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El Frente que se va, el Frente que se viene, si viene.

A pocas horas de concluir el tercer mandato consecutivo, el Frente Progresista, ocupará un lugar central en el futuro institucional de la provincia de Santa Fe y deberá definir su futuro. Un escenario repleto de alternativas, incluso las que pueden llevarlo a la disolución. Dependerá de la inteligencia y la generosidad de los principales referentes.

No se termina un gobierno, se termina una era de gestión que seguramente entrará en la historia grande la provincia. Se acaba una experiencia de tres gobiernos sucesivos, de logros excepcionales y también, duela o no, el tiempo político de muchos dirigentes. Por razones biológicas, o por sus decisiones políticas que imposibilitaron la continuidad en el gobierno de la coalición.

LA PATA SOCIALISTA

En el partido de la Rosa tendrán que discutir puertas adentro sobre los errores cometidos. La desaparición de las urgencias electorales y las incomodidades que traían consigo, será la tierra propicia para debatir cómo continúan la historia.

En eso, los socialistas, tendrán oportunidades: y ahí serán claves los jóvenes, los campamentos de la Juventud, el funcionamiento de los órganos partidarios y usar esos lugares para reflexionar sobre los errores cometidos: Las dificultades que supuso la sucesión del indiscutido referente Hermes Binner, en la toma de las decisiones.

Se tendrán que abrir las bocas cerradas en su momento por las urgencias de la gestión, por las especulaciones electorales, y por las conveniencias sectoriales. Habrá que repasar las decisiones que se tomaron, y las dificultades que se generaron a partir de las miradas diferentes sobre el escenario nacional. El Socialismo sufrió mucho , la falta de alineamiento a los dos sectores que polarizan al país, y esa orfandad, se terminó convirtiendo en un talón de Aquiles.

Pero también lo fueron las diferencias internas entre Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, que tuvieron dificultades para hablar y diseñar políticas conjuntas. Nadie sabe, además de la natural competencia por la conducción del espacio, cuáles son los motivos que impidieron que esa relación se consolidara aunque sea tácticamente en los últimos cuatro años, y la profundidad de esas diferencias. Un testigo de sus encuentros me dijo no hace mucho tiempo: «No es que no se dicen las cosas, directamente no hablan. Se quedan a solas, y no consiguen hablar».

Los que vienen, corren el riesgo de repetir la historia. Las consecuencias lógicas de haber administrado poder, «contagió» a muchos de los cuadros intermedios del Socialismo, de esa pátina de vanidad y soberbia que suele aparecer en la sensación de dominio de ciertas situaciones, y eso rompió puentes internos de manera innecesaria.

Hasta hoy, esos conflictos fueron suturados por la corrección política y las discusiones postergadas a causa de la coyuntura eterna. Es el momento de discutir todo: Quienes, por qué, con quienes, hacia donde, y cuales son los límites del Partido.

Las gestiones dejaron intactos los valores políticos de fondo: ya se sabe, no hace falta decir, cuáles fueron las prioridades de la gestión. El balance es objetivamente positivo. Pero si no resuelven sus cuitas, si no asumen la dimensión de sus problemas internos, y especialmente, si no se ponen a trabajar en una estructura nacional que los contenga de manera sostenida, el futuro del partido dependerá de las figuras públicas que queden en pie para intentar recuperar el gobierno en la Provincia, y de los vientos oportunos.

Las principales dificultades que debe afrontar son internas: sobrevive en el Partido una cultura endogenista, un nivel de sectarismo importante y excluyente, y una notable ausencia de apertura a otros sectores, que siempre terminan «lamentando» esas conductas, y alejándose.

El daño real que causaron algunas defecciones, por apetitos personales, como el caso del eterno empleado público,Rubén Giustiniani; y las dificultades para enhebrar acuerdos con sectores que son prácticamente familiares, mirados a la distancia resultan inexplicables: Los socialistas mantuvieron los modos casi universitarios de resolver sus conflictos, mientras se convertían en la principal fuerza política de la provincia.

Esa doble dimensión le generó muchos problemas, pero al mismo tiempo sostuvo una cultura de formación política que casi desapareció en el resto de los partidos. Y sino, que le pregunten al PJ vernáculo.

A diferencia de otras fuerzas, el Socialismo tendrá como capital fundamental, la experiencia de gestión y la pertenencia de decenas de cuadros jóvenes preparados para hacerlo. Y también, un grupo de dirigentes fundamentales, que tendrán la obligación de sostener el ingreso de nuevas generaciones a las toma de decisiones.

Sin embargo, el retiro de Hermes Binner y el casi anunciado de Antonio Bonfatti – siempre habrá que aguardar su palabra final- dejaron al partido con un sólo nombre fuerte: Miguel Lifschitz. Hoy por hoy, el único con expectativas reales de conducir el nuevo proceso. Por su buena imagen de gestión, pero también por su condición de Presidente de la Cámara de Diputados por los próximos cuatro años.

Lifschitz tendrá una chance importante en dos años: ganar las elecciones a senador nacional, y ponerse formalmente en ese lugar.

