-Papá,¿Por qué celebran el día de la Lealtad?

Mi hija se detiene un segundo frente al televisor, de paso hacia su habitación. En el graph del noticiero dice: «Mañana se celebra el día de la Lealtad» y entonces temo por su pregunta. Y no puedo evitarla:

¿Por qué es el día de la Lealtad, mañana?

Uf. Me recordé haciéndole la misma pregunta a mi padre hace cuarenta años en el comedor de mi casa. Octubre de 1982. Mi viejo leía el diario y yo lo interrumpí después de haber escuchado en la Tele, un informe sobre la reunión de las 62 organizaciones peronistas. Había terminado Malvinas, se rumoreaba el final de la dictadura, y la veda política llegaba a su fin.

Es una celebración del peronismo, le respondo, sabiendo de la insuficiencia de la respuesta para una adolescente que pasa por el mundo hambrienta de curiosidad, aunque las respuestas le importen muy poco. Los chicos parecen exigir respuestas sobre cualquier cosa de manera rápida, como lo consiguen con dos clics. Pero hay cosas que no se pueden explicar con facilidad.

-Es la fecha en la que el pueblo peronista, rescató a Perón de la cárcel. Le agrego.

-¿Perón estuvo preso? me apura.

-Si, unas horas. Evita encabezó la movida y después Perón fue presidente

¿Perón era bueno? me clava el cuchillo en el estómago de mis dudas y trato de eludir su pregunta respondiendo : «Todos somos un poco buenos y un poco malos, la historia no se divide así». Pero ella insiste: – En ese momento, Papá. Y entonces resongo: -Supongo que yo hubiera estado en la Plaza apoyandolo. Pero después no.

Mi hija deduce que no es un tema fácil de explicar y prefiere volver a su pieza. Me temo que se aburrió. En cambio yo me disparo a la computadora.

¿Cómo se explica el día de la Lealtad?


Maldita sea. Yo hace 40 años que vengo tratando de aceptar el relato para no caer en el desprecio del peronista. Aquel 17 de octubre que no viví, aquella mística que no inhalé, aquellas imágenes que de tanto escucharlas terminaron siendo memoria visual de lo que nunca alcancé a ver. Y esta mocosa viene a exigirme una respuesta.

Que si, que la palabra Lealtad es propiedad del Peronismo. Que está bañada de valores que han desaparecido y han despreciado y depreciado ellos mismos , que sigue siendo emoción en las arterias de muchos, pero especialmente el contenido de una retórica que parece infinita y que nos devuelve a las «patas en la fuente», los «cabecitas negras forzando el cierre de los puentes, para que no pasaran los gorilas» que se yo.

Es una historia que leí en muchos libros de diferentes tendencias, que escuché en las sobremesas de mi casa no peronista, que sufrí en las discusiones de mis viejos con sus amigos peronistas, y que más tarde, tuve que enfrentar yo mismo en los debates sobre política que empecé a protagonizar en el Centro de Estudiantes de la secundaria.

No sé que es el día de la Lealtad peronista porque nunca lo celebré, porque nunca fui parte de esta historia, y porque esa ajenidad me ha provocado más rechazos que adhesiones. Y tengo porqués.


No quiero explicar al Peronismo. No es un asunto posible, mientras el peronismo siga siendo tantas cosas distintas a la vez. No caeré de nuevo en la trampa de preguntar qué peronismo se celebra el 17 de octubre, porque todos, sin excepción, aprendieron la respuesta : «La Lealtad a Perón». Y entonces cabe la pregunta de siempre: ¿ A cual Perón?. Y entonces allí las respuestas serán diversas y también automatizadas: Desde el «hay un sólo Perón» hasta aquella que describe al General en sus últimos días, como «Un viejo cansado y engañado por su entorno». Ese Perón parece no contar. Las contradicciones de Perón desaparecen del relato que lo deja congelado en aquella poblada de 1945, en las políticas indiscutibles de beneficio para los trabajadores y los más necesitados. Esas políticas que ya eran realidades en muchos países del mundo central, y que se convirtieron en leyes indiscutidas con la post guerra, especialmente con la llegada del añorable «Estado de Bienestar».

