Mario Pereyra: la radio, la libertad y los incapaces

Se murió Mario Pereyra. Es curioso su caso. Nunca tuvo que atravesar por los medios «nacionales» para ser un personaje nacional. Su historia es mucho más que la historia de un locutor devenido en periodista. Su historia cuenta además, sobre la soberanía de la palabra, sobre el amor profundo por la radio y sobre la incomodidad que genera la libertad de expresión, en el poder y en algunos sectores que se pasan la vida hablando de ella y son los primeros en censurar.


A mi no me gustaba, lo aclaro. Lo aclaro porque eso no tiene nada que ver con la valoración que tuve y tengo sobre él. Yo no elegía escucharlo, casi nunca, pero no dudaba en buscar su dial cuando los hechos urgentes demandaban información. En Santa Fe, hay un caso muy parecido con Aire de Santa Fe, la radio de Luis Mino.

Pero la muerte de Mario Pereyra es la muerte de un pedazo grande de la radiofonía argentina. Sencillamente porque se arriesgó a hacer lo que nadie se arriesga a hacer en este país : desafiar a la concentración porteña de la información y construir un medio desde su Córdoba para todo el país. Y lo hizo. Contra todos los factores de poder que intentaron frenarlo o comprarlo. Cadena 3 es hoy lo que es gracias a él y a su colega Rony Vargas.

¿ Era antiperonista? Si. Explícito. Y gozaba de las discusiones que esa condición le generaba con los oyentes y con muchos dirigentes políticos.

Le hizo una entrevista oscura a Mario Benjamin Menendez, si. Y aunque nunca confesó el arrepentimiento, jamás, despegó su discurso del discurso democrático. Era liberal, decía. Y fortaleció mucho a Mauricio Macri en su campaña a la presidencia en 2015. ¿ Y?. Periodistas indiscutidos por el «Progresismo peronista» hablan de eso sin piedad, mientras se olvidan de los propios cómo Horacio Verbitsky ( asesor de la dictadura), Victor Hugo Morales ( amigo personal de los militares uruguayos durante la dictadura) o Eduardo Aliverti ( le hizo un reportaje largo convertido en libro a Galtieri) hicieron lo mismo o cosa peores.

Debatir al periodismo de la dictadura es poner en dudas a tipo enormes como Carrizo, Larrea, Badía ó a humoristas geniales como Tato Bores. La mayoría de los periodistas argentinos mayores de 70 años, trabajaron durante la dictadura, claro. Y muchos de ellos entrevistaron a los nombres criminales que gobernaban. ¿ quién decide a quien disculpar y a quién no?

Pereyra fue un hombre cojonudo, con una prepotencia de trabajo que lo convirtió en lider absoluto de audiencia en Córdoba y con el tiempo, en muchas ciudades del país. Incluyendo a Buenos Aires, claro, donde muchos taxistas lo escuchaban con devoción. Lo mismo fue pasando a lo largo de los años en  Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Rosario, Salta, Catamarca, La Rioja, San Luis, Neuquén, Bariloche, Río Gallegos y Ushuaia, y la radio cuenta con corresponsales en Madrid, México, Miami, Moscú y Roma.


Los que lo cuestionan, más allá de las diferencias ideológicas que son corrientes acá y en cualquier país del mundo, no fueron capaces de hacer un 1 % de lo que hizo Pereyra con Cadena3.

Pereyra convirtió a la vieja LV3 en una radio desde dónde pudo decir hasta el último día lo que quería decir. Y eso si que no es normal. Menos en un país como el nuestro en el que los grandes grupos tienden a concentrar todo y morfarse a los pequeños a cambio de 3 pesos con cincuenta.

Eso es lo que vale de Pereyra. Y de todos los hombres y las mujeres que eligen la emancipación, el riesgo, el desafío de crecer dónde hay un campo minado por los grandes grupos , el condicionamiento político y la inestabilidad económica constante que atenta contra la subsistencia de los pequeños.

Pereyra fue exitoso. Y eso no se perdona.


Fue lamentable leer hoy algunos post en redes sociales, criticándolo por aquella entrevista a Menendez, sin detenerse en la obra comunicacional gigante que deja en pie.

Es indignante que periodistas de medio pelo, militantes y asalariados consuetudinarios, incapaces de desafiar a la línea editorial de los medios donde trabajan y mucho menos de levantar medios para generar puestos de trabajo, se prendan de esos «detalles» que no cuestionan en los de su palo, para descalificar a un gigante.

No me gustaba su estilo, no era la radio que yo quería escuchar. Pero era la radio que elegían millones de tipos todos los días, porque conectaban con él. Porque él conectaba con la gente. Y esa sabiduría, ese «radar» para saber lo que los demás quieren escuchar, merecen respeto. Muy pocos lo tienen.

Los que descalifican a Pereyra, expresan su propia impotencia por no tener esa capacidad de hacer, de invertir, de construir una torre desde donde decir lo que quieren, sin necesidad de señalar todo el tiempo al otro.

Sin las excusas que generalmente pone el mediocre, a la hora de criticar a los que brillan. Y este brillaba, gustara o no.

Que en paz descanse, Mario. Pasará a la historia de la radiofonía sin que haga falta un tribunal para eso. Lo decidirá la mayoría de la gente, hayan o no compartido su línea editorial, sus ideas o su estilo.

Cómo Carrizo, cómo Badía, cómo los Guinzburg, los Castellos y los gigantes de la comunicación argentina de los siglos 20 y 21, será leyenda.

Y lo merece

Un comentario sobre “Mario Pereyra: la radio, la libertad y los incapaces

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  1. Yo si siempre lo escuché cansada a mis 20 años de las radios de Santa Fe políticas y futbolistas y amarillista abandoné el dial santafesino y encontré esta gran radio de Córdoba en am , hoy a mis cincuenta despido con amor a Mario gracias en nombre de todos los artistas argentinos especialmente nosotros los Santafesinos!!!!hasta pronto Mario!!!🙏🌈

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