Los que vienen detrás, en cuanto a expectativas electorales personales, vienen muy lejos: O no cuentan con experiencias electorales exitosas recientes, como la ex Intendenta Mónica Fein, o el diputado Nacional Enrique Estévez, o no han cultivado perfiles públicos electorales, como el caso del Diputado y ex Ministro de Gobierno, Rubén Galassi, indiscutido referente de un importante sector del PS, a pesar de haber quedado «afuera» de las estructuras del Estado, tras las elecciones provinciales.

El interrogante más grande «dentro del Socialismo», es el nuevo intendente de Santa Fe, Emilio Jatón. Un dirigente que hasta el momento ha jugado siempre dentro de la estructura socialista. Su gabinete responde a las expectativas del Socialismo mas barrial de la capital provincial, y su hermetismo verbal, deja abierta la puerta a todo tipo de interpretaciones. A diferencia de Pablo Javkin, que tiene una larga historia de militancia, el futuro de Jatón dependerá casi exclusivamente de la gestión al frente del Municipio. Allí sabremos, si estamos o no en presencia de una figura con expectativas provinciales. Hoy, tiene un gran respaldo popular, y ha sido muy cuidadoso en cuanto a las definiciones que permitan encasillarlo.

LA PATA RADICAL Y «PANRADICAL»

El radicalismo santafesino tiene un gran mérito: la mayoría de sus sectores internos sostuvo al Frente Progresista ,aún cuando la conducción nacional de la UCR intentó evitarlo de todas las maneras posibles, incluso interviniendo de manera inexplicable al partido.

Pero los problemas de los radicales son mucho más profundos: El radicalismo ya no representa una linea de pensamiento con sectores «más conservadores» y otros «más progresistas», sino que el último gobierno nacional terminó revelando que las miradas sobre la economía, sobre las prioridades sociales, e incluso sobre la institucionalidad, se han vuelto incompatibles.

La «pertenencia radical» se vuelve por momentos irracional: El radicalismo se «peronizó», y es frecuente escuchar a dirigentes decir cosas diametralmente opuestas desde lo ideológico, reivindicando los nombres de Alem, Irigoyen y Alfonsín. La proliferación de los «operadores» puros , como Enrique Nosiglia, multiplicaron en la UCR la existencia de ese «prototipo»de dirigente que negocia todo, que está dispuesto a negociar todo, y que no reconoce límites ideológicos ni morales.

Algunos radicales se enojan con esta frase, pero es cierta: Muchos radicales se dedican a saltar de sector en sector, sin ninguna medida por lo que van sosteniendo en los gobiernos- como los PJ que acompañaron a Menem y al Kirchnerismo sin despeinarse en el medio- y sus objetivos terminan siendo absolutamente menores y ciertamente inútiles ( al menos en sus resultados sociales) : Sólo buscan empleos.

El Macrismo vino a mostrar con claridad esa incompatibilidad, y quienes tuvimos la chance de ir a la última convención nacional radical, sabemos de la profundidad de las diferencias. Hoy es imposible que el Alfonsinismo comparta estrategias políticas con quienes se abrazaron al gobierno de manera incondicional: piensan dos países distintos. Y la Convención de Gualeguaychú, en 2015, fue la que determinó que Argentina tuviera un gobierno neoliberal crudo.

En Santa Fe, los radicales que ganaron son los Frentistas. Lo dicen los números de los legisladores provinciales y las representaciones en las intendencias y comunas. Y ahí, nacen las nuevas chances del radicalismo santafesino; con el llamado «Pan-Radicalismo»: Aquellos que ya no estaban en la UCR, que no fueron contenidos por el Socialismo, y que muy solos, consiguieron consolidar expectativas a futuro: Ahí reluce el nombre de Pablo Javkin, que será intendente de Rosario, y que atrae con claridad, la atención de muchos radicales.

Con Javkin incluido, los Radicales frentistas tienen varios nombres de fuste para pelearle el poder interno en el partido, y pelear en igualdad de condiciones al Socialismo, el liderazgo del FPCYS, o como se vaya a llamar en el futuro : Ahí aparecen los nombres de Maximiliano Pullaro, Jorge Henn , Fabian Palo Oliver, y el nuevo intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella, sólo por citar ejemplos, que responden a una nueva generación dirigencial, con formación política y probados límites éticos.

El problema son los otros: hoy llaman a la unidad y a la reconciliación, pero fueron imprescindibles para la derrota del Frente en las últimas elecciones a gobernador, y jugaron con alevosía en el intento de romperlo. Ahora, que quedaron huérfanos de poder y empleo, buscan amparo. Al mismo tiempo se los ve negociando, incluso con el peronismo, para afectar el poder subsistente del Frente en las Cámaras, o de los Concejos Municipales.

La asunción de Carlos Fascendini en la presidencia del Comité Provincial, parece consolidar la tendencia «progresista» en Santa Fe. Las dudas se plantean en torno a si aceptarán o no a los que se «fueron a Cambiemos», y si se seguirán aceptando comportamientos oportunistas y chantajistas, como los que representaron algunos referentes del MAR, que mantuvieron un pie en cada lado, cobrando siempre por las ventanillas más convenientes. Eso, se acabó, parece. Pero, lo dirá el tiempo.

LOS OTROS. LOS QUE ESTÁN, LOS QUE NO ESTUVIERON,LOS QUE SE FUERON, LOS QUE VENDRÁN

El triunfo de Omar Perotti contó con una colaboración central: miles de militantes del Kirchnerismo, terminaron inclinándose hacia su candidatura por «conducta partidaria», y en nombre de la Unidad. En algo tenían razón: La indefinición nacional del Frente, siempre los puso en la incómoda situación de sentirse ajenos a sus gobiernos.

Es probable que el Kirchnerismo duro nunca haya votado al acuerdo de socialistas y radicales, por razones de «piel». Pero también es cierto que en algún momento, compartieron el electorado, y las condiciones objetivas de la discusión nacional, los puso a muchos en la obligación de votar por Perotti, porque era el sapo que habia que comerse para que Perotti apoyara a Fernandez- Fernandez en las nacionales. Y en esto habrá que ser claros: lo hizo. Contra su propia naturaleza tibia, lo hizo. Y ahi no quedaron dudas, más allá del sorpresivo resultado negativo en las generales, si se los compara con el holgado triunfo en las PASO.

Sin embargo algo queda claro, sobre todo después de conocerse el componente mayoritario del gabinete de Perotti: esos nombres ni representan el «progresismo» que esperaban muchos, y afinando un poco la proyección de esos nombres sobre la futura gestión, es probable que apliquen políticas contrarias a las convicciones de muchos de sus votantes.

Ahí se encuentran miles de santafesinos que defienden a la salud pública, a la Educación Pública, y que comparten casi en la totalidad, las políticas públicas que desarrolló el Frente Progresista. Allí gremios, dirigentes sociales, dirigentes empresariales, Organizaciones sociales, y muchos trabajadores, que sentirán más temprano que tarde, cierta soledad.

Lo mismo con los peronistas que ya muestran diferencias con los modos del nuevo mandatario. La transición mostró el lado menos encantador del Rafaelino, y algunos compañeros territoriales le mostraron los dientes.

El Frente debe incorporarlos. Darles una puerta de entrada menos incómoda, y aprender de los errores que alejaron a muchos de ellos.

Hay dirigentes de mucho valor que comparten ambos escenarios, y la responsabilidad de que esa convivencia sea posible, dependerá en gran medida, del nivel de apertura mutua, a la hora de armar las propuestas electorales. Allí, la generosidad de los partidos tradicionales debe efectivizarse, no declamarse. Y allí serán claves los dirigentes más experimentados, y sus capacidades para comprender que los partidos políticos están en crisis en todo el mundo. Y que como tales, hoy carecen de sentido sin una ampliación real de sus bases.

La «no pertenencia» a esas construcciones, a pesar de que respondan a sus principales demandas, implica siempre una distancia innecesaria. La obligación del certificado de Socialista o radical «pura cepa», ha cumplido con las apetencias personales de quienes , en muchos casos,cuentan sólo con esa condición, y desplazaron a muchos otros que sin serlo, terminaron afuera del Frente y en algunos casos, militando contra él.

EL FACTOR PAÍS, ESE IMPONDERABLE PERMANENTE.

Aún así, es obvio que todo eso no se puede analizar fuera del contexto que tendrá el país por los próximos años. Ni está exento de los movimientos que han generado las convulsiones sociales en buena parte del continente y el mundo.

El Frente Progresista o cómo se vaya a llamar en el futuro, tendrá los condicionamientos externos que ya tiene, y es probable que se le sumen otros, que nacerán de las maneras en las que se vayan o no resolviendo los conflictos, o hacia donde se vayan trasladando.

Lo económico será medular: las demandas sociales y la capacidad de respuestas que tenga el gobierno de unidad peronista, se convertirán en aliados o enemigos de la gestión de Perotti, pero expondrán también al Frente en sus contradicciones políticas internas, y exigencias de posicionamientos que volverán a poner en aprietos públicos a la Coalición.

Cómo obvio corolario, y cayendo en el sentido común más vulgar, habrá que medir todo con el transcurso del tiempo. Y es también obvio, que proyectar escenarios a cuatro años, en este mundo de hoy y en este país, está mucho más cercano a la Ciencia Ficción que a la Ciencia Política.

Aún así, es una hora importante para una coalición nacida hace más de 20 años, que tiene mucho que defender y que aún afuera del gobierno- o del poder ejecutivo- tiene en su haber una cuota importantísima del poder en Santa Fe.

Aprovecharlo o diluirlo de manera definitiva, está en manos de los dirigentes. Pero también de los militantes. Que deben romper algunos diques sagrados, y exigir los cambios que hagan falta. Al menos reclamarlos. Para que la sociedad entienda que eso está vivo. Y que cualquier pretensión de retorno al poder, debe estar fundado en algunos valores superiores a las expectativas personales de sus dirigentes.

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