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¿Sos pelotudo?

Es muy común, que definamos a nuestro adversario y/o contrincante y/o conocido como un pelotudo. Me tocó, hace algunas horas, recibir el epíteto de un desconocido. No por política, sino por un video que colgué en redes, donde se burlaban de mi propio equipo, Unión. El chiste me resultó maravilloso y me sacó una carcajada. Al rato, no faltó quien se enojara por la humorada, y me propinara la pregunta: ¿ Sos pelotudo?

Vaya pregunta dificil de responder. Si nos limitamos a las definiciones del diccionario, un pelotudo es básicamente un tonto. Una persona que se comporta con poca inteligencia. No comparto esa definición , pero de eso voy a hablar luego. Si me limito a la RAE, probablemente yo sea un pelotudo, de a ratos en algunas cosas, y permanente en otras.

Más dificil aún ,es definirse como un pelotudo si remitimos al origen del término, que muy pocos lo saben y – nobleza obliga- yo lo aprendí hace muy poco : En las Guerras de la Independencia, los gauchos argentinos se enfrentaban contra los españoles, que tenían una enorme formación militar y una disciplina. No porque fueran mejores, sino porque se habían formado en las mejores academias militares de la época. Para equilibrar esa diferencia, las tropas gauchas armaban una táctica de tres lineas de combate. Ninguna tenía armas de fuego, claro. Entonces se arreglaban con Facones, con boleadoras y con unas piedras que limaban hasta que tuvieran forma de circunferencias, y a las que denominaban pelotas.

Se formaban en tres filas: la primera era la de los Pelotudos, que portaban las pelotas de piedras grandes atadas a una tela. La segunda era la de los Lanceros, con facón y tacuara, y la tercera, la integraban los boludos con sus boleadoras o bolas. En ese orden.

Vaya paradoja: los pelotudos eran los que iban al frente, y se caracterizaban justamente por eso: por tener el coraje y el valor de encabezar el ataque frente a quienes portaban armas de fuego. Después venian los del facón, y finalmente, contrariando a la propia historia de su posterior uso, llegaban los boludos. Que por lo que entendemos, ahi, no parecen haberlo sido.

Ahí tampoco cabe que nos enrolemos. Sería precisamente de pelotudo, asumirse como un pelotudo, basándonos en el valor y la hidalguía de aquellos gauchos peleadores.

Llegando hasta acá: si descartamos el significado histórico y sospechamos de la rigurosidad del significado que le da la RAE. ¿ Que es un pelotudo? Y si se prefiere por razones de debate de género, una pelotuda o un pelotude.

Entonces empecé el siguiente razonamiento, partiendo de la propia situación en la que se me acusó de pelotudo : ¿ Cómo calificamos a una persona que se enoja con quienes hacen un chiste brillante contra su colectivo deportivo? No contra él, ni contra su religión, ni su definición sexual o su ideología política. Por citar ejemplos que podrían o tal vez admitirían la relatividad del humor.

¿ Cual es el adjetivo calificativo para ese sujeto-ta-te , que no soporta la levedad de esa clase de burla? ¿ Cabe o no pelotudo? Aún no lo sé.

Lo mismo me ocurre con los que no toman dimensión de los conflictos. O al revés, con los que le dan a los conflictos dimensiones que no tienen o no deberían tener, si aplicamos el sentido común, el humor, la libertad de pensamiento de los individuos o sencillamente la información que rodean a esos conflictos.

Hace algunas horas, dos honorables periodistas, , Reynaldo Sietecase y Ernesto Tenembaun osaron preguntarle ( con una consulta previa) a Alberto Fernandez, por las actividades artísticas de su hijo. Un pibe que se dedica a disciplinas novedosas y Millenials, llamadas Cosplayer y Drag Queen. Disciplinas extrañas para el común de la gente, y que desde la ignorancia, se confunden con el travestismo o definen erróneamente la sexualidad de quienes las elaboran.

El propio Fernandez respondió con orgullo y contundencia frente a la pregunta: Dijo estar orgulloso de Estanislao y además, le reconoció un talento y una creatividad asombrosos. Sin embargo… a las pocas horas, las redes se llenaron de insultos, descalificaciones y reproches de la horda Fernandista ( excluyendo a Fernandez, claro) contra Sietecase y Tenembaum por haber formulado la pregunta. Algunos, incluidos periodistas, calificaron de «mala leche» o de «peligrosa» a la consulta, y obviamente, le imputaron a los dos mala intención . Y muchos de ellos, los calificaron de… pelotudos.

¿ Cómo se califica a quienes se enojan por que una persona le pregunta a otra por las actividades públicas de un hijo? ¿ En que lugar de ese presunto conflicto observan acciones maliciosas o equivocadas de los periodistas? ¿Que clase de concepción tienen sobre la libertad de expresión, en este caso sobre la de preguntar? ¿ Qué parte de la cadena del frío perdieron esas cabezas ?

Para equilibrar y no caer en las redes de los enjuiciadores seriales. ¿ Cómo se les dice a todos y todas aquellas que van por la vida sermoneando sus ideas con la misma energía que los feligreses repiten los salmos? ¿ Que hacemos con esos que repiten como loros que los problemas de este país nacieron hace setenta años, y nunca se detienen en todos los años, que son muchos, que no coinciden con gobiernos peronistas? ¿ De que modo se califica a los que manifiestan con un fervor innecesario que lo que está en juego es el modelo del mundo, cuando en realidad ignoran lo que pasa en cada punto del mundo al que hacen referencia cuando hablan?

Todos ellos, sin excepción, son proclives a decirle pelotudo, pelotuda o pelotude, a cualquiera que se les cruza o hace o dice algo que no concuerda con sus propios cánones. Todos y todas, disculpen, llevan en el llavero el epíteto para descalificar, para agraviar o directamente atacar, a quienes se salen de la raya de la condescencia. A quienes , por no declararse enemigo ( que es lo que les encanta, al final) terminan siendo… pelotudos.

Y llegué a una sola conclusión: los une la falta de humor propio. Los anida la misma bronca que les provoca irritación ante la burla, aunque esa burla sea brillante. Los une el espanto constante. Los encadena el miedo a la libertad. La falta de confianza en los otros. La idea algo absolutista de pensar que las cosas siempre son a favor o en contra de sus intereses, y cada dia dejan menos espacio para la inocuidad, la posibilidad de pensar, o sencillamente, para poder disfrutar del goce que implica reirse.

¿ Serán pelotudos? No lo sé. No termino de saberlo.

Los pelotudos, los que somos acusados de serlo, que somos muchos miles, no hemos perdido la divinidad de la risa. La capacidad de auto burlarnos. El goce de lo diferente. la curiosidad por preguntar.No tenemos el prejuicio de decir que no sabemos. Nos damos el privilegio de dudar. Y además, no andamos por la vida calificando de pelotudos a los demás. Al menos públicamente.

¿ Sos pelotudo? ¿ Soy pelotudo? ¿ Serán ellos, ellas, elles, los pelotudos,das, des, y no sabemos distinguirnos? En cualquier caso, sobran pelotudos. Y no hablo precisamente de los gauchos que encaraban a los españoles que venian a punta de pistola.

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