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Binner, las infamias y el país que pudo ser ( y puede ser)

¿Imaginan Argentina con 100 hospitales públicos de última generación, en medio de esta Pandemia? ¿ imaginan un país, dónde los gobiernos convocan a asambleas sociales para discutir lo que necesitan y que esas opiniones, se plasman luego en obras públicas ó en planes de inclusión social? ¿ Imaginan un país, dónde un presidente diga: «estos no» y que las empresas corruptas se queden sin contratos de obra pública, sin coima por pagar, y funcionarios sin coimas por cobrar?

Hermes Binner se acaba de morir, y mucha gente – especialmente los que no son de Santa Fe- se sorprenden por la tristeza y los elogios en la despedida a un dirigente político como a casi ningún político se despide en Argentina. Y la sorpresa está fundada en una campaña sistemática que se generó desde los medios nacionales y especialmente desde las usinas de comunicación de los grupos de poder que se alternan en los gobiernos del país.

Binner fue, la referencia de una alternativa decente y con proyectos de gestión, que fue obturada por los intereses de los dos grupos que se alternaron en el poder en los últimos 20 años. Y no sólo lo combatieron desde las infamias de las que ya daremos cuenta, sino desde el ninguneo y el silenciamiento de todo lo bueno que ocurría en Santa Fe.

Porque paradójicamente, mientras en Santa Fe se producían cambios culturales estructurales, en Buenos Aires sólo hablaban del delito y los grupos narcos. Un asunto que terminó siendo bandera del peronismo que ahora gobierna, en la ligera y denigrante calificación de «Narcosocialismo» que gritó un tal Andrés «Cuervo» Larroque en plena sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, y a su lado aplaudía como quien aplaude un gol, un tal Agustín «Chivo» Rossi. Ese Rossi que había sido testigo de las gestiones transformadoras de Binner en la ciudad de Rosario, dónde entre otras cosas, fue Presidente del Concejo Municipal.

Nadie habló en los medios nacionales del Plan de Salud de Santa Fe, y de sus resultados: no sólo se construyeron 8 hospitales modelos en América Latina, en lugares donde la gente tenía que transitar centenares de kilómetros para recibir asistencia compleja, sino que se construyeron 100 centros de salud de atención primaria, y se pusieron en marcha cinco nodos de descentralización del Estado que permitieron- entre tantas cosas- asistir a cada Municipio y Comuna en las peleas elementales: Desde los Nodos, sólo por dar un ejemplo, se hicieron los combates contra el Dengue. Se fumigaba preventivamente y Santa Fe, durante los doce años del gobierno del Frente, no tuvo una sola víctima fatal por esa enfermedad.

Los Nodos se desarmaron apenas asumió Perotti. Y Santa Fe no sólo tiene muertos por Dengue, sino que por primera vez en trece años, hubo decenas de pueblos y ciudades que no planificaron la fumigación, y ya hay más de 6 mil infectados.

Tampoco Buenos Aires contó que la Provincia se convirtió en la de menor tasa de mortalidad infantil, y de mortalidad materna. Ni se hicieron eco de los planes de inclusión que significaron , el ABRE, el VOLVER A ESTUDIAR y el NUEVA OPORTUNIDAD.

Todos pensados por Binner, y completados por las gestiones de Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz.

Y nadie hizo un informe especial, de las transformaciones que se hizo desde el ámbito de la Cultura. De la recuperación de los espacios abandonados en Rosario y Santa Fe especialmente, pero con un despliegue que no tuvo antecedentes, a lo largo y a lo ancho de la provincia. Los Trípticos de la Niñez y la Imaginación, seis estructuras abandonadas, que eran aguantes de ladrones de poca monta, escenarios de violaciones, y territorios de ajustes de cuentas, que con los años se conviertieron en espacios exclusivos y fascinantes para los niños de la Provincia. Pregúntenle a cualquier niño que haya pasado por esos lugares. Todos guardan recuerdos y memoria de sus pasos por esos lugares.

No existen en el resto del país espacios como esos. Donde no entra el negocio, ni el consumo. Donde no los chicos no necesitan dinero ni ropa de marca para poder entrar. Donde salen distintos, habiendo usado la cabeza durante horas, que siempre eran pocas. Pararse en la puerta de esos lugares era simbólico, los chicos no se querian ir. Y los padres trataban de convencerlos con una razón verdadera: podemos venir mañana, podemos venir todas las veces que quieras. Y así era.

Los medios porteños no hablaron nunca de las reformas en Salud, de la modernización absoluta del Estado. De las condiciones de igualdad en la que se los puso a todos los santafesinos para acceder a los trámites elementales. De la transparencia en el acceso a la información. Hasta Binner, conseguir un decreto o una resolución del gobierno, era un trabajo de investigación. Desde su gestión, todos pudimos acceder a cada acto administrativo sin tener que andar dando explicaciones.

En Buenos Aires, en los medios nacionales, nadie exponía esa cara de Santa Fe. Nadie decía que el Estado salía a buscar puerta por puerta a los chicos que abandonaban la primaria y la secundaria. Nadie contaba que durante 24 años, con mayorias propias y automáticas en ambas cámaras, el Peronismo no había modificado el peor y más antiguo sistema procesal de Justicia Penal. Y que con minoría en ambas cámaras, los gobiernos del Frente lo consiguieron y se sancionó el más moderno. Y que hoy gozamos de un sistema transparente, que deja menos espacios a la discrecionalidad y la corrupción de los jueces.

En Buenos Aires nadie habló durante los últimos doce años de la calidad institucional de Santa Fe. De la baja conflictividad entre partidos del oficialismo y la oposición, para acordar políticas y sancionar leyes. Eso se terminó cuando asumío Omar Perotti: su primer acto de gobierno fue acusar de corrupción, que no pudo ni siquiera sugerir tras las auditorias, al gobierno saliente. Y entonces, hoy, la política santafesina se convirtió en un sainete. Como en el país. Dónde las leyes salen con aprietes públicos a los legisladores.

En Buenos Aires no hablaron de las políticas inclusivas de género de Santa Fe. No por casualidad, fueron dos rosarinos los que encabezaron las discusiones y redactaron la Ley de Matrimonio igualitario. Uno de ellos, Esteban Paulón, generó políticas concretas de reconocimiento e inclusión real del movimiento LGTBI, en una Subsecretaría que es historia: Decretos reconociendo de manera administativa a las personas Trans. Las primeras jubilaciones para ellos, y los refugios para que puedan salvarse de la violencia en el hogar y la calle.

Ni hablaron de que durante doce años, no hubo gatillo fácil, ni represiones contra las centenares de movilizaciones sociales que se hacían. Ni que a diferencia de casi todo el país, la Casa de Gobierno, la Legislatura y el Edificio de los Tribunales, permanecieron sin vallas. Y sin ningún incidente. Durante los gobiernos del Frente Progresista se demostró que aún viviendo en una sociedad violenta, nadie violentaba lo público. Simplemente porque lo público no estaba vedado para un «sector», cómo suele hacer la política cuando se aleja de la gente.

Tampoco los diarios, ni los canales porteños hablaron de la reivindicación docente. De la construcción de más de 200 edificios escolares nuevos. Con docentes que venían de ser maltratados por los gobiernos anteriores ( compuestos por los actuales funcionarios de Perotti) que se encargaron de implantar el presentismo, descontando los días a los enfermos de Cáncer. Sin paritarias, sin concursos, sin titularizaciones. Todo eso cambió con Binner y se profundizó con los otros dos gobiernos. Los docentes santafesinos pasaron de ser sujetos sin derechos, a los mejores pagos y ser los más reconocidos en sus derechos. Paradójico: la Secretaria de Amsafe y Ctera, Sonia Alesso, fue una de las principales detractoras del Frente Progresista en 2019, en la elección de Perotti. Justo a un gobierno que les otorgó la actualización por Cláusula Gatillo. Justo a los que les devolvieron la dignidad. En plena campaña electoral los gremios santafesinos le reclamaban al gobierno de Lifschitz, con movilizaciones y paros absurdos. Hoy Santa Fe es una de los dos únicas provincias que no tuvo paritarias, ni recibió aumento salarial desde enero. Y los docentes sueltos tuvieron que armar petitorios para que el gremio reaccionara. Recien la semana que viene amenzan con un apagón de clases.

