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A doce años de Binner gobernador: lo posible en el país imposible

En el contexto de un país que casi siempre está en crisis y donde la capacidad de transformación de la política se pone en dudas, se cumplen – silenciosamente- doce años del triunfo en las elecciones a gobernador de Santa Fe, del médico Hermes Juan Binner.

Binner, rafaelino de nacimiento, desarrolló su vida universitaria y luego profesional en Rosario, mientras militaba al lado del dirigente socialista Guillermo Estévez Boero. En su primer cargo público produjo un cambio paradigmático de la salud pública de esa ciudad. Y como intendente de Rosario fue el generador de un proceso de acuerdos denominado Frente Progresista Cívico y Social, que posibilitó tres gestiones de gobierno en la provincia de Santa Fe que pasarán, para siempre, a la historia. Los primeros socialistas en la historia política del país en administrar un Estado provincial.

Binner es, fue y será el símbolo de lo que la gran mayoría de los argentinos aspiran de un dirigente: un hombre austero, de una honestidad intachable y con objetivos claros de gestión. A contrapelo de sus antecesores, las políticas que comenzaron en su mandato nacieron en el papel, luego de un largo debate en asambleas de base, que fueron firmadas en el Plan Estratégico. Todas las promesas de aquel documento se concretaron en los hechos, tal como se había pactado y comprometido.

Una rareza mal valorada por muchos, ignorada por otros tantos -especialmente en Buenos Aires- y que modificó la cultura política santafesina, poniéndola como ejemplo permanente del resto de las provincias a la hora de definir políticas de Estado a mediano y largo plazo.

Binner, y tras él Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, efectivizaron en la acción, cambios que perdurarán en el tiempo. Desarrollaron cambios en la matriz del Estado, que dejó de ser un espacio de improvisación burocrática, acumulación de familiares y militancia política para convertirse en una herramienta que le modificó efectivamente la vida a centenares de miles de santafesinos.

Con gestiones siempre limitadas por las minorías parlamentarias en una o en ambas cámaras, durante los 12 años de gestión se produjeron cambios estructurales en la provincia, que ponen la vara de gestión muy alta al sucesor electo en junio, el peronista Omar Perotti.

Las políticas de salud, educación, cultura, obra pública y desarrollo social son marcas elevadas, en el final de tres gestiones que además, tienen resultados económicos y financieros “transparentes”, tal y como lo calificaron los miembros del próximo gobierno, luego de una reunión de la Comisión de Transición. Otra rareza argentina.

En un país donde los dirigentes suelen ser noticia por sus causas penales, sus procesamientos, sus enriquecimientos ilícitos o sus abusos de poder, tiene vital importancia el reconocimiento de aquellos que a la inversa, pasarán a la historia como autores de cambios importantes, como memoria de una cambio posible y como ejemplo del deber ser de la dirigencia argentina.

Binner, hoy retirado de la actividad pública, vive en la misma casa donde vivía cuando fue electo intendente de Rosario. No tuvo ninguna causa judicial abierta y, si fue alguna vez a Tribunales, lo hizo acompañado por sus antecesores -adversarios políticos- para reclamar ante la Corte Suprema por los derechos tributarios de la provincia de Santa Fe. Una causa que ganó algunos años después, aunque el Estado nacional nunca terminó por cumplir aquella sentencia.

Vale entonces repasar los resultados de las gestiones que se van terminando, a modo de ejemplo de lo posible, cuando el Estado acaba en manos de dirigentes capaces con proyectos e ideales y con un religioso cuidado de las cuentas públicas.

LOS HECHOS, UNA PROVINCIA POSIBLE EN UN PAÍS IMPOSIBLE

Santa Fe, antes de las gestiones del Frente Progresista, era recordada por las inundaciones evitables, por el robo del Puente Colgante de la ciudad capital, por la Ley de lemas y el escrutinio más largo de la historia del país, por las cuasi delictivas privatizaciones de sus empresas públicas, incluido su banco provincial. Y como la mayoría de las provincias argentinas, por la confusión de los poderes del Estado. El Presidente de la Corte Suprema era primo político de Carlos Reutemann, un miembro del cuerpo había sido el abogado personal del exgobernador y otros dos, funcionarios de sus gobiernos.

