EPE, cuasimonedas y cifras en negro: volver a los 90

Todos pensamos, propios y extraños, que la visibilización de las políticas de achicamiento del Estado de Omar Perotti iba a demorar. De hecho, muchos de sus socios, todavía creen que las decisiones que va tomando el gobernador son apenas «tácticas», y meras consecuencias de la Pandemia.

Sin embargo, no. Omar Perotti nunca le explicó a los santafesinos cual era su plan, y aunque llevaba en las espaldas ni más ni menos que la efectivización de la escandalosa privatización del Banco de Santa Fe, algunos «fieles» del peronismo, creyeron que esta vez no iba a suceder. Que la supuesta vigilancia central del gobierno de Alberto Fernandez y Cristina Kirchner lo iban a condicionar, o que la composición de la colectora sectorial del PJ, iba a ponerle límites.

Ahora está la pandemia, y cualquier crítica puede ser usada como una ofensa contra el «Comandante en Jefe» de la batalla contra el COVID-19. Pero mientras eso existe como dura coyuntura, el propio mandatario manda a tomar decisiones que no tienen nada que ver con la circulación del virus y va ordenando las cosas a su gusto, para cuando la curva baje, y todo vuelva a la «nueva normalidad»

LA EPE, ESA VIEJA OBSESIÓN

Perotti formó parte de aquel plantel noventista que alcanzó a sancionar la ley de privatización de la Empresa Provincial de la Energía. Aquello al final se cayó porque los trabajadores de Luz y Fuerza salieron a la calle, pero especialmente porque las chances presidenciales de Carlos Reutemann se fueron desinflando, y el dinero ya no hacía falta para la campaña presidencial.

Sin embargo a aquellos muchachos les quedó la sangre en el ojo. El negocio de poner en manos privadas la energía es muy tentador, y durante la campaña se hizo mención sostenida- con la colaboración inestimable de su socio-adversario José Corral- a las supuestas irregularidades, mal administración y pérdidas que generaba la empresa al Estado santafesino.

La obsesión era tan obvia, que la primera decisión que tomó Perotti fue intervenir a la empresa, buscando los «papeles» que le probaran esas sospechas y le dieran motivos contundentes para declarar la necesidad de sacarse esa «carga» de encima. Y falló. Primero porque la auditoría arrojó resultados incontrastables: la empresa no sólo no es deficitaria, sino que en los últimos 10 años viene invirtiendo en mejoras sustentables. Además no se encontró una sola irregularidad en su administración y si algo le faltaba, a pesar de que intentó aducirlo, la EPE que recibió no tenía deudas y en la caja, estaban los recursos necesarios para afrontar las facturas pendientes de diciembre.

Después vino la novela de la ley de emergencia, de necesidad y el bochorno de los aprietes para que sea sancionada. Y entonces, entre los articulados de «superpoderes» se le otroga al gobernador la posibilidad de «rescindir y contratar», sin demasiadas precisiones. Y lo primero que anuncia el gobernador, vaya casualidad, es la «tercerización de servicios de la EPE».

Pasándolo en limpio: entre tantas «necesidades», lo que prioriza el comandante de la guerra contra el Coronavirus vernáculo, es ir por la modificación de los servicios de la empresa y ofrecerle a algunos privados, cumplir con trabajos que la EPE viene haciendo sin ninguna dificultad.

Un primer paso, en el marco de un plan que ya nadie niega: La EPE corre el riesgo de terminar en manos privadas, si el peronismo sigue empoderando al mandatario y algunos senadores radicales siguen cediendo a las tentaciones de los acuerdos. Faltan 3 años y ocho meses. Y si en medio de una crisis que no admite distracciones, el gobernador se distrae con la EPE, las cosas quedan muy claras: Antes de 2022, la quiere en manos privadas, seguramente amigas.

LOS SOÑADOS PAPELES QUE REUTEMANN NO EMITIÓ

El peronismo suele jactarse de que en Santa Fe no «hubo emisión de cuasimonedas» durante la crisis del 2001. Si, eso es cierto. Pero también es cierto que el Estado se sostuvo artificialmente con los beneficios de las privatizaciones de Aguas y el Banco. Y además, que las políticas de ajuste con los jubilados y los trabajadores del Estado fueron brutales.

Siempre es bueno recordar que Carlos Reutemann les descontaba a los docentes que faltaban un día, la suma del presentismo. Que esa suma era muy importante en la calidad de aquellos sueldos, y que no existían ni siquiera motivos de salud para excepcionarse: todos recordamos los casos de las docentes que aún con cáncer concurrian a trabajar para no perder aquel complemento no remunerativo de 80 pesos, sobre sueldos que entonces no superaban los 300 pesos.

Ahora, y fortalecido por los derechos que le otorga la ley de Necesidad, Perotti cuenta con un plan: ofrecerles a los empleados públicos, una vez que pase la Pandemia y se reanuden las paritarias, cifras no remunerativas: o sea, volverán las sumas que no aportan a la jubilación ni a la obra social, y además, no me cabe ninguna duda, volverán las condiciones para cobrarlas.

Encima el rafaelino anticipó que no descarta emitir cuasimonedas. Una decisión que no se termina de explicar con 22 mil millones en caja, 10 mil millones en un plazo fijo, una acreencia de casi 100 mil millones de pesos con el Estado Nacional y la autorización para endeudarse en «gastos corrientes» por algo más de 57 mil millones.

¿ Cual es, concretamente, la necesidad de advertir que los santafesinos podemos llegar al extremo de emitir nuestros propios bonos, en este contexto?

Y así será, parece. Ante el silencio ASOCIADO de los dos sindicatos de trabajadores estatales, ATE Y UPCN. Y con la manifiesta excepción de AMSAFE, que como todos preveían, empieza a cansarse del manoseo y se empieza a erigir- como en los 90- en la única expresión de la labor estatal que piensa ponerle alguna resistencia al avance de las políticas de noventismo explícito que lleva adelante Omar Perotti en Santa Fe.

Contra todas las expectativas de los militantes variopintos que aseguraban que esta vez no iba a ser como fue, en medio de un charco líquido de inmoralidad de aquellos que se jactan de ser del «Campo Popular» pero se redujeron a meros atrapadores de cargos públicos, y confirmando lo que algunos pocos venimos diciendo desde la propia campaña electoral, Perotti vino por todo lo que había en pie, y demandará mucho esfuerzo defenderlo.

En la campaña electoral, Antonio Bonfatti decía, no sin razón, que lo que demanda años construir se puede destruir en un sólo día. Lamentablemente la realidad y las decisiones del gobierno del peronismo le empiezan a dar la razón. Y sin llegar a la manipulación del poema de Brecht, al menos sirve para anticiparnos al futuro:

Será necesaria una oposición fuerte, la reacción de los dirigentes sindicales y las bases de los sindicatos no contaminados por el gobierno, y un fuerte compromiso de la sociedad santafesina para evitar que el proceso avance.

Aunque se esfuercen en cantar la marchita, en manipular los pañuelos blancos y en insistir con esa identidad de representación de los «más necesitados», el peronismo, una vez más, viene a destruir lo público en Santa Fe y será nuestra propia responsabilidad. La de aquellos que lo votaron, la de los socios que lo sostienen, y la de una sociedad que verá cómo van desarmando lo público, para profundizar las desigualdades.

Un comentario sobre “EPE, cuasimonedas y cifras en negro: volver a los 90

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  1. Muy claro y esclarecedor. Muy terrible. Me pregunto si los santafesinos nos quedaremos sin hacer nada. Era predecible que esto iba a suceder. Los votantes de esto deberían hablar.

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