Buenos Aires tampocó contó nunca que Santa Fe es, después de las gestiones frentistas, la provincia con mejor administración de la economía. Tanto que es la más confiable del país en materia de confianza crediticia con los organismos internacionales. Tiene la menor deuda en dólares del país, y sus compromisos son a largo plazo.

Ni Buenos Aires, ni los medios que emiten 24 horas noticias, destacaron que la Provincia tiene aún un crédito impago del Estado Nacional por más de 100 mil millones de pesos. Por sentencia judicial de la Corte Suprema. Un asunto que Hermes Binner, sin mucho ruido, se encargó de demandar.

Ni Macri durante sus cuatro años, ni Alberto Fernandez lo pagaron. Es más, hace pocos días la gestión del presidente le «prestó» a la provincia 6.400 millones de pesos, que deberá devolver con intereses. Inexplicable, pero el gobernador Perotti ni siquiera reclamó que esos fondos formaran parte de una mínima compensación por la deuda que Nación no paga.

No, de nada de eso habló durante las gestiones de Binner, de Bonfatti y de Lifschitz en los medios nacionales. Ninguno de los periodistas de opinión pesada se dignó a venir a hacer informes sobre las transformaciones que se produjeron. No, eligieron, precisamente lo contrario.

A Hermes Binner, y al Socialismo, y a todos aquellos que gobernaron Santa Fe entre 2007 Y 2019, se los acusó de manera infundada y cretina de delitos que nunca cometieron. Que nunca probaron, que nunca fueron ni siquiera llevados a la justicia, y que obviamente, nunca fueron desmentidos por los acusadores.

El «narcosocialismo» fue la bandera que levantó el Kirchnerismo. La misma bandera que usaron los referentes de Cambiemos- algunos de ellos intendentes y funcionarios de los gobiernos de Binner y Bonfatti- para limar la confianza en gobiernos que por fin, hacian lo que nadie había hecho en la provincia durante más de cuatro décadas.

Las acusaciones de complicidad con el narcotráfico nunca agregan que fueron la Justicia y las fuerzas provinciales las que se encargaron de desarmar, detener y procesar a las principales bandas narcos, porque el Kirchnerismo nunca se encargó de hacerlo, vaciando los juzgados federales.

Nadie se pregunta sanamente, porque le balearon la casa el entonces gobernador Antonio Bonfatti. Eligieron asociarlo a los narcos, en lugar de reivindicar aquel atentado como una respuesta a las políticas de enfrentamiento con las bandas.

Tampoco nadie se ocupó de desmentir la infamia del «Robo de Bebés» que le imputaron al hermano de Hermes Binner.Un dolor que al ex gobernador le produjo una enorme aflicción. Tras la publicación de un informe donde demostramos la inexistencia de aquellos hechos, probando que la mujer denunciante nunca había estado embarazada, y reconstruyendo la historia que terminó en el archivo de la causa,el propio Binner me dijo que esa infamia lo había devastado.

Hoy, una de las principales «actrices» de aquella infamia es la Secretaria de Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe: la abogada Lucila Puyol. Nunca explicó la causa, nunca se disculpó con Binner. Nunca hizo una declaración pública reconociendo «el error». El daño se hizo. Los medios nacionales instalaron la versión, pero nunca la desmentida.

