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Perotti no quiere fotos con Lifschitz y va a la guerra.

Foto : Cruz del Sur

Los enojos por el presupuesto. Las tensiones con los gremios y el Poder Judicial. La competencia viva con Lifschitz, y la necesidad bajarle el prestigio. Un gabinete sepia, y las dificultades para armar una estrategia de conflicto con los opositores, en un escenario desconocido para el peronismo en Santa Fe: el equilibrio de los poderes.

Dicen los que «lo conocen» que está demasiado enfocado en el conflicto. Más preocupado por debilitar a Miguel Lifschitz y en provocar efectos que en preparar su gobierno. Que no confía en nadie, y que empezó a mostrar su peor costado: el prepotente.Y que ese lado desplazó al del acuerdista, al moderado y al sobrio que tanto cuidó antes de llegar a la gobernación.

La convocatoria inconsulta al acto de Traspaso de Mando, motorizada por Perotti, que anticipa la falta de voluntad de llegar con normalidad al gobierno

Hace pocas horas le dijo a un grupo de periodistas: «Ni la foto del traspaso les voy a dar», dando por hecho que su propia convocatoria a un acto público en la explanada de Casa Gris el 11 de diciembre a las 19 horas, será el único momento en el que «se prestará a recibir los atributos de mando» y que no asistirá a la legislatura ni al Salón Blanco ese mismo día a las 11 ó un rato antes del acto – del que los funcionarios salientes se enteraron por la prensa- tal cómo le propuso el Ministro Farias en una carta que se conoció ayer.

No. Perotti quiere que «los socialistas pongan la cabeza en la plaza, delante de toda la militancia pejotista», invitándolos a una innecesaria exposición, plagada de riesgos:Desde el abucheo, hasta la agresión física. Temas que a veces, «no se pueden controlar».

El anticipo de un traspaso desprolijo, parece ser la continuidad de una transición donde el gobierno entrante no colaboró nunca en sostenerla: Las afirmaciones de algunos dirigentes como el diputado provincial «Quique» Bussatto, anunciando una herencia de «provincia arrasada», no se condice con los números de la hacienda provincial. La hiperactividad del gobernador saliente que no para de recorrer el territorio, ni de concretar inauguraciones, contradice en los hechos el diagnóstico opositor, y recalienta el clima.

«Lifschitz parece estar en campaña» dice un dirigente del peronismo tratando de justificar el enojo de Perotti, que efectivamente ve en el gobernador saliente una sombra con la que tendrá que combatir a lo largo de los próximos cuatro años.

La indefinición del futuro gabinete, la falta de reuniones técnicas entre los funcionarios que salen y los que entrarán, llevaron a Lifschitz a sacarse una foto simbólica con todo su gabinete, invitando al próximo gobernador a ir a la Casa Gris para comenzar el proceso.

«Omar no se va a sacar una foto con Lifschitz» asegura un colaborador del próximo jefe. Confirmando las intenciones de que el traspaso no pase a la historia, como uno más. Ni mucho menos.

Los focos ígneos, que prometen hoguera

El gobernador electo viene mordiendo el polvo de sus propias decisiones. Sus pésimas relaciones con los senadores peronistas provocaron el envío del presupuesto 2020 a la legislatura. La desconfianza de algunos de ellos, casi todos, apuró los papeles por temor al incumplimiento de las promesas. El cabecilla de esa asonada interna es el sanlorencista Armando «Pipi» Traferri, que ya no oculta sus discrepancias por la falta de contención en la futura gestión.

Traferri, la espina más dificil de Perotti en el Senado Provincial

El presupuesto podría ser tratado esta semana, para disgusto de Perotti que no quiere que nadie disponga de un centavo sin su autorización. Ni que la gestión de Lifschitz le marque la cancha sobre el destino de los recursos públicos para su primer año. Esa fue la excusa para romper relaciones, y afrontar lo que queda de la transición con ánimo de confrontación abierta.

El tema de los «contratados en condiciones de pasar a planta» parece haber llegado a la temperatura máxima: aunque desde los sindicatos se expresan deseos de concreciones, lo cierto es que Perotti ya les anticipó a los gremios estatales su posición: » a los que se quedan los elijo yo», en clara referencia a la posibilidad de que se le «cuelen» nombres del socialismo en la lista.

