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Lula, Aguer y Granata

Vaya semana la que acaba. Voy a eludir las cuestiones deportivas que vinculan a Santa Fe, porque escribo esta nota antes de saber si Colón es o no Campeón de la Copa Sudamericana, y como tatengue, es un asunto incómodo. Pero si sobrevolamos eso, ayer Lula Da Silva quedó en libertad, y la mayoría de la gente bien- no lo dudo- estamos felices.

Explicarle a mis hijas quien era Lula, que hizo, por qué estaba preso, y las razones de la felicidad popular en Brasil, fue un buen ejercicio. En este mundo de simplificaciones, tener que explicar racionalmente a un personaje de esa estatura, sin proferir argumentos sagrados, ni estereotipos únicos, es un desafío mental, y sugiero una hoja en blanco, una birome, y un poco de historia. Lula está «Livre», porque nunca fue declarado culpable. Sus procesamientos están viciados de cierta nulidad, especialmente desde que se conocieron audios del ex juez Moro, y el sólo hecho de que Jair Bolsonaro sea su perseguidor, nos ayudan a explicarlo. Aún así, no hay que olvidarse que el poder ejercido por tiempo indeterminado, es tóxico. Y que todos, incluso aquellos que «le llevaron un plato de comida a los pobres», pueden caer en la tentación del enriquecimiento ilícito.

También, y vale para los Argentinos, que cuando cebamos nuestro odio visceral contra una coalición de gobierno popular, y no sabemos distinguir entre «algunos» y «Todos», podemos terminar en manos de un Nazi, que se burla de homosexuales, que manda a matar militantes opositores, y que cree, ejerciendo con absoluta inmoralidad el poder, que las soluciones vendrán por la fuerza.

La libertad de Lula es, más allá de las discusiones intermedias, un triunfo sobre Bolsonaro. No implica la certificación de que todos los demás dirigentes populares, estén bajo su misma situación. No es equiparable Lula a CFK, ni ambos a Maduro. No son lo mismo, y hay que hacer un honesto esfuerzo por comprenderlo, explicarlo, y asumirlo.

Lula puede explicar su parimonio, CFK no, pero ninguno de los dos ejercieron un régimen de terror como Maduro en Venezuela. Tampoco Correa es Maduro, ni el Frente Amplio de Uruguay se les parece: hay un proceso de recuperación de necesarias políticas de fortalecimiento de América Latina unida, pero no es lo mismo todo. Ni en nombre del todo, podemos eludir las particularidades penales de cada nombre. Seamos honestos. No es fácil, pero es necesario para no repetir errores en el futuro: ya conocemos las consecuencias del hartazgo social: en Argentina vino el neoliberalismo atroz. En Brasil fue mucho más grave.

Mañana en España, VOX- un partido ultramontano de extrema derecha- puede alcanzar el 15 %. En el resto de Europa, la falta de respuestas de la política, termina germinando en reacciones de rechazo a las minorías, a las que se las culpa de los males.

Ese discurso está instalado. Esta nueva chance de los sectores «populares» de América, no puede resbalar en la reiteración de modos que terminen ofreciendole a la sociedad una salida mágica: ahi están los evangelistas preparando el desembarco.

Monseñor Aguer es un cura financiado por el Estado Argentino. Es un hombre de convicciones decimonónicas- como mínimo- y en el nombre de la organización política más fuerte del mundo, condena a los homosexuales, a las políticas de género y a todos aquellos que no comulgan con el pensamiento del medioevo que abunda en la Iglesia católica.

La iglesia es como lo de Lula: Que Aguer diga eso no significa que lo diga toda la iglesia. Pero tenemos a un Papa argentino, que se ha manifestado abiertamente contra la despenalización del aborto, contra la ESI, y ha manifestado que sigue pensando que los homosexuales, tienen «un problema».

Lo dicen ellos, que cuentan en sus filas con el mayor ejercito organizado de pedófilos, abusadores sexuales, y niveles de perturbaciones psiquiátricas obvias: La Iglesia impone un discurso moral, y es, sin lugar a dudas, el mayor refugio de inmorales que hay en la tierra.

No en vano, y acá vuelve el ejemplo de Brasil, los sectores más empobrecidos de la sociedad han ido abrazando nuevas versiones del Evangelio. Se concentran en las organizaciones religiosas que también juegan a la política, que reciben millones de dólares de inexplicable origen- aquí suponemos todos lo que suponemos- y se van multiplicando. Entre otras cosas, porque juegan fuera del atavismo, de la hipocresía del celibato y no expulsan del «cielo» a nadie. El retroceso de la Iglesia, es, preocupante también. Al menos sabemos su historia, y sus mañas. De los evangélicos, no. Sabemos que en Brasil ayudaron a ganar Bolsonaro.Y que en Argentina, fueron fundamentales en el lobbie para evitar la sanción de la ley de regulación del aborto.

En Santa Fe, sin ir más lejos, ese discurso llevó a cinco diputados a la Legislatura provincial. Alcanzó con una figura pública, la mediática Amalia Granata, y un sello con símbolos celestes. 300 mil votos recogieron, en nombre de «las dos vidas», con un partido inexistente, y con una fuerte militancia de los pastores y sectores de la iglesia , muy retrógrados que insisten en intervenir en la vida privada de las mujeres y los hombres, bajo paradigmas alejados de la salud pública, y en una notable incomprensión de lo que ocurre en el mundo de hoy: las mujeres mueren haciendose abortos ilegales. Se trata de evitar esas muertes. Pero ni eso, terminan de entender.

Finalmente, la principal referente de los Pro-Vida de Santa Fe, la mencionada Granata, fue acusada públicamente en estas horas por la hija de Andrea del Boca. Una acusación confusa, solamente en los medios, y sin haberlo presentado en sede judicial. La figura del abuso sexual de menores aparece en boca de una chica, que dice haberlo sufrido hace 15 años atrás, con su padre y la diputada. Granata salió a defenderse públicamente, argumentando que se trata de una persecución política. Algo de eso es cierto: los pastores evangélicos electos con Granata, no la quieren con ellos. Y eso se hizo público. En cualquier caso, lo que prima es la presunción de inocencia.

Que nuestras diferencias políticas, no nos hagan caer en la injusticia de condenar a quienes siguen siendo inocentes, hasta que se pruebe lo contrario.

Granata representa a 300 mil santafesinos, y por ahora, es sólo una mujer señalada por otra, sin que se haya sustanciado un sólo elemento de juicio.

Otra cosa que deberíamos aprender: que los distintos no son enemigos. Y que si queremos construir una sociedad mejor, más justa, y todos los etcéteras que quieran agregar, será imprescindible que empecemos a visibilizar al otro, al de enfrente, como elemento constitutivo de cualquier salida.

La del choque, la del enfrentamiento constante, la de la exageración, y especialmente la que se basa en métodos para un mundo que ya no es el mismo, está probado: no nos conduce a ningún lugar mejor.

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