La llegada de Binner a la Casa Gris generó cambios de los que será muy difícil volver atrás desde lo institucional, desde lo cultural y esencialmente desde la vinculación del Estado con los ciudadanos, que experimentaron su cercanía.

Lo primero que hizo el  Frente Progresista que encabezó Binner en 2007 fue sacar las vallas que separaban a la Casa Gris de la gente común en la Plaza “25 de Mayo”. Desde entonces, y habiéndose vivido jornadas de tensión y existiendo antecedentes muy graves, nunca ocurrieron incidentes ni hubo intentos de ingreso violento a la gobernación. Aquello, que para muchos fue simbólico, le devolvió a la ciudadanía la sensación de pertenencia al gobierno. No hacían falta vallas. Alcanzaba con la plena vigencia de los derechos y la voluntad de diálogo de los dirigentes.

Eso se correlaciona con muchos otros aspectos que diferencian a esta etapa de la historia política de Santa Fe con el resto del país.

El primer acto administrativo de importancia fue echar a Odebrecht de la licitación de los grandes acueductos. Binner anuló un proyecto licitado que le otorgaba a la empresa brasileña -todavía insospechada- un negocio monumental. La empresa no se presentó nunca más a una licitación en territorio santafesino. Así lo cuenta la ausencia del nombre de los funcionarios santafesinos en la mega causa que produjo un terremoto político y empresarial en América Latina. Salvo en Argentina, donde la impunidad sigue siendo una regla inexorable.

En materia educativa, otorgó por primera vez  a los docentes la paritaria para discutir salarios y condiciones laborales. Y puso en marcha el mayor proceso de titularización que reconozca la historia del magisterio santafesino, activando concursos y jerarquizaciones que llevaban más de 20 años de atrasos y congelamientos.

Eso derivó en uno de los salarios docentes más altos del país, en notable contraste con lo que ocurrió durante las gestiones de Reutemann, en la que los maestros recibían no sólo uno de los más bajos de Argentina, sino que eran sancionados con  descuentos inmorales como el de la quita del presentismo, aún en casos de enfermedades oncológicas.

Desde 2007 a 2019, los gobiernos del  Frente Progresista inauguraron  255 escuelas públicas secundarias, algo más de 18 por año. Construyeron 107 edificios escolares nuevos, mejoraron la infraestructura de otros 2100, abrieron 750 salas de nivel inicial, ampliaron a doble jornada 380 escuelas primarias y pusieron en marcha 101 nuevas carreras de educación superior terciarias, aumentando un 16% la matrícula de estudiantes secundarios y bajando de un 12 a un 6% el abandono escolar. Un registro único en el país desde el retorno a la democracia.

Desde 2013, bajo la gestión de Antonio Bonfatti, se instauró el programa “Vuelvo a estudiar”, un trabajo transversal de varios ministerios que recuperó a más de 5 mil pibes que habían abandonado la escuela. Casa por casa, caso por caso. Y con ellos, también, la posibilidad para miles de adultos que pudieron comenzar y concluir los estudios que ya consideraban imposibles de continuar, de manera virtual.

En materia de salud pública, los gobiernos del Socialismo instalaron más de 100 nuevos centros de atención primaria de la salud en 130 localidades donde no existían organismos estatales y cumplieron con la promesa inicial de Hermes Binner de inaugurar ocho hospitales públicos de última generación, repartidos en toda la bota provincial: Ceres, Venado Tuerto, Reconquista, Rosario, dos en Santa Fe, San Cristóbal, y uno a punto de terminarse en Rafaela.

Los indicadores de mortalidad materno infantil llegaron a los más bajos de Argentina. En Santa Fe se muere la menor cantidad de niños del país. En Santa Fe desaparecieron las muertes por embarazos interrumpidos. La tasa de mortalidad infantil en la provincia es un 50% menor que la media nacional.

