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Lucas, ese salvaje hiriente

Nadie podrá decir que se sorprendió con la muerte de Lucas Carrasco. Su vida en los últimos años fue muy parecida a una muerte en vida. Sus últimas acciones respondían más a las necesidades de sobrevivencia, de la mano de quienes habían sido, en otros tiempos, sus victimarios.

Se había ido muy jóven a Buenos Aires, vivió una etapa de gloria con su Blog «República Unida de la Soja», que llegó a tener centenares de miles de lectores. Antes de la decadencia, escucharlo despertaba sensaciones encontradas, porque manejaba el cinismo y un repentismo que asombraba. Fue estelar en los espacios televisivos emblemáticos del Kirchnerismo post conflicto con el campo, y su insoportable personalidad, lo fue alejando de todo, hasta llegar a la expulsión de todos los espacios donde lo adoraban. Fue íntimo de Máximo Kirchner, y muchos aseguran, que durante un largo tiempo- el que duró en esos lugares- deleitaba a la mismísima CFK, con su oratoria repleta de conceptos literarios y mucha calle.

Volvió a Paraná deshecho. Y con el correr de los años, se deshizo aún más.

La condena por abuso sexual, lo dejó lejos de cualquier expectativa de reinserción, que había recibido como promesas para el futuro de la mano de sectores de la peor política entrerriana. Los mismos, es un secreto a voces en Paraná, que se encargaron de pagarle la defensa en el juicio oral y público, donde fue condenado.

Es muy dificil encontrar registros sanos de Lucas Carrasco, en la última década. Desde su caída en desgracia en Buenos Aires, luego del fin de su etapa de gloria televisiva y radial militante, del desprecio de sus amigos de La Cámpora que le soltaron la mano, por muchas cosas, entre otras por las acciones ilícitas que derivaron en su condena.

En su ciudad, Paraná, se dedicó a publicar panfletos agraviantes contra colegas, a difamar y mentir, a buscar oportunidades económicas en los tachos de basura. Lucas Carrasco era un adicto, si. Pero además era un violento. Un hombre capaz de montar escándalos y agredir a cualquiera que lo contradijera. O aún peor, a aquellos a los que algunos otros, le decían que lo hiciera. Terminó sus días ejerciendo de mercenario mediático, mientras intentaba zafar de la prisión.

Duele decirlo, en el día de su muerte. Pero no es un asunto menor su derrotero, que no es ni más ni menos que el de un hombre muy joven que terminó sus días en el infierno, no sin antes someter a muchos a sus propios demonios.

Se lamenta su muerte, claro. Los deseos imaginarios de los que lo conocimos en los años iniciales de lucidez universitaria. Los que nos habíamos quedado con la imagen de aquel pibe con discurso provocador, con sus discursos de izquierda irreductible, con sus compromiso cínico, alguna vez quisimos echar una mano. Y no pudimos hacer nada por él.

Sus adicciones, y sus profundos infiernos personales lo hirieron mucho, lo resintieron mucho pero ,además, hirieron a muchas personas. Sometió al dolor, a la humillación y al desprecio a muchas personas. O al abuso, como dictó el Tribunal Oral Federal que lo condenó a nueve años de prisión. Esos que iba cumplir, una vez que se le confirmara la condena.

La muerte de Lucas es el fin de varios infiernos. El suyo, en principio. Y el sus victimas. Que fueron muchas. Además de aquellas que se encargaron de llevarlo a la Justicia, y desnudarlo en su peor costado.

Nada de reivindicaciones entonces. Murió un hombre joven, que hizo y se hizo, mucho daño. Su anecdotario ya no será gracioso, ni sus humoradas festejadas por los ruines que lo utilizaban.

En una tremenda soledad. La que fue construyendo ladrillo a ladrillo con sus propias manos y acciones, murió Lucas Carrasco. Y es una noticia. Sólo eso.

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