanza por el siempre burlado «camino del medio», y esta vez, claramente, se va ensanchando. Nada mejor que la experiencia reciente de una sociedad para comprender las razones de su decisión. Lavagna avanza, y hay muchos «porque».

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