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Sobre la persecución al humor

La risa, el humor y los chistes políticos suelen ser pequeñas revoluciones y enemigos acérrimos del autoritarismo, las dictaduras y los totalitarismos”.

George Orwell

Una comedia brasileña que pone en dudas la sexualidad de Jesús, un cartel de una cervecería que modifica un slogan contra los abusos sexuales y lo convierte en publicidad. Cuando el humor se convierte en un problema, el problema es la libertad. ¿ El humor es el problema?

Reírse es la manera más sana de escapar a lo insoportable. Implica desnudarse frente a los demás, reconocernos en lo que nos provoca esa descarga emocional, y multiplicar endorfinas. El humor es sin ninguna duda, una de las pocas herramientas humanas inoxidables para combatir la estupidez, la injusticia y el abuso, sin necesidad de apelar a la violencia. El humor es lo contrario a la violencia. Aunque algunos se violentan con el humor.

El humor es un espejo que modifica la realidad para que la podamos observar desde una perspectiva absurda y entretenida, porque a veces la realidad es demasiado dura como para afrontarla seriamente. Mark Twain decía que el secreto del humor no era la alegría, sino el dolor. El humor aligera el dolor. Nos pasa a todos cuando en un velorio pasamos de llorar desconsoladamente por la pérdida, y al rato nos estamos riendo del hombre o la mujer por la que acabamos de llorar.

¿Cual es el límite del humor? objetivamente ninguno. Después cada uno de nosotros elige sus límites. Cada uno sabe hasta dónde le llega el sentido. Pero eso vale para uno, no para todos. El remedio es no consumir lo que no nos gusta. Cambiar el canal, no leerlos, no comprarlos.

El genial dibujante y humorista argentino Dante Adanti- fundador de la revista española Mongolia- dice que, el gran cambio ha venido de la mano de las redes sociales. En ellas entramos en contacto con otras formas de hacer reír que no son las nuestras. Ante esta situación, Adanti plantea: “Deberíamos hacer todos un esfuerzo para no indignarnos con el humor de los demás”. Eso. El esfuerzo hay que hacerlo para no enojarnos, no para reprimir al humor del otro.

Todos tenemos claves de humor diferentes, y es probable que esas claves, sacadas de contexto y sometidas a la lectura general, se conviertan en motivos de ofensa. Pero allí el problema es de quien se ofende, no del que hizo el chiste. La idea de que «hay temas con los que no se hace humor» implica erigirse en censor. Asumir que somos dueños del humor del otro. Y que estamos autorizados a decidir, sobre qué nos podemos reír y sobre que no. ¿ Por qué?

Cuando empezamos a hablar de poner límites al humor, hay que tener cuidado sobre lo que terminamos atropellando:¿dónde están los límites? ¿En el buen gusto? ¿Qué es buen gusto? ¿Es tu buen gusto igual al mío? ¿O al de la persona que tenés al lado? ¿Dónde está el buengustometro oficial? ¿ Y si hay uno paralelo o «blue»?¿Hay humor políticamente correcto? ¿ Y qué hacemos si es incorrecto? A mi me causan gracias cosas que a vos no. ¿ Y como dirimimos eso? ¿ Disimulamos? ¿ no nos reímos? ¿Profundizamos la hipocresía? ¿Cómo se trabaja con fronteras tan invisibles? ¿Y no podemos traspasar esas fronteras? ¿ Cómo las vemos?

La libertad y los derechos no pueden ser nunca limitantes del humor. A lo mejor debemos educar a la sociedad para que se dé cuenta de que si algo de lo que ve, escucha o lee no le gusta, puede dejar de hacerlo. ¿Pero es libertario abrir una campaña contra el que lo hace? Libertario es reírse, provocar risas, y dejar en evidencia a la crueldad.

El tema es este: si decidimos demonizar todo lo que no le gusta a alguien, vamos camino a ese fraudulento ejercicio de la libertad que es la autocensura. Le abrimos la puerta al espiral del silencio para no molestar a nadie y al no molestar a nadie, no estamos cumpliendo con la función primordial del humor y la libertad.

