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El slogan,los hechos, los Monos y la policía

La temeraria cadena de crímenes en los últimos días, tanto en Rosario como en Santa Fe, dejan en claro algo: La Seguridad no es un asunto de escritorios, ni se resuelve anunciando un par de medidas, ni tirando por la borda todo lo que hasta ayer había conseguido dar algunos pasos hacia adelante. Culpar a toda la policía, es culpar a nadie. Tener un doble comando, en una estructura esencialmente verticalista, es muy peligroso.

Hay algo que es obvio: la mayoría de las muertes, la inmensa mayoría,son «comunes». Y lamentablemente en nuestra provincia, y en gran parte de los conurbanos de las principales ciudades argentinas, tienen que ver con la mera violencia. La violencia es la consecuencia de un montón de factores; especialmente sociales. La marginalidad, la ausencia de valor de la vida propia, y menos aún la de los otros, y esa larga ausencia el estado en igualar las condiciones de vida de mucha gente, termina generando una banda cada vez más ancha de sujetos que están dispuestos a resolver sus rencillas a balazos o cuchillazos. Y algo aún más grave: un sector de esa marginalidad cultural, que termina delinquiendo sin los mínimos limites humanos. Da igual gatillar o no. Da igual, si el asaltado vive después del asalto. Por una sencilla razón: la mayoría de ellos, saben que sus vidas no tienen mucho destino. Así mueren sus hermanos, sus primos, sus vecinos o sus compañeros de celda, en las hacinadas cárceles argentinas.

El otro gran problema es la existencia de organizaciones delictivas vinculadas especialmente al narcotráfico: La de los Monos, seguramente es la más emblemática. La banda que tanto el Kirchnerismo como el Macrismo utilizaron como bandera de desprestigio del socialismo. Lo hizo Larroque, mientras Agustín Rossi aplaudía en la Cámara de Diputados, diciendo que «nunca había oído hablar del narcosocialismo», lo hizo el ex intendente santafesino de Cambiemos, José Corral utilizando los mismos términos en la última campaña electoral. Lo sugirió el actual gobernador Perotti durante la campaña, también, y lo agregó en su discurso de asunción: afirmó que se acababa una época de complicidad de la política con el delito. Nunca mostraron una sola prueba de eso, ninguno de ellos. Pero con esa leyenda, supieron lastimar hasta el hueso a la coalición gobernante de Santa Fe, durante los últimos doce años.

En Santa Fe, vale recordarlo, la Policía Federal fue protagonista de un escándalo por protección al narcotráfico, con dos Jefes detenidos de manera sucesiva que coimeaba a las bandas narcos. Uno de ellos terminó autolesionándose para justificar un robo en la Ruta 9. Eso fue, sin lugar a dudas, una buena muestra de la casi nula colaboración «nacional» que tuvo la seguridad santafesina, tanto del Kirchnerismo como del Macrismo, que siempre vieron en los gobiernos del Frente Progresista un enemigo político, al que había que desbancar. Y lo consiguieron.

Los Monos, Los Alvarado y todas las bandas que proliferaron en el territorio provincial, tienen una condición común: todas fueron desbaratadas por las fuerzas policiales de la provincia, y fueron juzgadas por los tribunales ordinarios y por delitos comunes. Los policías que participaron en ambas bandas, fueron detenidos, procesados y condenados por la justicia santafesina. Ni durante el Kirhnerismo, ni en gran parte del Macrismo, la Justicia Federal, ni las fuerzas federales- primarios responsables del delito de narcotráfico- hicieron nada. O sea: si en Santa Fe hay bandas narcos, están desarticuladas y presas. Y si hay policías cómplices de esas bandas, también. Lo hizo la propia policía de Santa Fe. Pudiendo no hacerlo. Y lo hizo: más de 1000 policías pasados a disponibilidad en los últimos cuatro años. Otros 800, en las dos gestiones anteriores.

Ninguna otra provincia del país hizo lo que hizo Santa Fe. Ni puede exhibir semejante estadística de depuración en las fuerzas: ¿ Por qué entonces, semejante saña?¿Se puede hablar tan livianamente de una complicidad de toda la fuerza con el delito? No. Pero ese es el camino más cómodo. Si son todos, no es nadie. Y en ese silogismo, siempre gana la impunidad.