Una de los mayores y más “peligrosos logros” del Socialismo fue sin dudas el fortalecimiento del LIF, el laboratorio público de medicamentos. Desde ese organismo se produce en alta calidad y a bajo costo, la farmacología esencial para el funcionamiento de los hospitales públicos. No sólo abastece a la provincia, sino que le vende a muchas otras provincias argentinas.

Allí se producen medicamentos “polémicos” pero imprescindibles: desde el aceite de Cannabis hasta el Misoprostol, pasando por todas los fármacos oncológicos que en casi todo el país son inaccesibles para aquellos que no cuentan con protección de obras sociales.

En materia de modificación y actualización de las instituciones, las gestiones del Socialismo transformaron el más antiguo sistema procesal penal que tenía el país, en el más moderno de Latinoamérica que, entre otras cosas, consiguió desarmar, procesar y condenar por delitos comunes a las principales bandas narco de la provincia, ante la falta de acción de las fuerzas y la justicia federal.

Paradójicamente a lo que dice la leyenda del “Narcosocialismo”, instalada en su momento por el Kirchnerismo y consolidada por el Macrismo durante las distintas campañas electorales, no hay ni hubo un sólo funcionario político de las gestiones del Frente Progresista que haya sido imputado o procesado por acciones vinculadas al narcotráfico, a diferencia de las fuerzas acusadoras que sí los tienen, en distintos puntos del país y en la propia provincia.

A diferencia de las administraciones anteriores, ningún ministro de la Corte Suprema de Justicia de la provincia, es familiar o exfuncionario del gobierno saliente. Nunca, como durante los doce años de gestión del Frente Progresista, existió un nivel de independencia del Poder Judicial del poder político, como el que actualmente rige en Santa Fe.

De la peor ley electoral del país, la de lemas, Santa Fe pasó a tener el sistema electoral más transparente del país: la Ley de boleta única en papel, un modelo que rompe con la estructura de la boleta sábana y le permite al ciudadano elegir entre los candidatos en absoluta igualdad de condiciones.

La gestión de Miguel Lifschitz que concluye el 10 de diciembre será recordada -y así lo dicen todas las encuestas de imagen pública- como la de la concreción de la obra pública. El ingeniero aceleró un proceso de reactivación de rutas, desagües y desarrollo de la vivienda que impactó de manera directa sobre los niveles de actividad y empleo en todo el territorio provincial.

Lifschitz, además, profundizó el Plan Abre: un sistema de intervención multidisciplinaria en los barrios de las principales ciudades de la provincia que recuperó clubes barriales, reacondicionó complejos habitacionales y le devolvió a miles de chicos la posibilidad de acceder a espacios de formación laboral o cultural.

Además, su gestión reactivó las relaciones institucionales con Córdoba y Entre Ríos, devolviéndole a la Región Centro un impulso que benefició y beneficiará en el futuro las posibilidades exportadoras de las empresas de las tres provincias.

Con este gobernador, Santa Fe se convirtió en el Estado con mayor inclusión de la diversidad sexual, instalando cinco casas de asistencia a víctimas de violencia de género y de discriminación.

Párrafo aparte merece la administración cultural de las tres gestiones, que fueron encabezadas por la reconocida “Chiqui” González, que no sólo revolucionó el proceso de inversión en actividades públicas culturales, sino que produjo una explosión de inversión pública en recuperación de edificios abandonados y que hoy son emblemas de Rosario y Santa Fe.

LA DERROTA, EL FIN DE UNA ETAPA

Todavía resulta difícil acertar cuáles fueron los motivos por los que los santafesinos no le renovaron la confianza al Frente Progresista en Santa Fe, sobre todo en un contexto donde los oficialismos provinciales habían ganado en todas las provincias.

