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Perdonen,no soy peronista

A estas alturas de mi vida, no voy a andar fingiendo lo que pienso. Y entre esas cosas que pienso- no lo que siento- es que no soy, no fui, ni seré peronista. Ser o no peronista, creo, tuvo mucho más que ver con los tiempos en los que me tocó crecer. En los hogares donde crecí. Y luego, mucho después, aún con la carga hereditaria, con las convicciones y las lecturas.

No fui peronista, primero porque eso tocó en suerte. Nací en un hogar no peronista. Mis abuelos, los cuatro, nunca fueron peronistas. Dos eran docentes rurales. Tenían formación Sarmientina, y el peronismo los encontró en el otro lado. Eran los tiempos de «Alpargatas si, Libros no», y probablemente aquella falsa antinomia haya pesado sobre sus convicciones. Mi otros dos abuelos eran judíos. Y después de la guerra, el nazismo había dejado una marca atroz en la comunidad. Perón, decía mi abuelo, olía mucho al militar que había acompañado a Mussolini. Y el fantasma de los nazis que llegaron al refugio argentino, era un asunto del que no se hablaba, pero se sabía.

Mi abuela materna, la maestra, con la que nunca pude hablar porque murió cuando yo era muy chico, contaba que siendo directora de una escuela en Santa Fe- la Uruguay- no aplaudió a Eva cuando entraba al edificio de su propia escuela. Ella decía que Eva se paró seria frente a ella, como señalandola. Nunca sabré si eso fue cierto o no, si fue el relato de una mujer de clase media, que no la quería y que por eso, interpretó aquella mirada como una acción de censura. Pero esas cosas las escuché en mi casa. Y cosas aún peores del General, en las sobremesas de las cenas de mi abuelo materno.

Supe de lo bueno del peronismo por los libros. Por el recuerdo de algunos padres de mis amigos. Por las recreaciones literarias. Por las emociones de algunos artistas peronistas que me conmovieron. Supe de lo bueno del peronismo, por Discépolo, por Manzi, por Jauretche, mucho después por Dolina, y por los relatos de los sobrevivientes de la dictadura. Pero no lo viví a ese peronismo, ni pude acercarme a él, nunca, a base de emociones ni liturgias. Como a casi nada en mi vida.

Cuando nací, el mismo día que él pero de 1968, Perón transitaba sus últimos años de exilio. Las dictaduras ya se habían ganado el desprecio de mis mayores, y aún faltando la peor, en mi casa se votó a un peronista.Mi viejo, gorila de izquierda entonces, votó a Cámpora.

Pero después vio morir a varios de su generación en manos de la Triple A, que era peronista. Y a muchos otros, Montoneros y ERP, en esa continuación del terrorismo de Estado que fue, la dictadura. Mi primer recuerdo de Perón fue el día de su muerte. En casa, el televisor blanco y negro permaneció prendido todo el día, y las «muchachas» que trabajaban en casa, lo recuerdo, lloraban.

La guerra de Malvinas me encontró en la secundaria. Mis primeros palos en la militancia los hice en el PI. El radicalismo estaba cerca, y obviamente que terminé fascinado con Alfonsín. Mi viejo me llevó al acto de la 9 de Julio. Y yo recitaba de memoria el cierre de sus discursos con el fragmento del Preámbulo y rezábamos : » constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino«…

Yo tenía 15 años cuando Alfonsín ganó aquellas elecciones. Y mientras la primavera democrática se mezclaba con mi propia primavera hormonal, los vi a Videla y a las tres juntas sentados en el banquillo de los acusados. Vi como una sociedad dominada por el pensamiento católico y represivo se oponía a la ley de divorcio- y entonces ahí estaba buena parte del peronismo- y celebré como un gol, aquel debate entre Caputo y Saadi, que precedió al 70 % que obtuvo el SI, para que terminemos con nuestros problemas fronterizos con Chile. Argentina era eso, rodeada de dictaduras en el resto de América Latina, que no se terminaban de caer.

Entonces el Peronismo era el pacto Sindico- Militar que negociaba la amnistía. Entonces, supimos del acuerdo de Massera con los Montoneros. Entonces la CGT impidió la Reforma Laboral de Mucci. Entonces, el peronismo gobernaba mi provincia y mi ciudad, y lo que yo veía era saqueo, dirigentes de escasa capacidad intelectual, y cuando todo estalló- la historia ya casi explicó todo- ví como aquel fragmento democrático se desmoronaba, vi personalmente por primera vez quemarse al pais, y vi la llegada de Menem. Y con él, a Cavallo, a la Bunge & Born, vi los Indultos que terminaron con el retroceso que si, había empezado Alfonsín con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y vi la aplicación del desguace de las empresas del estado en el país, y en mi provincia. Y todos, eran peronistas.

Mi primer encuentro con el peronismo vino de la mano del «Grupo de los 8». Vino con Bordón y con el Chacho, que se le opusieron a Menem. Vino con la Reforma de la Constitución del 94. Y con aquellos trazos de buena voluntad que supo ser el FREPASO. Y después la ALIANZA. El peronismo era Menem. Duhalde había sido su vice. Y así cómo por primera vez había presenciado el incendio, por primera vez – y única- participé del primer amontonamiento nacional contra alguien. Y me frustré, como tantos millones, con el escuálido y vomitivo gobierno de De la Rúa.