¿ En serio algunos/nas creen que hay temas sobre los que no nos podemos reír?. Yo no me reí con el cartel de la cerveza,me pareció confuso y de mal gusto, pero tampoco encontré en él una «banalización de la violencia de género». Es más: creo que cuando una sociedad incorpora mensajes y los usa en clave de humor, lo que está diciendo es que lo comparte. No lo pisotea. Lo reconoce y lo usa. ¿ Alguien cree de verdad que los que lo hicieron perseguían algún otro propósito que vender cerveza?

Chaplin se rió de Hitler. ¿ Hay alguna obra más contundente que El Gran dictador, contra el Nazismo? ¿ O algunos todavía creen, como entonces, que el genio de Charles, estaba banalizando al peor criminal de la tierra?

El humor es mucho más efectivo que un discurso. Es demoledor. Y si en esa acción, caben reacciones, habrá que preguntarse por qué no soportamos ese chiste. Cuando algo nos incomoda, y no depende de nosotros, hay dos formas de reaccionar: o lo respetamos, o no.

La reacción contra el humor, es autoritaria. Preguntenle a los humoristas sobrevivientes de Charly Hebdo, sino. Revisen la historia de los humoristas judíos asesinados durante el nazismo. Repasen si en la URSS de Stalin, los diarios tenían tiras humorísticas. Abran los diarios cubanos y venezolanos, y busquen con lupa, si encuentran, chistes políticos que no sean sólo propaganda oficial y que no tienen nunca, replica. Busquen humoristas políticos en los países donde gobierna el fanatismo islámico.

Los fanatismos no soportan el humor porque les pone en jaque la rigidez e un discurso, que como todos, admiten – les guste o no- cuestionamientos. El feminismo, como todos los ismos, tiene el sentido del humor corto. Las religiones también. Podemos denunciar al machista por violento, exigir políticas preventivas para frenar la violencia sobre la mujer, y llevar adelante cambios culturales celosos, que identifiquen al machismo en su mínima expresión. Lo que no se puede, ni se podrá, es evitar que haya gente que se ría. Por perverso que suene. Por idiota que parezca. Por canalla que resulte. Y no hay remedio contra él. El humor visibiliza, muestra,desnuda. «No se trata de hacer burla de estos hechos, se trata de esa risa liberadora al pensar que menos mal que no hemos sido nosotros» Dice el guionista de humor español, Nico Campos.

Imaginen un mundo en el que sólo cabe «el humor políticamente correcto». Serán sociedades sin humor. Y si el humor se licúa en los límites de esa corrección, lo que tenemos es un salpicado de tonterías y discursos agrios. Que nadie le quite al humor el lugar que siempre tuvo: cuestionar. Ponernos en crisis. Obligarnos a reírnos de nosotros mismos, por sobre todas las cosas. Si se ríen de nosotros, algo estaremos generando en el otro. Es importante mirarse al espejo y aceptar que es posible que estemos ofreciendo una imagen que valida la risa.

El humor nunca es violento. Lo que es violento, no es humor. Es otra cosa. Es un juego de matones midiendo el tamaño de sus penes. Es el bullyng contra el feo o el gordo en los recreos escolares, o esa escena de violencia explícita que fue la celebración de egresado de una universidad privada, donde había violencia física, y usaban la frase feminista, para golpear y maltratar al recién recibido: Eso no es humor, claro. Cuando no hay nada gracioso, no hay humor.

El gordo Casero,Dady Brieva, Malena Pichot perdieron el humor. Ya no causan gracia, porque hablan desde la bronca, desde la violencia. Desde la venganza. Una cosa que- por ejemplo- ni Tato, ni Saborido, Maitena, Capusotto o Ariel Tarico, o los muchachos de Peligro sin Codificar, o Fontanarrosa hicieron o hacen. Hacen humor, y en muchos casos molesta o molestará.

Cuando hay humor, hay inteligencia. Te puede gustar o no. Te puede causar gracia o no. Te puede provocar enojo, claro. Pero insisto: lo que habrá que hacer es aprender a convivir con eso. No prohibirlo. No perseguirlo. No atribuirnos el derecho a censurar lo que no nos gusta.

Si vas contra el humor, vas contra la libertad. «Sabelo».

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2 thoughts on “Sobre la persecución al humor

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