Los mensajes de Lara

La foto de Lara recorre el mundo. La noticia se viraliza sin demasiadas precisiones. La foto habla sola, aunque no dice todo. Lara deja un mensaje y el riesgo es que ese mensaje se malinterprete. Lara es la victima de una situación que tiene responsables, si, pero no culpables. La saturación del sistema de salud habla por si sola. No hay camas, ni para Lara, ni para ningún ciudadano que deba ser atendido de urgencia. Los médicos y enfermeros también colapsan emocionalmente. Los reclamos se multiplican, se cruzan, se confunden, se mezclan y el enojo no suma nada.

La foto de Lara Arreguiz, esa estudiante de veterinaria de 22 años, es una postal mundial. En pocas horas, su historia se escribe en diez idiomas. Hablan de ella los alemanes, los rusos, los españoles y los neozelandeses. Su imagen durmiente en un pasillo del hospital Iturraspe duele. Esperaba una cama y demoró en recibirla. La neumonía bilateral había avanzado demasiado, y se complicó por su condición de diabética insulino dependiente. La cama llegó tarde, porque en Santa Fe las camas se desocupan con muertes. Alguien «demoró» en morir y Lara llegó tarde.

La situación de Lara era frágil antes. Lo dice su madre que no puede aceptar el dolor que la cruza. Que su diabetes la fuera debilitando no implica que no haya podido ser vacunada y protegida del Covid. Pero en Santa Fe no hay vacunas. Ni para Lara ni para ningún santafesino que la necesite. Todavía no se vacunaron a todos los menores de 70. Los de 80 aún no recibieron la segunda dosis. Ninguna de las personas con comorbilidades menores de 60 fueron vacunados.

Como en casi todos los distritos del país, algunos militantes y funcionarios recibieron sus vacunas sin necesitarlas. Se sacaron fotos haciendo la V Prometieron investigar pero todas las investigaciones se perdieron en la nada. Ni el Ministerio de Cultura explicó por qué se vacunó gente, ni el IPEC, ni ningún fiscal llamó a nadie por la distribución de vacunas por afuera del sistema único en febrero.

Así llegó Lara al Covid. Así llegó Miguel Lifschitz también  a su enfermedad: esperando los turnos de Vacunacion. Y el virus les provocó un daño físico del que no pudieron salir con vida.

En Santa Fe hay menos de 1000 camas críticas públicas, contra más de 3000 que tiene Córdoba. En 14 meses de gestión provincial no se duplicaron siquiera. En cambio Córdoba las triplicó. Con el mismo presupuesto. Con las mismas herramientas financieras que tuvo Santa Fe.

Y hay una diferencia: Santa Fe guarda al menos 65 mil millones de pesos en plazos fijos. El gobernador se burló de quienes afirmaban eso en su discurso de apertura de sesiones ordinarias. A las pocas horas se conoció el dato de manera oficial y si. Tenían en marzo 65 mil millones y hoy pueden ser más.

En estos 14 meses no se sumaron médicos ni enfermeros al sistema. Murieron muchos, como en todas las provincias. Pero el sistema de incorporación de personal se hizo bajo sistema precario y con una oferta salarial vergonzante : Un médico en Santa Fe cobra 500 pesos por hora. Un enfermero 200, un personal de radiología 190. Muchos rechazaron entrar al sistema porque no quieren arriesgar sus vidas por los montos ofrecidos.

Coronda tiene un hospital sin inaugurar  desde diciembre de 2019. Les faltan camas y médicos,claro. Pero no lo equiparan. Tampoco se avanzó en la construcción de los hospitales de Rosario  y Rafaela. Ambos son gigantes y proyectados para alta complejidad.

En Reconquista y Ceres, los hospitales fueron tomados como cotos políticos. Las historias de ambos nosocomios avergüenza: Directores despedidos sin causa en medio de la peor pandemia. Punteros políticos de los intendentes o del gobernador ocupando cargos mientras no sumaron médicos ni camas.

