Reforma Judicial:¿Alberto es o se hace?

Antes que nada. Soy abogado, no ejerzo, pero lo soy y más o menos conozco este asunto. Por leerlo, por estudiarlo más o menos, y especialmente por observarlo en los últimos cuarenta años. Y algo más, por si hiciera falta ponerse un cartel antes de opinar: estoy convencido que debemos hacer una reforma del sistema judicial federal. Dicho esto, y a pesar de todo eso, me pregunto: ¿ Alberto es o se hace?

Ok. Pongamos que si, que las reformas son esas. O más o menos esas. Y que lo que se proyecta y se pone en marcha persigue el noble objetivo de activar un proceso lento y enmarañado. Ok, supongamos eso y levantando la mano para que se apruebe, me pregunto: ¿Alberto es o se hace?

Neguemos las presuntas razones políticas y personales que los empujan a sacar con rapidez una reforma que en cualquier país del mundo más o menos republicano, más o menos democrático, lleva un proceso de consultas de uno o dos años. Saquemos ese argumento del medio y me vuelvo a preguntar : ¿ El presidente es o se hace?

Quitemos del medio que justo esta semana, justo esta, el propio presidente terminó derogando el decreto que ordenó la intervención a Vicentín, que le costó movilizaciones, que lo desgastó innecesariamente en medio de la mayor necesidad de respaldo por las razones por todos conocidas y repetidas. Entonces, pregunto, y con todo respeto: ¿ Alberto es presidente o se hace el presidente?

Si algo no necesita Argentina es conflicto adicional al que tenemos.

Si algo no hace falta, y lo digo por la salud de las representaciones políticas de este país, es que «la gente»- esa vacuidad que todos mas o menos conocemos- siga recibiendo desilusiones de la dirigencia política, siga percibiendo una extrema lejanía entre sus problemas cotidianos y las preocupaciones de sus gobernantes.

¿ Hay que hacer la Reforma? Claro, pero no era ahora.

¿ Hay que poner en marcha una comisión para que la dibuje y la lleve adelante’ Si, pero no era ahora, en medio del peor momento de la Pandemia, con los acuerdos con los bonistas sin cerrar, con media población bajo la linea de pobreza, con la gente aferrada a sus empleos sabiendo que puede perderlos, y con la daga del contagio en cada esquina.

Y además, mal que le pese a Alberto y a sus principales aliados internos, es imposible que esa reforma, si se termina aprobando, no tenga el vicio que genera la ausencia de voluntades opositoras en la mesa.

¡ Acaba de vivirlo con Vicentín! La reacción de la oposición es la de cualquier cabeceador oportuno con un centro atrás bien colgado. Yo no me creo nada de lo que digan los opositores, obvio, pero no puedo dejar de advertir que las decisiones ramplonas, por ejemplo poner al abogado de la vicepresidenta en la comisión, sin convocar a nadie que lo legitime, son argumentos suficientes para que los adversarios llenen horas de contenido con Leuco, Lanata, Longobardi, La Nación y Clarin.

¿ No entiende el Presidente que eso lo llevará, una vez más al encierro de las movilizaciones masivas, las acusaciones de la venezualización, las transmisiones por cadena de las reacciones?

¿ Se entiende?

No hace falta ir al fondo de la cuestión porque si se pisotean las formas, lo que quedará colgando, guste o no, es un olor a ilegitimidad innecesaria, pudiendo ser legítima.

Lo que va a quedar en buena parte de la población, le guste o no, porque se repetirá hasta el cansancio, es que esta es la «Reforma urgente para la impunidad de CFK». ¿ Por Qué? Porque la ex presidenta tiene más causas pendientes que detecciones de corona-virus diarias en el AMBA. Y nadie, por mejor buena fe que tenga en el análisis y siendo levemente opositor, puede dejar de mirar eso.

Y finalmente… ¿ Se entiende que hay un 50% de la población que no votó a este presidente, y que buena parte del 48 que lo votó, lo hizo por espanto y no por amor?

¿ Se entiende, que a contramano de lo hizo Néstor Kirchner, estas decisiones irán desgastando la imagen de un gobierno que por ahora, no ha conseguido- aceptando las condicionalidades agregadas que trajo la Pandemia- ninguno de los problemas que tenía el país antes de asumir?

A contramano de Néstor, de Alfonsín y de todos los dirigentes que entendieron que en las horas cruciales, lo que ordena es el acuerdo, nunca la profundización de las contradicciones.

A contramano de sus propios discursos, y de sus propias promesas de campaña.

Tenemos más pobres, tenemos más violencia, tenemos cada día más gente hastiada del sistema político y detrás se asoman los liderazgos mágicos, como los de Bolsonaro, para proponer salidas mágicas.

¿ Alberto entiende todo esto al momento de lanzar semejante provocación a más de la mitad de la población, justo ahora?

No sé cuales serán los aprietes de fondo, pero ninguno justifica semejante salto al vacio.

No sé , lo confieso, no entiendo cuales son los niveles de condicionamiento que le están imponiendo desde adentro al presidente, para apurarlo y ponerlo, de nuevo, en una innecesaria fragilidad. Una situación, que más allá de los bemoles que se quieran, terminará arrancando jirones de confianza y lastimando más, su representatividad dinámica.

Repito la pregunta, y me sabe amarga. ¿ Alberto es o se hace? En cualquiera de los casos, debería tomar las decisiones que lo solidifiquen, lo consoliden y lo agigante. No escuchar los cantos de sirenas parciales que le susurran desde los supuestos lugares de corrección política, donde se esconden nitidamente los interesados en debilitarlo.

Un comentario sobre “Reforma Judicial:¿Alberto es o se hace?

Agrega el tuyo

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: