Cristina al frente,Alberto al costado y el Macrismo funcional: la fábula argentina

"La utilidad de enseñar por medio del Apólogo
nos la han hecho conocer desde el frigio Esopo
hasta el fabulista literario iriarte. Los que de este
modo han puesto sus sentencias al alcance de
todas las inteligencias han probado teórica y
prácticamente, que
ningún medio es tan adecuado para el fin que se proponían"
» Del Libro Apólogos o Fábulas Políticas, editado en 1849 en Madrid, recopilación de autores anónimos. Rescatado de un ejemplar encontrado en la biblioteca Universitaria de Oviedo.

La más conocida de todas es la del escorpión. Ese que muerde a la rana que lo ayuda a cruzar el río. Ella le pregunta desconsolada por qué terminó atacándola y él, con tristeza e impotencia le responde: «Es mi naturaleza»

El Kichnerismo tiene una naturaleza compleja. Nació en cuna conservadora. Sus dos líderes fueron militantes setentistas que escaparon al sur del país para pasar el terror, fuera de las luces de Buenos Aires. Néstor y Cristina fueron entonces abogados exitosos que construyeron un imperio durante la dictadura y que consolidaron luego, en el retorno a la democracia, con afinidades varias: Fueron peronistas nacionalistas aliados al FIP en el 83, luego se abrazaron a la causa menemista con fervor e incondicionalidad. Protagonizaron la estafa de la privatización de YPF y luego, cuando el vacío del poder nacional les hizo un hueco, acertaron en una candidatura casi por casualidad que derivó en un gobierno repleto de simbolismos ideológicos- algo que nunca habían ejercido hasta ese momento- y fundaron un espacio «progresista» que incluyó a todos aquellos que habian participado de los procesos anteriores, abrazados a un viento ideológico que soplaban Chavez y Lula.

Cuando uno se enfrenta a esa historia, se enfrenta a muchas historias. Muchas de ellas sustentadas en la administración dudosa de los recursos públicos. Néstor nunca explicó que pasó con los 500 millones de dólares de la Provincia de Santa Cruz que envió a una cuenta extranjera. Tampoco es posible entender cómo ese matrimonio se hizo de un patrimonio tan abultado, si sus vidas siempre estuvieron ligadas, al menos en los últimos 30 años, a la actividad pública.

Tampoco sabemos cómo fue posible que durante los 8 años de gobierno provincial de Nestor, jamás haya conmemorado el 24 de marzo, y por qué su nombre aparece en los diarios cruceños apoyando los indultos de Carlos Menem. En fin. El Kirchnerismo es una buena historia nacida de una oportunidad histórica de vacío de poder, que construyó desde la mística peronista «de izquierda», un nuevo fenómeno político que vino para quedarse. Del mismo modo que su río padre, el peronismo, la combinación de actores y discursos variados, fue instrumentando un relato original que se fue adaptando a los tiempos y a las condiciones, a base de místicas dudosas, frases cortas, análisis simplistas y una coherente manipulación del pasado, que siempre, siempre, es responsabilidad del otro. Del enemigo. Esa necesaria figura que permite refortalecer su identidad con fuego nuevo. Si en algo no falla el Kirchnerismo, es en renovar constantemente a sus enemigos y hacer de ellos, el símbolo de la lucha y la entrega de sus acólitos

La muerte súbita y jóven de Néstor Kirchner, produjo un simbronazo emocional que derivó en mística eterna. Aquel gobierno debilitado por las consecuencias de la pelea por las retenciones agrarias de la 125, y que empezaba a sentir los agobios de los cambios en la macroeconomía del mundo, resultó fortalecido por la ausencia del lider y la redimensión de aquella viuda, que entendió mejor que nadie hacia dónde viraba el viento. Fue Cristina y no Néstor, del que sólo se pueden hacer especulaciones y trazar ucronías, la que desató la peor cara del Kirchnerismo: esa que profundizó las diferencias, la que alentó el «Vamos por Todo», y la que finalmente se instaló en el lugar de la víctima perseguida , que administró con maestrías, mientras el «fuego enemigo» administraba desastrosamente al país. Cristina eligió a Macri como enemigo. Lo alimentó hasta convertirlo en el adversario único. Le plantó enfrente a un candidato sin ninguna luz propia, y consiguió permanecer en el horizonte como la referencia única.