En el resto del mundo occidental nadie celebra a los gobernantes que consagraron las leyes sociales, porque se consideran logros de los sindicatos y los trabajadores. Fue un cambio de paradigma que produjo la mayor tasa de igualdad en (casi) todos los países del mundo. En Argentina, en cambio, por esas razones caprichosas de la historia, siempre fueron las «Gracias de Perón».

Es ucrónico pensar que hubiera pasado en el país sin aquella jornada mítica del 17 de octubre. Sucedió y punto. La historia se escribe sobre hechos, y los hechos, fueron esos.


El día de la Lealtad le dió inicio al Peronismo. Un «movimiento» que desde hace 75 años gira en torno a las decisiones de los líderes de turno del Partido Justicialista o de los Presidentes peronistas cuando les toca estar en el poder.

El peronismo ya mostró todas sus caras, que por distintas y contradictorias que hayan sido, nunca consiguen escindirse de aquella mitología inicial. La «lealtad a Perón», quedó escrita con la misma tinta que se usó para escribir los textos bíblicos: Desde el punto de vista cristiano, existe una esfera más allá de la terrenal, y si la lealtad al hombre entra en conflicto con la lealtad a Dios, la última tiene prioridad. Jesús dice «Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». Ello está relacionado con la autoridad de un amo con sus sirvientes, quienes de acuerdo con la ley (bíblica) le deben lealtad a su amo.

El Peronismo le insufla poderes supraterrenales a sus muertos. Primero a Eva, luego al propio Perón, y en el siglo XXI recorre – con menos suerte- el mismo camino con Néstor. Las banderas de sus muertos funcionan como factores de unidad en la diversidad. «Nadie es más que Eva ni que Perón» que son los amos originales. Los demás, en tanto vivos y mortales, sólo son «circunstancias» históricas que nunca modifican la ley sagrada. Apenas la interpretan.

La Lealtad no se pone nunca en duda, aunque paradójicamente, la historia del peronismo es una sucesión interminable de deslealtades.


El golpe de estado de 1955 perfeccionó al Peronismo. Del relato glorioso del 17 de octubre, la protección de los pobres en manos de Eva que murió tempranamente y la descomposición de un proceso que acabó como acababan todos los gobiernos sudamericanos de la época, incluyendo barbaries como el bombardeo a la Plaza de Mayo y la estúpida decisión militar de prohibir al peronismo, nació el relato definitivo: el peronismo nació de las tripas de un pueblo que reclamaba igualdad, encontró un lider que debió escaparse de la muerte y que se constituyó en mito vivo en el exilio. Su palabra llegaba, cuentan, como las palabras de Dios. Los representantes eran muchos y diversos.Todos hablaban con Perón, todos lo representaban en la tierra prometida. Y allí nace la segunda fase del «peronismo y la lealtad»: los que en su nombre se alzaron en armas.

Una simplificación de la no ideología del peronismo, pretende dividir al «Movimiento» entre facciones de Derecha e izquierda. Curiosamente, todas las ramificaciones del peronismo tuvieron el mismo sesgo original: todos se fundaban en la Lealtad al líder, en sus propias interpretaciones de los deseos del propio Líder que manejaba el silencio a control remoto desde su casa en Majadahonda, en las afueras de Madrid con una habilidad propia del estadista titiritero: Tanto Montoneros como la Triple A mataban en nombre de Perón. Ambos se vengaban en nombre de Perón. Y Perón dejaba hacer, sin condenar a nadie explícitamente.

La reguera de muertes anteriores a la dictadura del 76, estuvo signada por los asesinatos de los desleales. Que se mataban entre ellos por la misma lealtad que los otros consideraban opuestas.

Desde Silvio Frondizi hasta Eugenio Aramburu, pasaron centenares de nombres a mejor vida, en el nombre de Perón.

Montoneros y la Triple A se usaron mutuamente; la cúpula de los primeros, para acumular poder y ganar legitimidad, y la Triple A ( nacida con la anuencia del propio el viejo general) para volver a la presidencia de la República. Ambos fogonearon la violencia.

