Háganse cargo de una puta vez

Se vuelve insoportable. Mientras el país es una barranca que se desmorona, ustedes siguen buscando soluciones en las conmemoraciones y en la gestualidad vacía. Es ridículo. No se hacen cargo de estar gobernando y en el mismo lugar donde planean juntarse para echarle la culpa a los otros, algunos propios- impresentables- se encargan de marcar la cancha interna, se mandan mensajes explícitos y dejan filtrar discusiones altisonantes que incluyen acogotamientos.

Son TODOS, aunque del otro lado la inmensa mayoría los mira con asombrosa incredulidad. Marchan un domingo de octubre para celebrar ¿qué?. Levantan banderas que mezclan mártires y victimarios. Prestan el micrófono central a personas que tienen condenas penales firmes, por haber robado lo público. Advierten que en el nombre de la paz, hay que matar a todos los hijos de puta que no estén de acuerdo con lo que ustedes piensan.

Aplauden y arengan a un par de desalmados que pisotean las piedras que recuerdan a las 115 almas muertas durante la pandemia, y arrancan las fotos de los muertos con bronca. «Mis muertos valen, los tuyos no» parecen decir. Mi vida vale, la tuya no.

Lo hacen mientras administran al estado con torpeza. Mientras humillan al presidente y lo mandan a hacer papelones públicos en sulquis. Y es el presidente que eligieron ustedes, a dedo por una señora que nunca, jamás, admite tener responsabilidades sobre el desastre que es este país.

Que si, que Macri es el responsable de muchas cosas que pasan en Argentina. Que si, que contrajo deuda, que excluyó, que mandó a la pobreza a varios millones. Pero eluden decir que antes de Macri ya había varios millones empobrecidos, una inflación que ya estaba descontrolada. Un grupo de cretinos que se enriqucieron a base de quedarse con vueltos de la obra pública. Cristina no puede explicar su patrimonio. Del mismo modo que no puede explicar el patrimonio de su marido muerto, ni el de sus hijos. Que cuentan millones sin haber hecho otra cosa que ser funcionarios públicos durante 30 de los 38 años que llevamos desde la recuperación de los derechos constitucionales .

Que se erigen en victimas de historias que por reales e injustas, ya es tiempo de ponerlas en el lugar que corresponde: en la repisa de la historia, y no en el eje del discurso del presente. Basta de hablarnos de Martinez de Hoz y la dictadura, porque la mayoría de sus genocidas protagonistas están muertos y enterrados. Fueron enjuiciados y condenados. Primero por Alfonsin, claro. Y después por la justicia ordinaria. La memoria es un sustento, no una causa. No hay ninguna salida que conduzca al pasado.

Es hoy. Son las vidas de hoy las que están en riesgo. Y crece el abandono, y crece la violencia. Y crece la desigualdad.

Mientras tanto,a diario, mueren decenas de pibes en las calles de todo el país. Soldaditos que pelean el territorio en el nombre de los narcos que dominan las periferias. En un país que les abrió las puertas mientras gobernaban ustedes, o en los años en los que gobernaron al menos 24 de los últimos 30 años. Si, los mismos, aunque hayan acomodado el discurso a las necesidades y las conveniencias de los tiempos. Los mismos: Alberto, el presidente, era funcionario de Menem. Anibal, el ministro, era funcionario de Menem. Cristina, la vicepresidenta, era senadora nacional y con su voto permitió que se privatizara YPF. Y su marido, Nestor, era gobernador de la provincia que recibió el peor golpe económico con aquella acción espuria, y en un acto público dijo : «Carlos Menem, el mejor presidente de nuestra historia». Después cambiaron el discurso y lo acomodaron a los tiempos que corrian. Después, se hicieron militantes de los DDHH, sin recordar que cuando gobernaron Santa Cruz, nunca lo conmemoraron. Sin explicar que durante la dictadura, se enriquecieron ejecutando hipotecas fundadas en la ley 1050, lo que les permitió en el momento en el que asesinaban a los militantes, enriquecerse como casi nadie pudo hacerlo en esos tiempos: 22 propiedades adquirieron los Kirchner durante la dictadura. Y todavía levantan el dedo para acusar de socios de la dictadura, a quienes se oponen a sus decisiones.