Su gobierno, especialmente el segundo, quedó marcado por el desborde de la inflación, la corrupción estructural – encabezada por su propio vicepresidente y por los ministros amigos de Néstor, como Julio De Vido- y generó un cansancio moral que reclamó cambios.

Cristina cedió el poder por cuatro años, pero su «enemigo» elegido, la ayudo a concretar el sueño del retorno.

El cambio vino desde el marketing y la promesas promesas falaces de libertad. Vino tirando globos, profundizando la debacle, hundiendo a más argentinos en la pobreza, y provocando un endeudamiento que no tiene antecedentes.

Cuatro años desperdiciados para la democracia, para la economía, para el prestigio de la política y para las condiciones sociales de millones de argentinos. El Macrismo, Lilita y sus vergonzantes socios radicales, coincidieron en ese proceso. Rompieron todo aquello que podía emerger como una fuerza moderada y representativa de los sectores medios nacionales, y eligieron el camino ortodoxo del ajuste y el endeudamiento.

El final, ya se sabe, fue el retorno del Kirchnerismo. Esta vez, bajo la capa de la moderación que implicaba elegir a un viejo amigo, con modales socialdemócratas, y una larga historia de criticas duras a la propia jefa que lo convocaba. Alberto dijo de la propia Cristina que «había consumado la traición a la patria con el Memorandum con Irán», y la calificó como a una «lider perversa». Ella igual lo eligió. La naturaleza se lo permitía.

El Macrismo hizo lo que Cristina necesitaba: dejó al país mucho peor de cómo lo recibió, y el retorno se hizo más sencillo. La obsesión de la comunicación Macrista, le retribuyó a Cristina los favores recibidos: la puso en el centro de la escena como la única adversaria, y todo volvió a sus cauces naturales: ella o yo. Y esta vez, de nuevo, fue ella.

LA FÁBULA SE RENUEVA

EL MONO REFORMADOR.
En no recuerdo qué región ignota.Bien que si no me engaño enteramente,
Debió ser al Poniente.En tierra de la Europa muy remota y donde nunca el hombre osó acercarse, Dejando al animal en la soltura,De vivir con holgura
O á algún bruto señor, sumisionarse.
Bambara, ya me acuerdo se llamaba, La poblada ciudad de irracionales
Mil veces ay ! feliz, que ni los males,Ni bienes de los hombres aguardaba.
Mas por desgracia, un Mono en un madero, Atravesó las aguas y -de lejos
Trajo linos libros viejos,Con un plan de gobierno todo entero.Señores, dijo el mono á sus amigos, ¿ Cómo es posible, con talentos tales,Que esteis tan animales,Ni hagais mas que rascaros los ombligos?
Los pueblos donde tanto me he ilustrado;Ni una vejez conservan de sus leyes,Ni tampoco sus reyes.Tienen mas que ún imperio moderado.
-Eh, poco á poco, amigo, dijo el Burro,Esperad, no pasemos adelante,
Sin saber al instante Qué es ley y pueblo y rey pues no discurro ….
-Teneis mucha razon señor Jumento;Mas para verá fondo lo que es eso
No basta tener seso,Es menester tener conocimiento. De multitud de ciencias y de artes.De que estamos agenos todavía;
Así pues, os decía
Que hemos de hacer lo hecho en otras partes.
Hagamos nuevo arreglo entre nosotros
Para regirnos solos … -¡ Con mil diablos, húndanse mis establos
8i entiendo qué gobierno hareis vosotros!
Si el señor Mono dice, que ignoramos.Cuanto es fuerza saher, porque siquiera,Su gerga se entendiera, ¿ Cómo es que en gobernarnos ya pensamos? Apréndase primero;Enséñenos V. seor Monillo,
Lo que dice el librillo o tendremos que errar de enero á enero.
-Calle hermano Jumento, que no entiende, Lo que es achaque de gobierno libre,y pida á Dios le libre, De un pueblo en que se aprende.
Bastará que sepamos los mandones, y los demas ¿ Qué ciencia necesitan?
Cumplen si facilitan, El importe de sus contribuciones.
-El borrico calló con sentimiento;Pisose en planta el nuevo plan político
Sin que del asno crítico se comprendiese el buen razonamiento;
En breve ni mandantes ni mandados sobre el plan se entendieron,
Y en grande confusión se arremetieron
Los bandos fuertemente encarnizados.
Denominaban unos tiranía
Sujetarse á la ley, y el resto de la grey al Derecho, licencia le decía.
-Señor Mono, escuchad, dijo el Pollino
¿Son estas las ventajas de esos planes, Prematuros; y tras estos desmanes
Se verá el fin de tanto desatino?
Corrido el Mono dijo :-No es probable , El que en cimientos falsos edifica
El Jumento replica,
De su propia ruina es el culpable.

