La desvergüenza y la clase

El final de la película de la «Ley de Necesidad» serà recordado por muchos, como una de las palizas políticas más grandes que recuerde la historia de la institucionalidad santafesina. Sin anticipar el futuro,claro, lo que quedó en evidencia es que la estatura polìtica no se alcanza con agencias publicitarias, que a la ética no se la puede ejercer si no es la consecuencia de una historia, y finalmente, que «ganar» no necesariamente implica lograr el èxito que se busca , ni «perder» es sinónimo de fracaso. En este caso, todo lo contrario.

Primero se votò el Fondo para combatir la Pandemia. 15 mil millones que eran 6 mil hace cinco dìas, pero que se fue inflando con el paso de las horas. Un fondo que ninguna provincia generò, porque se supone que en estas circunstancias, nadie pone en dudas que todos los recursos del Estado deben estar destinados a cumplir con el objetivo de salvar vidas. Pero bueno, aùn asì, Perotti se hizo de un «Fondo» de 15 mil millones adicionales a los que tiene. Y veremos en el tiempo còmo y para qué se usa. Si es que alguna vez, rinde esa cuenta.

LA DESVERGUENZA

Diputados «sancionò» la ley de Necesidad Pùblica. Y lo que el peronismo hizo hasta llegar a la penosa sanciòn definitiva de esa ley, puede ser guardado como modelo del «triunfo» que supone un estrepitoso fracaso.

Con el Poder Ejecutivo, con la Càmara de Senadores, con los gremios estatales cumpliendo el papel de barrabravas amenazadores, con la mayorìa de los medios de comunicaciòn silenciados bajo presiòn de no recibir pauta pùblica, con la colaboraciòn de los mercaderes de siempre que se dan vuelta apenas reciben un vuelto y con una poblaciòn profundamente angustiada por las horrorosas circunstancias sanitarias y económicas, con todo eso, necesitaron del apriete personal y del uso de la propaganda mentirosa, para conseguir que la ley de necesidad sea finalmente ley. Y aún así, perdieron.

Quedó muy claro ayer en el recinto. Quedó claro con las dificultades lingüísticas que tuvo el ùnico orador del oficialismo, intentando explicar su defensa de la ley: El diputado Leandro Busatto desmentìa con la incomodidad de su cuerpo lo que explicaba con las palabras. Claramente defendió argumentos en los que no cree.

Un puñado de diputados del peronismo, abrazados a otros de Juntos por el Cambio – PRO- y algunos de los diputados Pro-Vida que llegaron a las bancas de la mano de Amalia Granata, votaron a favor de la «Ley de Necesidad». El resto, los diputados del Frente Progresista, y algunos otros que reconsideraron sus pasos anunciados, se abstuvieron. Y la ley quedò sancionada con menos del 25 % de las voluntades de la Càmara. Un triunfo raquìtico, ilegìtimo y vergonzoso. Una derrota de la polìtica. Y la sanciòn de una ley que no tiene ninguna justificaciòn real.

Nadie entiende por què y para què, un gobierno que tiene 10 mil millones de pesos en un plazo fijo, que recaudò sin inconvenientes durante diciembre, enero y febrero, que no le pagò la energìa a Cammesa, que no le pagò a los proveedores, que no les aumentò los salarios a los empleados pùblicos, que paralizò la actividad estatal durante todo el mes de enero, y que no fue capaz de gastar ni en el mantenimiento de los vehìculos de la policia, necesita 57 mil millones de pesos para cubrir «gastos corrientes».

Un dinero que saldrà, si sale, de prestamos bancarios a tasas fenomenales y que ni siquiera, por lo que dice la ley, serà utilizado en alguna inversiòn pùblica que apunte a reactivar la economìa, a recuperar los miles de puestos de trabajo que se perdieron por culpa de la paralizaciòn de la obra pùblica, ni a recomponer las cuentas de las miles de pymes arrasadas por la situaciòn general. Nada de eso dice la ley. Nada.