Y entonces, después de otro incendio llegó Nestor. Y yo me emocioné con su discurso del 25 de mayo. «Quiero que seamos un país normal» dijo aquel desconocido. Y por dos o tres años, estuve enamorado de su gobierno. Nunca recuerdo si lo voté o no en aquella primera vuelta de abril de 2003. Las elecciones fueron el 27 , y apenas dos días después, el agua arrasaba con mi ciudad. No se si lo voté, pero tengo muy claro que iba a votarlo con las dos manos, si Menem no se bajaba de la Segunda Vuelta.

Pero en mi ciudad, el Salado arrasaba con un tercio de la población, y el gobernador peronista de entonces, Carlos Reutemann, se hizo el desentendido ante la muerte evitable de muchos de mis conciudadanos. Y dejó al Estado sin respuestas, porque no le importaba el Estado. Y la bajante del agua dejó al desnudo las consecuencias de ese desentendimiento. Y todos, desde 1983 hasta 2007, fueron gobernadores peronistas. Y Nestor, vino a Santa Fe a levantarles la mano. Aún así, fui filo-K -un término no se usaba entonces- pero en mi provincia amanecía el Socialismo y eso me identificaba mucho más.

Me «pelee» con el kirchnerismo equivocadamente en el 2008, con la 125. Y el primer Kirchnerismo, que nobleza obliga fue el mejor gobierno que alcancé a ver hasta hoy, fue mutando en una especie de fanatismo con ambiciones desmedidas, sus medios de comunicación comenzaron a ser propagandísticos, y la muerte de Nestor, agravó ese perfil. Y ya no pude ser Kirchnerista. Porque no me gustaban sus modos, porque no me adaptaba a la ausencia de medias tintas. Porque nunca comulgué con las religiones, con las adoraciones personales, y aquello, se había convertido en algo parecido. Era de nuevo el peronismo. Esta vez, de nuevo, con Justicia Social, si. Pero con niveles de intolerancia que te empujaban al paredón del «enemigo», por no pensar como decían que había que pensar.

Ni hablar de Boudou, de De Vido, y de todos y cada uno de los casos de corrupción, que marcaron el enriquecimiento de muchos dirigentes, mientras el país comenzaba a caer en una desgracia económica que los tuvo- en un porcentaje claramente menor- como iniciáticos protagonistas del desastre que hoy tenemos.

No voté a Macri en el 2015. Pero tampoco voté a Scioli. Con un pequeño puñado de argentinos formé parte del esqueleto que habían abandonado Carrió y los radicales, y me quedé huérfano de opciones de la mano de Margarita Stolbizer. Macri era presidente. Otra vez el amontonamiento. Y siempre es importante recordar que: Macri empezó en la política de la mano del peronismo. Que aquella primera fuerza de «Derecha moderna», que supo encarnar Domingo Cavallo, y que heredó el entonces presidente de Boca, llevaba en su lista de diputados a un tal Alberto Fernandez,entre otros.

Hoy, la táctica del «Peronismo unido» ha conseguido establecer las condiciones para volver al poder, una vez más. Y sinceramente, tengo mis dudas sobre su esencia, pero sobre todo sobre sus consecuencias. En lo económico, no tengo dudas que peor que el Macrismo no pueden hacerlo. Pero en lo político, no tengo muy claro con qué peronismo de todos los que conocí, nos vamos a encontrar en el futuro inmediato.

Hoy, parece que no ser peronista es un agravio. Y sin embargo, luego de releer todo lo que acabo de escribir, tengo muy claras las razones por las que no fui, no soy, ni seré peronista. Soy huérfano de estructuras nacionales que me representen, y cuando pienso que la opción es Lavagna y su aliado pro-vida, Urtubey, y su gremialismo amigo encabezado por Barrionuevo, se me licúan todas las ganas de votarlo.

Quiero un país mas justo. Quiero una sociedad con igualdad de oportunidades. Quiero un modelo económico que esté fundado en el trabajo, en la producción, en la multiplicación de la Ciencia y la tecnología. Quiero un país con salud pública, con educación pública, con respeto absoluto por las libertades individuales. Quiero un país que no sea una timba financiera. Quiero un país, donde los conflictos se resuelvan democráticamente, donde se impongan las voluntades de las mayorías, pero del mismo modo, se proteja y se respete a las minorías. Me gustaría que existiese una fuerza que represente todo eso, y me permita identificarme con orgullo. Y no es el peronismo, sencillamente porque representó a veces eso, si, pero muchas otras veces, la mayoría de las veces, todo lo contrario.

No adoro a Evita, ni canté jamás la marcha en serio. Porque nací en otra época. Porque me tocó nacer y crecer en lugares donde no lo hacían. Pero sobre todo, y no tengo ningún temor en decirlo, porque en mi adultez, el peronismo representó muchas cosas horribles. Y ya no importaba lo que pensaban mis abuelos, ni mis viejos, ni mis amigos peronistas. No soy antiperonista, claro. Pero eso no les importa a los peronistas, para los que soy, y seré siempre, a pesar de tantas coincidencias, un gorila.

Perdonen, no soy peronista.

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