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La Capitana

Tenía 14 o 15 años. Era una estudiante de la Brown, fanática del fútbol y lo único que le importaba era ser productora de deportes en LT10. Y fue productora. A los pocos años, las previas de las transmisiones deportivas la tenían como jefa malhumorada detrás del operador. Entrar al control central de la radio era un riesgo: Gisela ladraba a los que venían a hacer ruido y mi primo El Turco, la apodó «La Capitana».

Una vez se le animó a los exteriores y naturalmente terminó siendo la movilera de la mañana. Su capacidad de trabajo- un asunto que hoy sostiene como obsesiva religión- siempre marcó la diferencia: Era la primera que llegaba y se quedaba hasta que el último se iba.

Fue emblema de una generación dorada de movileros santafesinos. Esos primeros que prescindieron de choferes, y fue la primera mujer en salir a hacer lo que sólo los hombres podian hasta entonces : meter las patas en el barro, encarar a dirigentes políticos y someterse a los empujones para acceder a una declaración. Sufrió encierros, robos y situaciones de violencia en vivo. Y mientras hacía todo eso, fue madre tres veces.

La inundación del 2003 la encontró con su casa sumergida, pero estaba en la radio. Contando lo que pasaba. No a ella, sino a todos los demás.

Se cansó de esperar una chance en «piso», y un día eligió dejar la radio para convertirse en conductora de un noticiero televisivo en Canal 13. Y fue una gran conductora. Pero además, una productora incansable que se encargaba- como se encarga hoy – de que que los programas llegaran armados, y que el de mañana tuviera una base mínima.

En los últimos años , compartió con un sacrificio insoportable, la crianza celosa de sus tres hijos con 10 o 12 horas de trabajo. Se levantaba a las 4, armaba Santa Fe Directo, lo conducía, se iba al gimnasio a las 10, volvía a su casa a cocinar, a las 15 estaba de vuelta en el canal y se quedaba hasta las 21.30. Volvía a su casa a cocinar y si alcanzaba, se sentaba a ver la novela. Nunca consiguió hacer el horario corrido que le hubiera ordenado la vida, pero se la bancó. Y una vez la llamaron para hacer un enero en canal 7. Y la rompió. Tanto que la volvieron a llamar al año siguiente. Tanto, que después la convocaron para que se quedara un año entero.

Y se banca desdoblar la vida. Se va los domingos a las 12 de la noche en colectivo, a veces vuelve los viernes al mediodía en avión. De lunes a viernes ordena su casa por Skype, los fines de semana se dedica plenamente a su familia, asunto que interrumpe sólo si Unión juega de local. Y allí la ves, entrando al 15 de abril del brazo de su padre. Puso en riesgo la comodidad de un empleo fijo, para apostar por un sueño. A la edad en las que la mayoría de los periodistas, eligen la comodidad.

El primer gran premio de su carrera fue conducir -y escribir los textos- de Los Palmeras Sinfónicos. Lo hizo bien, muy bien.Tan bien, que los propios Palmeras la pidieron para los conciertos más importantes. Entre ellos el del Obelisco.

Es malhumorada, si. Es inconformista, si. Es exigente, muy. Pero además, muchos sabemos que es tremendamente solidaria. Que sus amigos cuentan con ella, siempre. Y soporta con hidalguía, el ninguneo de muchos incapaces que le bloquean el acceso a los lugares que ya se ganó de sobra.

Tuve el honor de conducir con ella un breve programa de Radio en EME. Ahí redescubrí la red que tienen todos los que comparten el trabajo cotidiano con ella. Nunca falta al trabajo, nunca. Porque como dice el Nano, si le roza la muerte, disimula.

Por suerte, no necesito escribir esto para decirle que la quiero y la respeto. Lo sabe. Y en los últimos años, aún en la distancia, me ha demostrado un afecto blindado: es de las primeras que llama cuando algo anda mal.

Por eso celebro que hoy sea noticia: Esa mujer, Gisela Vallone. Será- con Maria Laura Santillán- una de las dos mujeres argentinas que va a moderar el primer debate de los candidatos a presidentes. Un premio, si. Pero sobre todo una consecuencia.

La alegría no es porque es santafesina, ni porque la conocemos. Es porque sabemos quien es. A veces, los buenos de verdad, terminan ocupando los lugares que se merecen.

La Capitana. Sigue mandando. Y eso , en el medio de tantos desastres e injusticias, significa que algunas cosas están bien.

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1 thought on “La Capitana

  1. Coni estoy moqueando!Es cierto y precioso lo que decís.
    Además de bien escrito,está escrito con las tripas…y eso se lee y por eso escribo con los ojos nublados.
    Te mando un abrazo y cuando pueda le daré el que tengo ganas de darle a “La Capitana”

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