A esas «deslealtades» extremas que son las muertes, se le sumó el breve paso del «Presidente que no fue»: Hector Cámpora. Un buen hombre, leal a Perón, que permitió ser usado como escalón de salto para el retorno del General. La lealtad del Tío, fue pagada con mucha deslealtad por gran parte del peronismo: “un gobierno de putos y de aventureros” dicen que dijo Perón en Puerta de Hierro.

“A los enemigos, embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento”, dijo en su primer discurso al regresar al país, marcado por la masacre de Ezeiza, donde la multitud que lo esperaba se enfrascó en un tiroteo. Ese día, la extrema derecha del movimiento impidió por las armas que los Montoneros coparan los mejores lugares del palco donde debía hablar el viejo general.

Perón volvió, la sangría se profundizó, el viejo echó a Montoneros de la Plaza. Los Montoneros sin embargo, siguieron celebrando cada 17 de octubre como el día de la Lealtad.


El genocidio militar de 1976 a 1982 purgó aquellas «diferencias internas del Movimiento» cómo supo sintetizar el carismático dirigente Antonio Cafiero. Las decenas de miles de victimas asesinadas, torturadas y desaparecidas durante la dictadura, unificaron el discurso en el retorno a la democracia.

Aún así, durante la dictadura, los Montoneros terminaron provocando movimientos «confusos», como la «contraofensiva» que le «sirvió» a la dictadura de Videla, algunos «signos de vida» de la guerrilla, en pleno mundial 78. Todos hablaron de un pacto Massera- Firmenich. Nadie pudo corroborarlo. Lo cierto es que Firmenich, Perdía y casi la totalidad de la conducción Montonera, sobrevivieron a la dictadura. Y nunca explicaron cuales fueron los destinos de una extorsión multimillonaria, que se cobró por el secuestro del empresario Born.

En las filas del Primer Peronismo sin Perón, luego de Malvinas, aparecieron en primera fila los dirigentes gremiales «duros». Desde el Loro Miguel al protagonista de las «luchas sociales» durante el Alfonsinismo, Saúl Ubaldini, todos confluyeron en la derrota de 1983 por paliza. Las principales autocríticas de la época hablan de las «deslealtades» de la época. La «derecha» del peronismo acusó a la «izquierda» de no haber solventado las candidaturas de Luder y Herminio Iglesias.


El golpe económico a Alfonsín – definición consagrada por el Kirchnerismo en su conjunto y por el actual presidente Alberto Fernandez en particular- devino en el retorno del Peronismo al gobierno, luego de 15 años de «ausencia». «El poder vuelve a las manos del Pueblo» dijo entonces emocionado el vencido precandidato a presidente del Peronismo Renovador, Antonio Cafiero. Era 1989, un país ardía en llamas y el presidente se llamaba Carlos Saúl Menem. Colorido personaje de época, que sintetizaba al peronismo: preso de la dictadura, pero con una enorme capacidad para olvidar y reconvertirse, tanto en lo físico como en los ideológico: en pocos dias dejó el look caudillo para convertirse en modelo de trajes Cristhian Dior. Dejó las promesas electorales del salariazo, para producir un brutal ajuste económico que abrió las brechas más altas de desigualdades sociales en el país. Las herramientas fueron las privatizaciones de todas las empresas públicas, y una alianza explícita con la UCEDE, el partido que representaba mejor que nadie a la «derecha gorila, a la Oligarquía antiperonista», y sobre esas bases, con la compañía de todos los sectores del peronismo, incluyendo a los Montoneros residuales que fueron beneficiados con indultos al igual que los genocidas militares, gobernó 10 años, sin demasiados inconvenientes.

En su gobierno privatizó YPF. El beneficiario de aquel negocio fue un tal Néstor Kirchner. El hombre que arengó para que quedara en manos de Repsol, pero luego la reestatizó en nombre de la Soberanía.

Los Fernandez, Anibal y Alberto, fueron funcionarios de aquel gobierno.