Lo propio le cabe a la Hermana Marta Pelloni y al siempre confuso dirigente de La Alameda, Gustavo Vera. En entrevistas con ellos se lo pegunté: Pelloni me cortó el teléfono y Vera, que estaba en el piso, me reconoció que «acompañó» aquella denuncia a instancias de Pelloni y Puyol, pero que nunca supo demasiado. Nadie le pidió disculpas a Binner por eso en vida. Ni tendrá sentido ahora.

Binner y el Frente Progresista fueron artífices de un modelo de provincia que pudo ( y aún puede) transformarse en un modelo de país. Pero el Kirchnerismo y el Macrismo lo impidieron, cruzandole fuego de manera constante. Sólo basta recordar el «informe» de Jorge Lanata sobre el Rosario Sangra. Un ejemplo de desinformación absoluta, que fue ordenada por la entonces Ministra Patricia Bullrich, con la logística del ex intendente de Santa Fe, José Corral, y la instigación de la impoluta Elisa Carrió.

El narcotráfico, los delitos que nacen de él no son ni un problema exclusivo de Santa Fe ni un asunto que pudiera resolver el Frente Progresista. Es un asunto que recaló en la Provincia y especialmente en Rosario por factores que todos los especialistas reconocen: no hay en el país, otro lugar con 20 puertos privados, autopistas que comuniquen con Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Y una explosión de inversiones privadas que funcionan perfectamente, como las grandes torres, los casinos, los hoteles y los Gimnasios, para lavar el dinero del negocio narco. De eso, nadie habla, de eso, nadie habló en Buenos Aires. Y entonces la agenda era sólo la muerte en los barrios de los soldaditos de los narcos. Y de las muertes que las bandas generaron en la mayoría de los casos, en enfrentamientos entre bandas.

No. Queda claro que el Socialismo de Hermes Binner fue un proyecto que se concretó en tres gestiones impecables, sin denuncias por corrupción, con crecimiento de todos los indicadores sociales y económicos. Y eso jodía. Lo jodía al Kirchnerismo, porque era progresista y le dividía el voto. Y lo jodía al Macrismo, porque le disputaba la oposición. En eso, los radicales macristas colaboraron mucho. Tanto, que algunos terminaron rompiendo el Frente, para facilitarle el acceso al poder a Omar Perotti.

Entonces que no se sorprendan con el dolor, la conmoción, la reivindicación pública, y el reconocimiento pleno a la figura de Hermes Binner. Porque prometió, proyectó y concretó una acción de gobierno que será recordada con marcos de oro en la memoria de la mayoría de los santafesinos.

Binner murió y su casa era la misma que tenía antes de ser intendente de Rosario. Nunca se lo acusó de hechos de corrupción, y antes de caer enfermo, se encargaba de las compras de su casa y era muy común verlo caminar en Boulevard Oroño, haciendo cola en los rapipagos o en las farmacias. Era muy austero. Así gobernó y así se lo exigió a todos los que lo sucedieron. Nunca usó guardaespaldas, ni siendo gobernador. No le hizo falta.

Y que pudo ser un modelo de país, pero que a los factores de poder no les interesaba. Estaban primero Odebrecht, el afano de las empresas públicas, la fuga de divisas, el endeudamiento inexplicable, el enriquecimiento personal de los funcionarios públicos, y la instalación funcional de que «toda la política es una mierda».

Y no. Hermes Binner demostró lo contrario. Pudo ser un enorme presidente, pero no lo dejaron. Sus ideas todavía quedan en pie, y hay muchos argentinos que se identifican con ellas. Ojalá seamos capaces de recogerlas y convertirlas en bandera. Y por fin, emprender un camino que nos saque de la tediosa bipolaridad, de los «roban pero hacen» o peor, de la idea de que estamos condenados a ser esto que somos.

Ahí está Binner. Es un ejemplo que nos hacía falta. Ahora que los porteños lo miran con respeto. Después de haberlo ninguneado y humillado. Quizás ahora lo entiendan.

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