LA GESTIÓN, DEL SLOGAN A LA REALIDAD MÁS CRUDA

Ganar una elección es fácil. Gobernar ya es otra cosa. El eje de campaña de Omar Perotti fue «Paz y Orden», dos conceptos con los que en general todos estamos de acuerdo. El problema es cómo. Y fue, lamentablemente, una pregunta que nunca respondió el ahora gobernador durante la campaña. Ni ahora, desde que asumió el gobierno.

A la gestión del ex Ministro Maximiliano Pullaro se le pueden cuestionar muchas cosas. Pero nadie le podrá imputar la falta de un plan. Un plan que, con todas las dificultades que implica la seguridad, se fue cumpliendo lentamente. Con avances muy valiosos, como el sistema de inteligencia policial central de Rosario – el OJO- y una inversión en equipamiento que no tiene antecedentes.

Pullaro, además, fue el ministro que más denuncias presentó ante la justicia contra policías. De hecho, hizo la denuncia, que derivó en la salida y posterior detención del ex jefe provincial de la Policía, Rafael Grau. Grau tuvo el cargo de jefe de la Policía de la Provincia de Santa Fe desde septiembre de 2015 hasta mayo de 2016, cuando Pullaro, ministro de Seguridad, decidió investigarlo por defraudación al Estado y lo desplazó de su cargo. Se lo acusa, a él y parte de la cúpula policial, de desviar fondos destinados al arreglo de patrulleros.

Pullaro y Saín, en los tiempos de su llegada a Santa Fe

La asunción de Marcelo Saín al frente del Ministerio despertó cierta tranquilidad en los antecesores: llegó a Santa Fe como asesor del propio Pullaro, luego se incorporó al Ministerio Público de la Acusación, y en todas las declaraciones públicas anteriores a su asunción, reveló su conformidad con todas las políticas que se llevaban adelante.

Es más: se reunió dos veces a solas con el ex ministro, y lo hizo en silencio – sin filtraciones a la prensa- por expreso pedido del gobernador Perotti. Las relación de los dos ministros siempre fue buena, y ambos comparten ( o compartían) el mismo diagnóstico sobre el escenario criminal y policial de la provincia. Hasta el discurso de asunción de Perotti. Y algo más: hasta la decisión de nombrar a un ex comisario – Victor Sarnaglia- al frente de la policia de Santa Fe.

Sarnaglia y Sain no compartieron nada. No hay un sólo dato que permita establecer un vinculo entre ambos, anterior a la designación del Ministro. En cambio el nombramiento del policía era una decisión anterior: Saín no puso a su Jefe. Se lo impusieron. Y hoy sufre las consecuencias de esa ajenidad.

Victor Sarnaglia, es precisamente la representación de la vieja policía. Un Comisario exonerado por el entonces gobernador Obeid, y que luego se incorporó al trabajo del ministro de seguridad de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Sarnaglia fue uno de los hombres más cercanos a Montenegro, al momento de la creación de la policía metropolitana y está mencionado en las escuchas que derivaron en el procesamiento del ex presidente Macri. Nunca sus ideas fueron las mismas que esgrime Saín a la hora de plantear una solución al problema de la seguridad y el delito. Son dos modelos opuestos, y esa contradicción se lee claramente dentro de las fuerzas policiales.

El problema que afronta Saín hoy, es la sensación del doble comando: la policía recibe dos discursos diferentes. Uno garantista y a largo plazo, y uno reduccionista, que apela al «gatillo fácil». En apenas veinte días, Saín nombró y luego destituyó a los jefes regionales de Rosario y Reconquista. Las razones son exclusivamente simbólicas: los jefes reconocieron tener condiciones mejores de las que el Ministro dice que recibieron. Y Saín lo sabe porque formó parte de la estructura anterior. Pero el gobernador necesita un discurso claramente enfrentado a lo recibido. Y así se cometieron errores graves, como imputarla el ex gobernador Lifschitz y al ex diputado Rubén Galassi, alguna participación en los incidentes de Rafaela, o difundir una orden humillante a través de un mensaje de WhatSapp contra un comisario en Rosario.