Menem celebró cada uno de los 17 de octubre durante su presidencia. En el nombre de la Lealtad a Perón, vació al Estado, lo endeudó y empobreció como nadie hasta entonces a los «cabecitas negras», a los que pusieron «las patas en la fuente».

Menem es hoy, en su vejez profunda, Senador del Peronismo. Votó cada ley que necesitó CFK en su segundo mandato, y renovó su banca como candidato del Frente de Todos.


El bochornoso gobierno de la ALIANZA, abonó la teoría de que «sólo el Peronismo» puede gobernar al país. Los propios peronistas que integraban aquella experiencia antimenemista, no demoraron en olvidar las diferencias con los propios, y se sumaron rápidamente a los teams que iban a disputar la gran interna.

La asunción de Eduardo Duhalde como presidente interino, tras el paso de cinco presidentes en una semana, ordenó la economía. Provocó una devaluación histórica del 400 % de la moneda argentina, licuó las deudas de los bancos con sus clientes, y preparó el terreno para las nuevas elecciones nacionales.

De no haber sido por el asesinato de dos dirigentes sociales en una estación de ferrocarril de Buenos Aires, ocasionado por la policia del entonces Ministro Anibal Fernandez, Duhalde se pudo haber quedado un poco más. Eligió candidato por descarte, para enfrentar en internas abiertas al hombre del que fuera vicepresidente: Carlos Menem. Cosas de la lealtad.

La defeccion del ultraliberal peronista( responsable de la pero inundación que recuerde la provincia de Santa Fe y de 8 asesinatos a manos de la policia, entre las que se incluye al dirigente social» Pocho» Lepratti) Carlos Reutemann, permitió que apareciera en escena Néstor Kirchner.

Kirchner, un dirigente conservador, protagonista de los 90, que nunca había conmemorado el 24 de marzo en su provincia, llegó al poder luego de haber sacado el 22 % de los votos, y de que Carlos Menem- que había sacado el 24%- desistiera de participar de un balotage con contundente derrota anticipada.

Néstor se reiventó a partir de un relato del que siempre había sido ajeno Y la aparición de lideres populistas en América lo alentó: ahora se trataba de reivindicar los Derechos Humanos, e ir por aquellos que habían sido indultados por el «otro peronismo», el mismo peronismo del que había formado parte en su momento, y al que definió en un discurso «como el mejor gobierno de la historia Argentina». Cosas que se dicen.

El precio récord de la Soja que llegó a valer 800 dólares por tonelada, lo ayudó a reconstruir lo que el propio peronismo había destruido ( con una gran ayuda del gobierno de Fernando De la Rua) . Nació la épica del Kirchnerismo.

El relato se sostuvo calmo hasta la primera presidencia de su esposa, Cristina Fernandez. Allí apareció «la grieta». los enfrentamientos con el campo, la 125, el comienzo de la inflación y la invención de un enemigo público: el Grupo Clarín. Paradojas de la época. Clarin nunca había crecido tanto en su dimensión multimedia como en el propio gobierno de Néstor. Dueño de casi la totalidad de la TV por cable del país, el gerente del grupo, Magnetto, pasó de habitual consejero y convidado en las mesas de Olivos, a ser el «genocida cómplice del robo de papel prensa». Y los hijos adoptivos de la dueña del grupo, Ernestina de Noble, a hijos de desaparecidos sin ADN. Un tema del que nunca se volvió a hablar.

La prematura muerte de Néstor avivó el fuego de la mística. Había participado diez días antes de su muerte en un enorme acto en la cancha de Racing, celebrando, cuando no, el día de la Lealtad. Allí Cristina se peleó públicamente con Moyano- líder de la CGT- y comenzó otra etapa.

Cristina viuda, obtuvo el 57 % de los votos. Su frase «vamos por todo» en un lluvioso dia de la Bandera, produjo un sisma interno y externo. Los cuatro años de su segundo gobierno agudizaron las diferencias.

El enriquecimiento de los funcionarios, los amigos personales del difunto lider y la inexplicable fortuna de la propia Presidenta, produjeron una fuerte reacción en la sociedad. La economía ya venía en caída, el contexto latinoamericano empezaba a torcerse, y la imposibilidad constitucional de un tercer mandato, prepararon la salida.