ATE se empieza a aparecer a la vieja ATE pre-socialista, y UPCN también. La cercanía con el poder los empieza a quemar y algunos empiezan a elegir el poder, antes que los intereses de sus afiliados. El «caso de los contratados» los pone en la incómoda situación de elegir intereses. Lifschitz decidió no correr con el costo del destino de los empleados en riesgo y expondrá a los gremios a la incomodidad de aceptar o rechazar el pase a planta de los «precarizados».

UPCN y el comunicado que anticipa su posición sobre la resolución de los «Contratados»

UPCN juega al juego del mandatario electo y avisa que «es un asunto a resolver con Perotti porque Lifschitz no fue capaz de resolverlo», pero desde ATE, parecen más preocupados por la suerte de los empleados y aceptan una solución inmediata, antes del 10 de diciembre.

Los destinos del gremialismo vernáculo parecen empezar a separarse. Fueron una roca sólida durante los doce años de gestión del Frente, pero las diferencias empiezan a marcarse a la hora de la «pertenencia» al gobierno. En las próximas horas, sino ocurrió ya, se empezará a visibilizar el asunto.

Finalmente, el futuro gabinete llenó de decepciones a los propios peronistas. Perotti advirtió al Kirchnerismo «que se quedaron con las listas de diputados nacionales y provinciales»y que el gabinete era un asunto casi personal.

Sin embargo las únicas «novedades» que trae el equipo de gobierno vienen de ese lugar: en SEGURIDAD trabajará Marcelo Saín- un hombre identificado con las políticas iniciáticas del Kirchnerismo- y el concejal rosarino Roberto Sukerman, en TRABAJO. El resto del gabinete parece sacado de un sarcófago: todos fueron ministros o funcionarios de Jorge Obeid y Carlos Reutemann. Todos formaron parte de un proceso que llevó al Estado santafesino a los extremos de la pobreza institucional, a una administración de la economía más ligada a las planillas que a las necesidades sociales y la obra pública, y todos, representan una fotografía sepia del pasado.

Nadie entiende por qué. Pero lo cierto es que las promesas de «jóvenes y mujeres» en el gabinete se esfumó en la primera conformación, y más aún, la de cuadros políticos y técnicos renovados, actualizados al nuevo Estado y a las nuevas demandas sociales. La botonera es otra, y los especialistas convocados, parecen formados para la era analógica, en plena revolución digital.

Otro foco que habrá que atender es su relación con el Poder Judicial. La designación de Gabriel Somaglia en Justicia, incomodó mucho a los jefes del palacio.Somaglia, al igual que Perotti, tiene estrechos lazos con el ex presidente de la Corte Suprema Nacional, Ricardo Lorenzetti. Un hombre que antes de llegar a la cima de la justicia nacional, nunca hizo pie en su territorio. Algunos miran con desconfianza, y auguran una tensión inesperada entre poderes.

En el Poder Judicial no cayó bien la designación de Somaglia por su cercanía con Lorenzetti

Finalmente, la obsesión de Perotti es Lifschitz. Entre la popularidad con la que se despide y su ubicación en el próximo escenario como Presidente de la Cámara de Diputados con mayoría propia, la idea de convivir con un claro candidato a sucederlo en 2023 lo llena de nervios. Todos los hombres ( y muy pocas mujeres, por cierto) que lo conocen a Perotti reconocen ese encono y esa preocupación. Al punto de que se lo escuchó decir : » todo es culpa de Lifschitz, todo es responsabilidad de él, con nombre y apellido» , anticipando el eje discursivo de los primeros meses de su gestión.

Con la cabeza lejos de las soluciones prometidas, y demasiado ocupada en solucionar sus asuntos internos y en desgastar al gobernador saliente, Omar Perotti afronta sus últimos veinte dias, fuera de la gestión con más nubes que soles. Espera magmas desde Casa rosada, y el cambio de algunos vientos que lo ayuden a empujar una gestión que empieza con dudas, con un gabinete sacado del siglo anterior, y en un escenario de equilibrios de poderes que el Peronismo nunca experimentó en el gobierno de la provincia.

Cambian los tiempos, cambian los gobiernos, y a muchos les cuesta adaptarse.

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