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De cuando yo te envidiaba, Sabalero

A vos, que sos mi hermano, mi primo, mi tío o mi amigo. A vos te lo puedo decir: Hubo un tiempo en que todo parecía que te pertenecía. Y no sin razón. Hay momentos de esta larga historia que compartimos, en qué sentimos vergüenza. O algo peor: sentì que nos íbamos deshaciendo, y que las pocas historias heroicas ya no alcanzaban para empardarte en sentimientos.

Yo te envidiaba. A pesar de haberte ganado aquella tarde de frío del 89, había algo en el aire que te hacía superior. Que me imposibilitaba mirarte de igual a igual. Aquella tarde contra Banfield nos envenenò. Nos quitò el orgullo de ser, para pasar a ser una sombra.

Esa multitud en Córdoba volviendo en silencio. El orgullo que tenías a pesar de las derrotas. La sensaciòn de que el sentimiento està mucho màs allá de un resultado. La convicción de ser, a pesar de no serlo nunca.

De cuando yo te envidiaba, me queda el recuerdo del Loco González, de Cristian Castillo. De los goles del Bichi que nos humillaba en cuanto podía. De los diez años sin poder ganarles un partido. De esas demostraciones populares que nos hundían en la indignidad, de que no íbamos a poder salir nunca. Encima nos compraban a Toresani, y a Cabrol. Y nos gritaban los goles. Y sentìamos que éramos menos. O peor, sentíamos que no íbamos a ser nunca. Que no alcanzaban las glorias del pasado, ni los ídolos como el Loco Marzo, errando a propósito un gol con la camiseta de Lanús.

Ascendimos y descendimos, no se cuantas veces, como dicen ustedes: éramos un ascensor. Y nos llenamos de temores, de inseguridades, de complejos y elegimos, escondernos en el agujero de salir una vez cada tanto, a celebrar un clàsico aislado. Un grito chiquito, en la inmensidad de los ruidos que te pertenencian casi con exclusividad.

De aquellos tiempos, me quedan los recuerdos más amargos, porque además, y no hace falta contarlos, sabemos que son más. Que transformaron aquel potrero con tablones que temblaban en un estadio gigante, que no para de crecer. Y que la nuestra sigue parecida, con poquitos cambios y esa platea superior sin terminar, de la que se han cansado ya de reirse, como cuando se reían de aquella pajarera solitaria que construyó Malvicino, antes de que naciera la escuela.

Pero bueno. Algo pasó en los últimos cuatro o cinco años. Llamale Madelón si querés, porque no hay muchos más misterios. Pero un viento sopló que nos reavivó el alma. Y mirá que estuvimos a punto de desaprovecharlo, cuando Spahn se puso a elegir técnicos, y trajo a un tal Marini que no sabía ni cómo se llamaba el estadio. Y Casi lo arruinamos. Pero Leo volvió, como vuelven las almas a los cuerpos antes de morir, y empezò todo esto.

Tenemos un equipo. Que vale 35 mangos si lo comparàs con todos los demás. Incluso con el tuyo. Pero tienen una pertenencia, una humildad, un compromiso ,que contagian. Vos los ves celebrando una victoria y se te pone la piel de gallina. Y lo ves a Leo, salir del hotel y levantar la mano derecha, como aquella vez, y te contagia. Y podès perder, de la manera más dolorosa como anoche, pero la alegría y el orgullo no se van del cuerpo.

Te sentís feliz de pertenecer, de acompañarlos. Cancelàs todo lo que tengas previsto hacer y te quedas a ver, incluso a los suplentes, con San Martin de Tucumán, un sábado a la noche. Y gritás los goles con emoción, y pateas los que erran y sentís la frustración de haberlo errado vos.

No sé que lugar ocupará este momento de Unión en la historia que compartimos. Pero hay algo seguro: ya no te envidio nada. Vos los mirabas a los 1000 o 2000 tipos que estaban saltando anoche en el Atahualpa, con una sonrisa que no se les fue ni cuando Botti errò el segundo penal. Te sentís pipón, aunque nos lleguen miles de burlas a nuestros teléfonos, y no nos duelen. Porque nos pasa lo que te pasaba a vos, hace un tiempo, cuando yo te envidiaba.

Somos, a pesar de los resultados. Tenemos hambre de trepar, de ver a nuestra bandera flamear lo más alto que se pueda. Soñamos con clasificar a copas, con ganarlas, con ser campeones. Tenemos 9 jugadores que repetimos de memoria desde hace tres años, y otros cuatro que se pelean por reemplazar a los otros dos que nos dieron muchisimas alegrias, y que se fueron. Y nos sentimos capaces, como ustedes antes, de ir a la Bombonera a ganarle a Boca, o meterle dos al River campeòn de Amèrica. O ponerlos en aprietos a Racing. O casi ganarle al mejor equipo del torneo como Defensa en su propia cancha, y hacerles perder el campeonato.

Eso somos, eso sentimos. A diferencia de cuando yo te envidiaba.

Nos reimos de la tribuna sin terminar. Ahora aparecen dirigentes que quieren gobernar, cuando durante quince años todos miraban para otro lado. Bienvenido sea. Estamos vivos.

Y està Leo, claro. El tipo que se reencontrò con su lugar en el mundo. El tipo que sueña con que seamos cada día más grandes, sin mirarlos a ustedes, pensando sólo en nosotros. Como hicieron ustedes, como fueron ustedes, cuando yo los envidiaba. Cuando no teníamos eso que hoy tenemos y que se llama identidad.

Gracias por los chistes, por las bromas y por la deferencia de hacernos sentir lo que hoy somos: pares. Importantes. Aunque hoy los medios porteños hablen del City de Guardiola o de River en la Copa Argentina, vos y yo sabemos que en esta ciudad, hay una clima de ilusiòn que no se va con una definición por penales perdida, no, que va…

Si hoy me levanté tan feliz de ser de Unión como ayer. Como vos, antes, cuando yo te envidiaba, Sabalero.

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3 thoughts on “De cuando yo te envidiaba, Sabalero

  1. Envidia?
    De estar 15 años en la b
    Jugar en la c y ascender por decreto ?
    De suspender clásicos con piedras y por no presentarse
    Romper carnet , tirar sangre
    Romper una virgen
    Estar abajo en el historial toda la vida
    No tener acta fundación
    No ser una institución más que un club de fútbol y que no ganó nunca nada , solo un amistoso
    Un estadio regalado por arreglar con la afa corrupta de grondona por ser un club chico
    Nunca tener más socios que nosotros
    Orgullo
    Siento por el 89
    El papá del siglo
    Tener nuestro estadio cómo está , pero que lo hicimos nosotros

  2. Coni,te pido que cuando tengas esos sentimientos,los expreses en singular,en plural,abarcas a casi todos los Unionistas que sufrimos y disfrutamos junto a nuestro equipo e institución,pero nunca nos consideramos menos.
    Saludos desde Quito.
    Adolfo Zentner

  3. Malísima la nota. Nunca envidiamos a los sabaleros jajaja Somos unión, somos distintos, somos grande por nuestra gente. Únicos incomparables con los del sur

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