Todos lo saben, nadie lo dice. Cuando alguien lo dice, como en mi caso, ellos amedrentan con cartas documentos y amenazas de acciones judiciales. Los sindicatos de prensa callan. Sólo levantan la voz para defender a periodistas partidarios.

Durante esta pandemia en Santa Fe, los gremios públicos hicieron negocios. UPCN con la ropa de los enfermeros y médicos. ATE con la intermediación de la facturación de los hisopados que realizó en todo el Centro Norte, un Grupo de salud privada que financió la campaña electoral de Perotti.

Los mismos gremios que reciben millonarias cifras mensuales por los alquileres Fe sus hoteles y campings donde no se aloja nadie o casi nadie.

Lara se murió en una provincia donde la obra social pública- IAPOS- acaba de confesar que luego de un año de quita de prestaciones a sus afiliados, entre ellos los jubilados provinciales, tuvo un superávit de 700 millones de pesos.

Lara se murió porque no encontró camas. En una capital provincial que debía tener más camas. Una ciudad que desde septiembre hasta hace 20 días, no se preparó para la segunda ola. Recién hace 20 días se montó un hospital de campaña frente al viejo hospital Cullen. Un pasillo de lona y plástico cruza la Avenida Freyre y desde afuera se alcanza a ver a las enfermeras y médicos que trasladan enfermos a través del nuevo pasillo.

Es injusto acusar al personal de salud por una muerte en alguno de esos hospitales. No dan más,  no aguantan más y a la presión y el stress del trabajo sin descanso, se le suma inquisitiva de los familiares que ven con desesperación que sus familiares se despiden desde una ambulancia.

Una de las  ambulancias que Santa Fe dispone y las que faltan en el Norte provincial. Las que demoraron en comprar, mientras alimentaron otro negocio: el de los alquileres de ambulancias al sector privado.

El mismo sector privado al que se le expropió una moderna clínica del centro de Santa Fe en enero de 2020 y que nunca se utilizó ni siquiera para ser usado para atender a pacientes no Covid. Que tampoco tienen camas ni atención. 40 camas desocupadas y sin personal. A pesar del reclamo del gremio ATSA durante meses.

El Covid vino a  matar, claro. Y sería injusto decir que las culpas son de los funcionarios. Esta claro que este y todos los sistemas del mundo sucumbieron con la sorpresa de su llegada. Pero la segunda ola le dio a Santa Fe suficiente tiempo para amortiguarla. Y no se hizo casi nada.

Lara murió y dejó una foto que será símbolo del estado de las cosas en Santa Fe. Ahora mismo llegan planillas de vacunados vip en Rosario, que mañana haremos públicas. No las denuncia el periodismo, la denuncian las enfermeras. Cansadas del maltrato, de las amenazas y de las injusticias.

Cansadas de ver a Laras tiradas en los pasillos esperando camas. Esperando que alguien muera para poder darle una oportunidad a quién todavía respira.

Lara se fue temprano, como tantos otros miles que se fueron en Santa Fe y Rosario. Como los 76 mil que se fueron en todo el país, mientras esperamos las vacunas que llegan a cuenta gotas. Que se centralizan y se manejan de manera discrecional.

Lara murió y ya no tiene remedio. Lo único que podemos pedir es que los que mandan hagan las cosas de la mejor manera posible, que no guarden un sólo centavo pensando en la campaña electoral y en sus futuros personales.

Lara murió porque su cuerpo no resistió la espera. Una espera imperdonable en una provincia donde nadie debería esperar nada. Donde hay plata guardada. Donde su obra social tiene superávit. Donde hay hospitales y sanatorios públicos cerrados.

Los mensajes de Lara deberían conmover a quienes gobiernan Santa Fe. Ya no por ellos, sino por las Laras que aún se pueden salvar

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