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No los menciones, no.

Un informe en la tele, hace enojar a un empresario. Una carta documento, una amenaza por millones de pesos sobre la mesa. No, no lo menciones más. Es lo que pasó en otros lugares. No mencionarlo es la solución. Que estalle el silencio sobre la vida y la historia de los hombres que se llenan de plata de la mano de lo que nos pertenece a todos. Que nadie diga más su nombre. Que desaparezcan los rastros. Que se quemen los papeles en los asadores. Que se hagan humo tus verdades. Sino, la vas a pasar mal.

No. No se te ocurra volver a arrobar el nombre de la candidata que se nombra en la grabación. Que nadie se entere. Y si se enteran, que a nadie de los que se enteran, les quede una sóla duda sobre las consecuencias de nombrarla. Que sí, que la nombran en la grabación, pero no se puede decir, porque… » es amiga de la infancia» dice un colega que la va de guapo en los amaneceres de la Chicago del sur, pero que se hace diarrea encima cuando se trata de decir lo que sabe. Y calla.

Que si, que a los demás si. Que a ella no, porque ella es ahora la dos. Dicen la dos, en los mensajes de Whatshapp, como si estuvieran nombrando a una jefa. O a la subjefa. Que «el uno» no quiere que se siga hablando del tema. Y entonces se apagan los relatos digitales, y las ediciones matutinas de este domingo hacen silencio. Silenzio stampa. Que lo sepan todos. Acá se hace silencio. De eso no se habla, porque si se habla… habrá consecuencias. ¿ Cuales? Olvídate de la pauta, olvidate.

Los dueños de las libertades, los ejércitos revolucionarios de las libertades de expresión. Los que llevan las remeras provocativas, los chalecos de las organizaciones que representan a los hombres libres se callan. Una vez más se callan. Como se callan los diputados y los senadores con el senador violador. Como se callan los diarios progresistas, que hablan, y hablan hasta que alguien dice : no se habla más.

Ya no hacen falta las pistolas. Con instalar el temor sobre las mentes atrofiadas por la bipolaridad de las falsas antinomias, alcanza y sobra. No importa para qué, pero ganamos. «Tenemos empleo». No importa que haremos, pero tendremos poder. No importa para que tendremos poder, si al final, lo usarán ellos. Para sus negocios, para sus propias ambiciones, para callar su vínculos con los narcos que les dejan mensajes pidiéndoles ayuda. Y ellos los ayudan. Cruzan el río, interrumpen una acción de la ley, van acompañados con los abogados de los narcos, chapean con sus cargos, con sus ex cargos, mienten sobre los motivos de su presencia, y después azuzan a los funcionarios con el mismo asunto: «de esto no se habla».

Hasta que uno habla. Y se contradicen. Y los silencios se vuelven incontrolables, porque la verdad sube como espuma reclamando que se destape la lata. Y sale. Pero ellos ordenan que nadie la vea. La espuma chorrea, ensucia, se seca y deja todo pegoteado el piso por donde pasa la institucionalidad, y dejan el piso marcado. Dejan huellas, se ven las huellas marcadas. Pero no se habla.

La vida continúa como nada. A nadie le importa lo que pasa, porque están ocupados por saber qué cuarto de kilo les tocará ocupar en los nuevos esquemas. Cuales son las áreas que serán sorteadas. A dónde llevarán a trabajar a sus amigos. No importa para qué, se trata de disimular.

Dan mucha vergüenza. Se llenan la boca con Bolivia, pero se hacen los giles con las papas que les queman en las manos. «Es táctico». No, silenciarse ante la bochornosa evidencia del delito no es táctica, es complicidad. Lisa y Llana.

Se borran los registros de los incómodos informes sobre el empresario que no se puede nombrar, nunca más. «Las chiques » no mencionan al senador violador. O al menos no se comportan contra él, como lo hacen con los que no son del palo. Y las tapas de los diarios locales hablan del daño de los cigarrillos electrónicos,de premios que no existen, de generalidades. Pero no hablan de la señora. Ni de la grabación, ni de la conexión de esas escuchas con los allanamientos interrumpidos.

Que hablen los diarios de Buenos Aires, dejalos. Ya los vamos a arreglar. Dale tiempo al Secretario. Que ya sabe como hacer para que ellos tampoco hablen más.

Que no hablen de ellos, que no los mencionen. Que no se te ocurra preguntarte si eso es o no verdad. Que no se te escape por la boca la pregunta inconveniente. Porque no habrá más teca, ni grass, ni dineritos para comprarla.

Silencio. Aunque todo el mundo lo sepa. Aunque todos estén enterados. Aunque nadie se sorprenda cuando lo escucha por primera vez. La sórdida pared de la conveniencia, el muro del dinero, la frontera de los que «están de este lado o no están».

Vaya precio barato que le han puesto a sus discursos revolucionarios. Se trataba de dinero. Nadie que vende su silencio por dinero, tiene ni tendrá ningún valor para el que lo compra. No importa. En realidad, como queda claro, nada les importa.

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