A diferencia de todas las provincias, la coalición política del Socialismo, buena parte del radicalismo provincial y siete partidos asociados, no estuvo alineada nunca con las fuerzas nacionales mayoritarias. Eso incomodó sus relaciones con los distintos ejecutivos nacionales y la ubicó, constantemente, como blanco de las críticas de ambas fuerzas: al FPCYS lo cuestionaban de la misma manera el Kirchnerismo y el Macrismo.

Los resultados en ese sentido fueron claros: la coalición obtuvo algo menos de 35% de las voluntades -un número alto para aspirar a una cuarta gestión- mientras que el Peronismo unido superó el 40% y Cambiemos algo menos del 20%. En esa batalla, frente a los dos colosos nacionales, al Frente no le alcanzó con defender lo hecho en materia de gestión.

La virtual “independencia” del FPCYS, el comportamiento “neutral” de sus dirigentes ante la grieta, terminó licuando sus posibilidades en medio del fuego cruzado. Esa prescindencia generó también diferencias de miradas dentro del propio Frente, algunas defecciones oportunistas y el debilitamiento natural que genera el desgaste.

Pero además, como en casi todo el país, la seguridad pública, especialmente en Rosario y en la ciudad capital, desgastaron mucho al gobierno provincial. El recrudecimiento de la violencia, las altas tasas de homicidios -el 95% de ellos vinculados al fenómeno del ajuste de cuentas entre bandas narco- y el impacto social de las políticas nacionales convirtieron a los conurbanos santafesinos en un problema que las gestiones nunca pudieron resolver, como ninguna otra gestión en el resto del país.

La diferencia es que sobre ese punto batallaron las oposiciones y eso significó el talón de Aquiles electoral para Antonio Bonfatti, el candidato que enfrentó al gobernador electo, Omar Perotti. Curiosamente, Perotti delimitó su campaña bajo el slogan “Paz y orden” y con promesas de endurecimiento de la gestión policial.

EL FUTURO

Lo que le depara a esta experiencia de gobierno socialdemócrata, de notables resultados y con una honestidad irrebatible, dependerá de sus actores, de la calidad de la administración del gobierno de Omar Perotti y también de las decisiones a nivel nacional de las fuerzas políticas post octubre.

Algunos creen que la salida del gobierno es el principio del fin de la coalición. Otros, en cambio, creen que desde las estructuras que mantienen -la mayoría de la Cámara de Diputados de la Provincia y el gobierno de más de 230 ciudades y municipios sobre un total de 365 incluidos Rosario, La Capital, Venado Tuerto y Villa Gobernador Gálvez- es posible la reconstrucción y un eventual retorno en 2023. Eso, en la Argentina turbulenta de hoy, parece materia de ciencia ficción.

En cualquier caso, lo que importa de cara al futuro y cuenta en el haber de la sociedad santafesina es que una vez, hace doce años, una provincia argentina consiguió establecer un programa de políticas públicas serio, de inclusión social, con una administración honesta y transparente y que deja como mensaje algo que parece imposible en el país: que si cuenta con planes, que si trabaja con seriedad y que si establece prioridades, vivir en una sociedad cercana a lo que aspiramos es posible.

Lo empezó un tal Hermes Binner, un médico de provincia, hace exactamente doce años. Y su reconocimiento es el sentido de esta nota.

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2 thoughts on “A doce años de Binner gobernador: lo posible en el país imposible

  1. Coincido plenamente en todo lo dicho. faltaron varias cosas ( es obvio,ante esa gran gestión) especialmente el 82 % móvil, que fue bandera de Hermes. Quiero ver si los gremios van a realizar paros frente al profundo ajuste que se viene o serán consecuentes con un gobierno al cual apoyaron abiertamente. Y otra pregunta que me hago es que será lo que va a privatizar?????

  2. Coni excelente resumen ! Gran reconocimiento al “cerebro” del Frente. En una Comuna, una Ciudad, la Pcia y el País los orígenes de la derrota son siempre las divisiones internas. Debe haber autocrítica en el PS y la UCR. Abrazo grande

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