Alberto tenía una enorme oportunidad: cumplir con la palabra empeñada que nos ilusionó a muchos. La idea de refundar al nuevo gobierno desde un lugar menos agresivo. Con una mirada económica más proteccionista, claro, pero con políticas de acuerdos. Quemados por la leche derramada, muchos se quedaron esperando que Alberto se mostrase tal cual es. Y es dificil saber cual de ellos es el que nos gobierna.

Su figura consiguió lo que Cristina ya no conseguía: que todo el peronismo se uniera por fin detrás de una misma bandera y un mismo objetivo: el gobierno. En las provincias, Santa Fe quizás es la más ejemplificadora, el Kirchnerismo pactó con sus enemigos internos y consiguió recuperar Estados a su capital político. Schiaretti finalmente se rindió a los brazos del Albertismo, Perotti consiguió el apoyo de todo el peronismo y se convirtió en gobernador, Massa- aquel traidor – se sumó a la campaña abrazado a Kiciloff. Y Alberto, se hizo cargo de la presidencia, bajo un doble y filoso reclamo: Los que le reclamaban que no fuera un apéndice de Cristina, y los que, le recuerdan a cada momento que está ahí porque Cristina quiso. Y que así como llegó, valen siempre los ejemplos de los gobernadores santacruceños que no quisieron dejarse gobernar desde la Rosada, así se puede ir. Es un asunto de voluntad personal de Cristina. Y así parece ser.

El «Caso Vicentin» es la muestra más notoria de la elección de Alberto: eligió el camino de la obediencia a la Jefa. Y está bien. Aunque se empeñe en defenderse con videos fuera de contexto de Raúl Alfonsín, Alberto no se animó o no lo dejaron decidir por su cuenta. Y hoy es, se le nota en la cara, apenas un administrador de la voluntad del Kirchnerismo.

Sus funcionarios «de riñon» se van desdibujando, mientras los soldados de Cristina tomaron las riendas de los espacios de mayor poder. Todas las cajas importantes del gobierno quedaron a cargo de los «chicos» de La Cámpora, que ya no son tan chicos, ni tan obvios. Hacen política y persiguen objetivos muy claros. No hace falta compartirlos para respetarlos. Son un grupo de poder, van ganando las batallas diarias y saben que son los dueños del gobierno. No los gobernadores, sino ellos. Y entonces, Alberto se redujo a administrar los horarios de salidas de los runners en Palermo y a tratar de sostener la negociación con los acreedores externos. Una vez que eso se resuelva, habrá que ver si le resulta cómodo al Kirchnerismo su permanencia. Una hipótesis razonable, si se observa la curva de su gestión y el valor que van teniendo sus propias decisiones.

Lo de Vicentín, ya opiné en otra columna, es la primera muestra del triunfo del ala dura del gobierno por sobre los moderados. La doble o triple desautorización al cada vez menos respetable Omar Perotti, puso en evidencia que no hay ni habrá voluntad de acuerdo, ni retrocesos en las decisiones. Aunque la justicia diga lo contrario. Aunque la decisión del presidente sea inconstitucional. Aunque existan otras salidas, Cristina- no Alberto- decidió que era el momento de volver a combatir con el «enemigo».