Todo eso daña la relación política con la policía. Y si hay algo que queda claro, y lo dijo muchas veces el propio Saín, es que la única manera de desarrollar políticas efectivas, es contando con la policía, nunca contra ella. El control sobre la fuerza debe ser político. Y ese control se ejerce, sobre tocas las cosas, con respeto de las fuerzas hacia la autoridad. Una autoridad que debe ser única, nunca bífida. Que debe impartir órdenes claras, nunca contradichas por el propio jefe de la Policia.

El problema de Saín , es que llegó al Ministerio sin tropa propia. No tiene aceitado ningún vinculo con la «tropa», y quien lo secunda, Sarnaglia, no sólo no goza de ningún respeto en la fuerza, sino que se encarga de complicarle el camino. Sarnaglia habla como Ministro, se viste como Ministro y toma decisiones inconsultas con el Ministro. Y eso se nota, y produce efectos políticos devastadores.

Sobre todo viniendo de un proceso de clara baja estadística en crímenes y hechos violentos. Esas políticas no pueden echarse por la borda. No se puede refundar en seguridad. No hay tiempo para eso.Cada dia que se pierde implica el riesgo de una pérdida de vidas.

LAS BANDAS ETERNAS

Si algo pasó en estos días, seguramente es materia de investigación judicial, es que las bandas volvieron a estar sueltas. Y eso tiene que ver con la ausencia de actividad policial clara. Echarle culpas a una policía que recibe órdenes confusas es cuanto menos injusto.

Decir que se está pagando el precio de haber «pasado a disponibilidad a 30 jefes» es muy simplista. Pullaro puso en esas condiciones a más de 200 policías de alta jerarquía, y en plena actividad. ¿ Por qué las reacciones serían de este tenor?

La idea de que la policía es parte del delito tiene un valor relativo en el diagnóstico. Acusar a toda la policía de serlo, implica quebrar la confianza. Y eso, si, es grave. Porque las consecuencias pueden ser catastróficas. Lo que debe hacer el Ministro es denunciar puntualmente a los policías sospechados. No acusar genéricamente. Es un ataque a todos los policías.

«Es primario saber como funcionan los enfrentamientos de bandas narcos en Rosario. Tablada, Las Flores, Barrio Municipal, es una linea conocida por todos. Seis de cada siete muertes se producen en enfrentamiento de bandas que pelean por el territorio. Cuando una zona explota, automáticamente explotan todas. Porque queda sensación de descontrol. Y eso es lo que pasó en los últimos dias» dice un policia en actividad, que no entiende las lógicas de las políticas implementadas por un gobierno al que votó.

Los Monos, Los «Alvarados» y todas las bandas más o menos grandes de narcotraficantes que funcionaron en Rosario, tienen sus propias luchas por la sucesión. Que el «Guille» Cantero- preso en Buenos Aires- siga dando órdenes desde la carcel no es un problema de la policia de Santa Fe. Sino una grave falla en el sistema de control de presos federales.

Saín tiene que definir un plan. Sarnaglia debe dejarlo hacer. Y Perotti bajar un cambio en su monótono «Todo es culpa de los anteriores». La solución, siempre, es política.

Demanda inteligencia, capacidad y un grado importante de convicción en los modos que se eligen. Nada de eso confluyó hasta ahora. Y no se puede seguir peleando contra todos, sin pelear contra nadie.

Perotti debe darle poder a Saín. Saín debe convocar a los mejores, y abrir un debate serio con la oposición, sobre sus planes. Pedir plata por la via de la emergencia no es una solución. La solución vendrá de la convicción que se le transmita a la policía. De la confianza que se le tenga a la autoridad política. Y del respaldo de esa autoridad, tanto de los propios como de los adversarios. Nada de eso, parece estar pasando. Y pasó un mes. Que guste o no, se suman a los seis de la transición fallida.

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2 thoughts on “El slogan,los hechos, los Monos y la policía

  1. De dónde saca el dato de que Sarnaglia fue exonerado?
    Ningún gobernador designaría un JPP sin antes tener sus antecedentes.. y jamás nombraría a un echado de la fuerza..

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