Cristina eligió rival: un tal Mauricio Macri. Lo infló tanto que lo convirtió en su sucesor natural. El 17 de octubre de 2015, Macri celebró el día de la Lealtad junto a Moyano y muchos gobernadores peronistas. La Lealtad a full.


Cómo si se tratara de una lección de la historia, el Peronismo volvió a unirse por primera vez desde 1999 para enfrentar a Macri y un gobierno que desaprovechó todas las chances que le dió la época. El desastre que provocó en la economía, el sobreendeudamiento y la falta de políticas concretas, convirtieron al gobierno de Macri en una bisagra breve. Cristina leyó encuestas y entendió mejor que nadie, que para poder volver necesitaba de todos, incluso de ella misma en un lugar menos expuesto.

Y entonces eligió como candidato a Presidente a un hombre que habiendo sido muy cercano a su marido, había tomado distancia casi irreversible con ella. Alberto aceptó ser presidente de una mujer a la que había calificado de «ladrona» «incompetente» y «delirante». Tambien aceptó a Axel Kicillof como candidato a gobernador de Buenos Aires. A él sólo le había dicho «ignorante» y «responsable del desastre económico de la Argentina»

Pero eso no era todo. Al tren se subió Sergio Massa, fundador del ya viejo «Frente Renovador» que había jurado, si, jurado que «jamás volvería al Kirchnerismo», el propio Moyano en nombre de lo trabajadores, y una pila de peronismo neoliberal reseteado entre los que se incluyen los gobernadores Gioja, Perotti, hasta el propio antiK, Schiaretti. Todos juntos, de la mano, en nombre de la Lealtad.

Y llegamos hasta hoy. Un Peronismo extraviado, transitaNdo un época desconocida para su propia historia. Hizo mal los cálculos, se la complicó la pandemia, y por sobre todas las cosas, encontró un país con una crisis, seguramente la más dificil del siglo XXI, en la que no tiene asideros sólidos.

El país está partido literalmente en dos. La mitad de la población odia a la otra, y los que no quieren odiar, terminan acusados de formar parte de la otra facción, acumulando el odio de ambas.

Un país sin moneda, con una desconfianza interna y externa absoluta, sin viento de cola de las comodities, ni líneas de créditos a mano que se descubre desnudo.

Con un presidente que tuvo gloria fugaz con los «efectos de la Pandemia», pero que se fue agotando por sus propios errores y los condicionamientos de su silenciosa vice, que quiere gobernar, claro, porque se sabe dueña de la mayor cantidad de votos que les permitieron volver a gobernar.

No hay soja, no hay bienes por vender, no hay mística que les devuelva la certeza de estar representando los valores de aquellos que se mojaban las patas en las fuentes de Plaza de Mayo, hace 75 años.

Un país que les robó la calle, a base de «juntadas» de decenas de miles que no encuentran todavía un motivo en común, pero que dejan ver las babas de la rabia de un aparte importante de la sociedad, que ya no quiere lideres omnipotentes, ni avances sobre las libertades individuales para simular el desastre.


Acá paro. Escribí todo esto pensando en la explicación que quería darle a mi hija sobre la Lealtad, su día y el peronismo. No creo que quiera leerlo ahora, ni por los próximos meses y años. Demasiado tiene con la realidad, el encierro y las clases virtuales.

Ojalá algún día lo lea, y si es dentro de muchos años, lo complete con los capítulos que faltan.

Si, hija. Es el día de la Lealtad. Pero como verás, nunca se trató de eso. Sino de las maneras en la que supo el peronismo, acomodarse a los tiempos para poder acceder al poder.

¿ Porque lo dejamos?

Porque faltan dirigentes con cojones para construir una nueva épica. Porque carecemos de amor propio, porque somos un país con dudosa moral que se queja de las coimas, pero que coimea apenas puede.

Ojalá que cuando tengas mi edad, puedas escribir una nota que hable de lealtad cómo significado de virtud, y que su objeto sea noble.

Yo por ahora, te puedo contar esto.

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Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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