Y el «enemigo» de Cristina no es el grupo de empresarios que fundieron a Vicentín, no. El enemigo, es todo aquel que pretenda establecer resortes de poder que le imponga límites a sus aspiraciones. Es una dirigente pragmática: pactara con quienes le garanticen sostener el poder, enfrentará a todos aquellos que la molesten. Los convertirá en «símbolos» del mal, y será, como fueron, los socios de la dictadura, los oligarcas, o los que enfermaron a su hija.

Es un desatino decir que Cristina sueña con convertir al país en Venezuela, pero al mismo tiempo, es lícito pensarlo, es otro desatino pensar que sus acciones no van en dirección a la venganza. Un spot televisivo yendo a declarar a la Justicia se encarga de señalarlo. Ella siente que la humillaron y la persiguieron. Es la hora de «recomponer esos daños, en el nombre de la moral y la salud de sus hijos».

El Macrismo dejó huellas de su propia incapacidad: no sirven ni para espiar, diría un amigo. Las inexplicables decisiones desde la AFI de espionaje son una verdadera muestra de la inutilidad del gobierno de Mauricio, de sus mecanismos autoritarios, y de sus ocupaciones banales, mientras el país se quemaba.

Y a Cristina, le llegó la hora de ir por lo que no se consiguió en los primeros dos mandatos. Es la hora de volver a encender la hoguera. De ejecutar lo que quedó pendiente, y de marcar el paso de la gestión. No hablamos de dinero, hablamos de poder. Quién persista en la idea ingenua de que la ex presidenta quiere enriquecerse se equivoca: no viene por el dinero, viene por la consolidación de su propio poder. Y ese poder, tiene finalidades aún inescrutables.

Alberto no tiene mucho que hacer ya, lo traicionó su propia naturaleza: a los tibios…, y entonces, la que manda es ella, y se acabó. Sus días de presidente popular se terminaron, ahora será lo que és, o no será. Su oportunidad se terminó el día que no quiso asumir la presidencia, sólo ocuparla. Y no alcanza. Al poder se lo ejerce o se lo entrega. Y Alberto lo entregó.

Los días que se avecinan serán duros. Entre las esquirlas mortales de la Pandemia, los problemas estructurales de la economía real y el aumento sostenido de la pobreza, lo que viene es el discurso falaz de «estás con nosotros o defendés a los ricos», «Defendés a la Patria o a una empresa privada que estafó al Estado», «Definite: estás conmigo o sos mi enemigo»

Y enfrente, de nuevo, aparecen las mismas e impresentables caras del Macrismo, iluminadas por los canales de TV para que se constituyan, de nuevo, en la única opción posible. Los radicales no paran de favorecer ese escenario, al punto de continuar aliados al millonario empresario, poniendo su cuadro en la sala de los expresidentes del partido. La UCR parece no querer definir sus diferencias, siguen cómodos en la convivencia con el PRO.

Ahí los vemos a los ex funcionarios Macristas, favorecidos por los negocios de la empresa de mentas, marchando con banderas argentinas y erigiéndose en la única oposición real. Fortaleciendo las «razones» de la militancia K: ¿ no ves quienes son?. Si, son ellos mismos, los que le dieron a la sociedad motivos para reclamar el retorno de Cristina. Los mismos que le dieron argumentos a la mayoría de la población para creer que no hay alternativa entre estos dos males. Los que pisotearon todas las expresiones que pudieran ofrecer una mirada diferente. Ahí están, de nuevo al servicio de Cristina, para polarizar y continuar el camino del enfrentamiento. Sin una sóla autocrítica, sin una idea nueva. No, son ellos, los que tocan el timbre para espiar. Los que ni siquiera disimulan sus ambiciones personales y se llevaron millones de dólares afuera, mientras eran ministros de economía.

La historia se repite. El Mono reformista puede reclamar lo que quiera, pero será la naturaleza y la ambición de los animales, la que terminará definiendo el futuro.

Quedarán entonces los testigos heridos, dejando Fábulas para que alguna vez aprendan las generaciones que nos sucedan: QUIEN SOBRE CIMIENTOS FALSOS EDIFICA, DE SU PROPIA RUINA SERÁ RESPONSABLE.

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