Una caja llena de dinero y una sociedad colapsada

Imaginen a una familia ilusionada con comprarse un auto. fueron guardando el dinero en una caja y restringieron al máximo los gastos para poder cumplir con el sueño futuro e impreciso de hacer un viaje largo, todos juntos en el auto que alguna vez comprarán.

Durante meses dejaron de darse lujos: ya no van al cine, sus hijos dejaron todas las actividades extraescolares para no quitarle dinero al sueño del auto propio. Una de las abuelas vivía con ellos, y es la que se encargaba de la cocina, mientras el matrimonio trabajaba.

Una noche se desató una tormenta muy fuerte, y la casa que habitaban se deteriora. Las puertas se descentran y ya no cierran bien. En los techos aparecen manchas de humedades, y con el paso de los días, la casa empieza a advertir posibilidades de derrumbe.

La esposa reclama usar el dinero ahorrado el auto y que se utilice para arreglar la casa. El marido se niega y repite que ese dinero será utilizado para comprar el auto y para hacer el viaje en familia. Mientras tanto pedirá un crédito, a tasas altas, e irá reparando los daños que se profundizan a medida que pasa el tiempo

Se endeudan para arreglar la casa, pero no alcanza. Arreglan el techo, pero las paredes se van abriendo. Necesitan más plata, porque otra tormenta puede derrumbar el hogar. El hombre insiste que esa plata no se toca y sale a pedir más dinero, pero nadie le presta dinero porque saben que tienen esos ahorros guardados. Y todos le repiten lo mismo :»Gastá la que tenes ahorrada, y cuando necesites más que eso, te lo prestamos».

A los seis meses, la abuela contrae una infección y termina internada en un hospital. Los chicos se enferman por los fríos nocturnos, y la mujer, desesperada, le reclama al marido el dinero de la caja. Y él insiste: no pienso tocar un peso de esa casa. La ahorramos para el auto.

La abuela muere, la mujer harta de la situación se va con los niños . El hombre se queda solo, en la casa derruida, vacía , pero sentado arriba de la caja con el dinero ahorrado y se autojustifica: esto es para el auto, y nada más que para el auto.

Ya no se podrán reparar los daños ocasionados por su obsesión: ahorrar en pleno desastre, para cumplir un objetivo que se volvió vacío: habrá auto en el futuro, pero ya no habrá viaje familiar.

EL SUPERÁVIT, ESA HERRAMIENTA INÚTIL

El gobierno de Santa Fe reconoce que en Julio tuvo un superávit de 8000 millones de pesos. El dato es oficial y se desprende de los informes realizados por el Ministerio de Economía de Santa Fe que conduce Walter Agosto y se explica principalmente por la fuerte reducción de la obra pública, que cayó un 75% en comparación con el año pasado.

Otro dato irrefutable: a finales de agosto, la provincia «guarda» en Plazos fijos, casi 40 mil millones de pesos.

O sea, Santa Fe gana dinero en intereses y muestra «salud financiera», pero al mismo tiempo deja de hacer obras, no recompone salarios, no invierte en recursos humanos para afrontar el momento más álgido y dificil de la Pandemia. Deja de pagar la energía eléctrica a la mayorista, no habilita dos hospitales que están terminados, ni ofrece a los docentes condiciones mínimas para poder continuar con el ciclo lectivo a través de medios digitales: los docentes que pueden pagarse el internet, sus datos telefónicos y tienen sus computadoras pueden seguir dando clases. Si no pueden, no importa.

Para Agosto, la prioridad es que los números cierren en las planillas, que el Estado tenga plata guardada. Lo demás no importa.

La conclusión es espantosa, pero real: Perotti y Agosto eligen ahorrar mientras existen necesidades elementales sin cubrir, pero el gobierno se jacta de hacerlo, y hace una gran excepción: Decide hacer gastos grandes e innecesarios, como aumentar la partida para publicidad, o disponer de recursos reservados y sin rendición de cuentas, para fortalecer el silencio de quienes podrían denunciar, a cada minuto , que la casa se está derrumbando, y que ellos tienen plata guardada.

El superavit y el déficit, no son valores constantes: son herramientas con las que cuenta el Estado para ofrecer condiciones de igualdad, especialmente en las situaciones de crisis.

Sólo un neoliberal crudo, puede creer que es sensato ahorrar, mientas se le derrumba la casa.

LAS INVERSIONES NACIONALES Y SANTA FE

Uno podría pensar que la «identidad» del gobierno provincial con el nacional, es la razón del ahorro en medio del desastre. Sin embargo este viernes quedó claro algo: La nación no sólo no le paga la deuda a Santa Fe por coparticipación, que tiene sentencia de la Corte y que actualizada por inflación, supera holgadamente los 120 mil millones de pesos.

No. El gobierno nacional asistió a la Provincia con más de 16 mil millones para la crisis COVID, y le dijo basta: «Vos tenés tus ahorros, usálos» parece decirle Fernandez a Perotti, cuando se presentan obras en distintos lugares del país:

Los números son claros: mientas a Tucumán le invierten 1.700 millones, a Tierra del Fuego 2.380 millones, a Chubut casi 2000 millones y a la Provincia de Buenos Aires, un Plan de seguridad por más de 10.000 millones y otros 27.000 millones en rutas y obras de cloacas, a Santa Fe le dan 377 millones. O sea, para la Provincia acreedora más importante del Estado Nacional, un 1% de lo que recibe Buenos Aires. y apenas un 12 % de lo que recibe Chubut. O un 30 % de lo que recibe Tierra del Fuego.

¿ Alguien lo puede explicar?

Si. La ortodoxia de Walter Agosto y la obsesión de guardar dinero para comprarse «un auto» en el futuro, impacta sobre la realidad provincial que cada día se vuelve más compleja y densa, y sobre la mirada de los otros, que claramente le dicen: «A vos no te doy, porque te la estás guardando».

Al gobierno provincial le cierran las cuentas y lo celebran como si se tratara de un logro. Ahí es cuando se exterioriza lo ideológico: que cierren los números, aunque el costo social sea tener una provincia de paros docentes continuos, de médicos y enfermeros agobiados y mal pagados, de ausencia de recursos humanos en los hospitales, de obras públicas elementales sin abrir como los hospitales de Rosario y Coronda.

Ningún Estado en crisis, si tiene como prioridad central la vida de la gente, puede ahorrar mientras existan personas que no tienen ingresos para alimentarse durante un mes, como en el caso de los docentes reemplazantes.

En la administración de los recursos, se delata el pensamiento y las prioridades de los gobiernos.

Queda claro que Perotti se parece mucho al hombre que por guardar la plata y sentarse sobre la caja que la contiene. Se caerán los techos de la provincia, se morirá gente por falta de recursos para atenderlos, y al final, cuando quieran usar esa plata ahorrada – todos suponemos que para la campaña del año que viene- probablemente el «auto», ya no sea necesario.

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