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No era imposible, Hermes.

Hace doce años, Mercedes Sosa nos hacía llorar a todos en una Costanera poblada hasta el infinito. Las gargantas de miles de santafesinos coreaban que «cambia, todo cambia», y las vallas de la Casa Gris, caían para siempre.

Doce años pasaron desde aquel día en que Hermes Binner asumía la gobernación de Santa Fe, para romper la historia de 24 años repletos de vergüenzas. Para deshumillar a todos aquellos que habían sufrido el desconsuelo de la ausencia permanente del Estado.

Hace doce años que Santa Fe comenzó una historia política, que quedará enmarcada en dorado por sus resultados, por sus consecuencias , por la transformación de realidades que hoy resultan dificiles de recordar, sencillamente porque están enterradas. Porque fueron sepultadas por el trabajo, por la solidaridad, por las prioridades humanas, por el sentido común, por la rebeldía a lo que entonces se entendían como imposibles.

Que si, que fue Quijotezco,pero fue. Que no responde a la naturaleza ni las costumbres de las políticas tradicionales argentinas, pero fue realidad. Que cuesta valorarlo cuando se naturaliza. Que pierde dimensión cuando estamos dentro.

No era imposible gobernar para el beneficio de los abandonados.

No era imposible llevarles agua, cloacas, gas a los que no lo tenían.

No era imposible pagarle dignamente a los docentes, ni mejorarles las condicione laborales, ni darles concursos, ni traslados, ni titularizarlos.

No era imposible hacer las rutas que conectaban con el norte. No era imposible hacer aquel camino que unía a dos pueblos y que la lluvia los separaba, hasta que el sol volviera a endurecer la tierra.

No era imposible hacer las obras que evitaran las inundaciones en La Capital.

Ni era imposible llevar agua potable al oeste, ni al norte.

No era imposible tener hospitales nuevos, medicos y enfermeras orgullosas de su trabajo.

No era imposible acabar con la discriminación.

Ni era imposible que el Estado se hiciera cargo de producir misoprostól, antibíoticos, insulina, aceite de cannabis, drogas oncológicas.

No era imposible tener un código procesal penal más justo, que defendiera a las víctimas, que las incluyera en el proceso. Que las protegiera.

No era imposible hacer centenares de escuelas nuevas, miles de aulas. Instalar educación terciaria en los pueblos.

No era imposible tener refugios para las mujeres maltratadas, para los miembros del colectivo LGTBI perseguidos y discriminados.

No era imposible que la policia no reprimiera las manifestaciones sociales.

No era imposible que las empresas del estado funcionaran, se equiparan, ofrecieran mejores servicios

No era imposible generar políticas de generación de energía alternativa.

No era imposible que todos los pueblos y ciudades de la provincia tuvieran acceso a la cultura, y que se levantaran enormes refugios para los artistas y los niños.

No era imposible hacer obra pública sostenida.

No era imposible modernizar al Estado, conectarlo, acercarlo a la gente.

No era imposible poner en marca planes que incluyeran a los que no tenían destino, que transformaran a los clubes y los barrios de las principales ciudades. No era imposible que los adultos tuvieran la chance de volver a estudiar. No era imposible ir a buscar casa por casa a los chicos que abandonaban la escuela.

No era imposible gobernar con decencia. Que transcurran doce años sin que existiera una sola causa de corrupción contra los funcionarios públicos.

No era imposible administrar bien el estado, obtener la máxima confianza como deudores y ser respetados por ellos, para recibir el financiamiento que se necesitaba.

No era imposible defender los intereses del Estado Provicial, ir a la Justicia y reclamar por los recursos que nos debían. Y conseguirlos, aunque la desgraciada historia de este país no terminara cumpliendo, ni con la orden de la Superma Corte de Justicia.

No era imposible gobernar con minorías en ambas cámaras, ni establecer acuerdos con el adversario para que a él, también le fuera bien. Para que él, también pudiera darle respuestas a sus representados.

No era imposible cambiar las reglas electorales para que sean justas, claras, para que todos tuvieran igualdad de oportunidades.

No era imposible la transparencia.

No era imposible trazar un plan, y cumplirlo.

No era imposible recuperar el honor, no era imposible mirar a los ojos a los gobernados. Ni ver a los gobernantes caminar por la calle, sin temor al reproche por el abandono, por el incumplimiento, por el delito en la acción pública.

No,no era imposible.

Doce años, de aquella tarde que nos cambió la vida para siempre a todos los santafesinos. De aquel atardecer en el que la Negra Sosa nos deseó suerte. Se abrazó con Hermes y todos lloramos de emoción.

No era imposible.

A doce años de aquel comienzo, vaya este homenaje para el hombre que indicó el camino de ida. El que nos dió los ejemplos. El que se fue a su casa, sin un centavo más del que tenía cuando ingresó a la función pública.

Vaya este abrazo a Hermes Binner.

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2 thoughts on “No era imposible, Hermes.

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