Eso si: la ley autoriza al gobierno a volver a pagar sumas en negro a los empleados pùblicos. Y desfinanciar la caja de jubilaciones. y hundir las cuentas del IAPOS. Y complicar màs el futuro de los jubilados y de los beneficiarios de la Obra Social.

Eso si, la ley le permitirà al gobernador reinstalar una de las figuras màs oprobiosas de los 80 : los ejecutores fiscales. Ese grupo de estudios jurìdicos de amigos que se encargan de ejecutar las deudas fiscales contra los que no pueden pagar los impuestos y terminan, como lo hacian, rematando los inmuebles de la clase media, quedàndose ellos, los ejecutores, con un porcentaje importante de esa liquidaciòn.

Eso si, la ley le permite al gobernador «rescindir los contratos» que se le antojen, y allì se romperàn los que unen al Estado con empresas que ganaron licitaciones, y que tendràn, seguramente, de allì en adelante, derechos para ganarle juicios millonarios a la provincia. Que pagaràn otros gobiernos, claro. Pero el mismo Estado y la misma poblaciòn que lo sustenta.

El peronismo lo hizo, y lo hizo aplicando los mètodos del escarnio, el apriete y la desvergüenza.

LA CLASE

En el final de la sesiòn de ayer, el Presidente de la Càmara Miguel Lifschitz dejò su sillòn y le pidiò a la vicepresidenta de la Càmara que ocupara su lugar. Caminò veinte metros hasta una de las ùltimas sillas del hemiciclo y esperó que terminara su discurso Busatto y un diputado màs. Y entonces rompiò el silencio despuès de cuatro meses.

Y dió una clase de política. Primero contando el recorrido y los plazos que tuvo la ley, desnudando las contradicciones del oficialismo que demorò el doble de tiempo en terminar el proyecto que el que le demandò a Diputados tratarla tres veces. En segundo lugar se encargó de descascarar el sinsentido de la norma y recordó cómo Hermes Binner pudo enfrentar a la Gripe A, sin fondos ni poderes especiales y saliendo de esas circunstancias con un modelo de salud que tanto en recursos humanos como en infraestructura, es el màs importante que tiene el «interior » del paìs.

Y finalmente, explicando que solamente en la bajeza de la utilizaciòn de la pandemia, mezclandola con una ley que no tuvo ni tiene ninguna vinculaciòn con ella, solamente en estas circunstancias y para no dejar una sola excusa en la boca del gobernador, se abstendrìan de votarla y dejarían que se convirtiera en ley.

Y no desaprovechó la oportunidad para citar al Presidente de la Nación y poner en evidencia al gobernador con su intento de endeudamiento: «Es una mala norma no sólo por los superpoderes y delegación de competencias, como se ha dicho aquí. También por el desproporcionado endeudamiento, de más de 50.000 millones de pesos, para financiar gastos corrientes, para financiar el déficit. Es una cifra que compromete el futuro de la provincia por los menos por dos períodos”, Y agregó: “Si hay algo que critica el presidente Alberto Fernández y el Ministro Martín Guzmán, de Mauricio Macri, es el enorme grado de endeudamiento para financiar gastos corrientes y déficit. No encontrarán ningún economista que lo aconseje”.

El discurso de Lifschitz no sonò a derrota, a pesar de lo que marcaba el tablero del recinto y a pesar de que la Ley de Necesidad fue ràpidamente llevada a Casa Gris para ser promulgada.

No. En el aire de la Càmara de Diputados, en los vacíos pasillos de toda la legislatura, y en las cabezas de todos los que acudimos a la sesiòn de manera televisada quedó una sola sensaciòn: En Santa Fe gobierna ocasionalmente la desvergüenza, si.

Pero afortunadamente también hay una oposiciòn que la deja al desnudo. Y también, a pesar de todos los esfuerzos que hizo Perotti casi excluyentemente en estos cuatro meses, hay un dirigente polìtico que lidera con claridad, una resistencia que afrontará muchas batallas.

Que como ayer, se perderán, probablemente. Pero que como ayer, sabrán a victoria. Porque la ética de muchos santafesinos quedó a salvo y la desvergüenza, se contrastó claramente con la clase que dió Miguel Lifschitz.

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