Cansan con el «Lawfare», con la excusa de que todo lo que les pasa, de que todo lo que se les imputa es un invento de los medios. Que todo es una construcción de un grupo de «malos» que quieren entregar al pais. Pero eluden explicar los acuerdos que posibilitaron el acceso de China a montar una base en la patagonia argentina, ni se hacen cargo del vaciamiento de minerales a base de Fracking en San Juan, ni asumen que fueron y son sus propias políticas, las que degeneraron el sistema monetario y volvieron a convertir nuestra moneda en nada. Devaluaron como nadie devalúo. Empobrecen y siguen empobreciendo, mientras aumentan los costos de un sistema que está a punto de explotar porque ya no puede pedir mas impuestos, y tiene que seguir manteniendoun esquema de seguridad social que debía ser temporal, y que tenía que ser substituido por empleo y producción.

Se pelean con los únicos socios ricos que quedan en el país. Acusan de enemigos a los únicos que todavía traen dólares y les traban todas las operaciones, en el nombre de un pueblo que ya no los registra como lideres de nada. Porque por más esfuerzo que hagan, no representan a los trabajadores, ni a los pequeños empresarios, ni a los pequeños emprendedores, ni a los propios beneficiarios de los planes, que ven como la devaluación les va comiendo cada peso.

Los ricos tienen que ser parte de un acuerdo. Si la estrategia es la violencia, la amenaza, la violencia, entonces no habrá acuerdo. Es hora de pactar, no de romper más. Si no pagamos la deuda, no habrá crédito, ni tasas razonables, ni posibilidades de ejecutar un sólo circulo virtuoso.

No gana el que cree tener razón, gana el que consigue que las cosas se pongan en marcha.

No pueden seguir gobernando con el relato. Hacen falta políticas públicas serias. Programas. Planes estratégicos. Incorporación al sistema laboral de los millones de desocupados que habitan la indignidad de los planes sociales a cambio de nada. Se necesita devolver la confianza, adentro y afuera.

La sensación es que no quieren hacerse cargo de que están gobernando. La vicepresidenta a cargo del poder, dijo antes de ayer en un acto con tibuna exclusiva de «La Cámpora», que «la oposición debe dejar de inflar globos y pensar que van a hacer con el país». Como si ella no estuviera a cargo del gobierno, como si aún en el ejercicio pleno de su gestión, las politicas públicas dependieran de los otros.

Se acabó. No hay mas tiempo para marchas de épicas muertas. Hay que ponerse a gobernar. Hay que arreglar los asuntos externos, claro, pero además hay que extender las manos, dejar de relatar tragedias pasadas y proponer un acuerdo nacional que nos obligue a todos.

Un acuerdo realista. Que se pueda cumplir durante los próximos 20 años, y que no se discuta cada dos años en una elección.

Hay que poner a los chicos en las escuelas, con doble escolaridad en todo el país. Hay que sacarlos de la calle. Hay que obligar a trabajar en blanco a quienes lo rechazan porque «pierden el plan». Hay que motivar a los productores para que produzcan máas, para que vendan más. Para que salgan a comerse los mercados. Hay que motivar a las empresas extranjeras para que sus fábricas tengan mejores condiciones de trabajo acá y no en Paraguay o Bolivia.

Hay que dejar de decir que este es un asunto de combate contra los otros, porque los otros somos nosotros mismos. Porque sin los otros es imposible construir nada. Porque no hay país posible jugando a la división permanente. Y eso cuaja cuando habitan las vacas gordas, pero ofende cuando la gente no llega a fin de mes, ni consigue casa donde alquilar, ni puede pagar la tarjeta de crédito, ni consigue un puto peso para poder seguir trabajando con su pequeña empresa.

Se acabaron los versos y es hora de hacer política de verdad: es hora de devolverle a la gente la convicción de que es a través de la política como se cambian las cosas. Y eso se consigue con la gente en paz, con hospitales en condiciones, con escuelas para todos los pibes, con un estado competente, con un sistema impositivo más justo, con condiciones macroeconómicas normales. Con justicia independiente. Con un estado que persiga al delito y no que lo favorezca.

Todo eso es posible si nos devolvemos confianza. Si sacamos de la escena al desprecio como norma. Si entendemos que se acabaron los tiempos de la chicana, de la descalificación, de las dobles varas, de las representaciones falsas de una sociedad que no es lo que ustedes creen que es.

No hay una multitud de desposeidos que los adore. No son otra cosa que una mueca triste de aquello que alguna vez representaron.

El mundo cambió, nos pasó por encima la revolución tecnológica y no hay que perder más tiempo en el pasado. Hay que ir por el futuro, y el futuro no llegará cuando «resolvamos la contradicción entre ellos y nosotros». El futuro llegará indefectiblemente, y de lo que hagamos hoy dependerá como sea.

Basta ya de verso, de gargantas rojas, de discursos sin anclajes en la realidad.

Es hora de hacerse cargo de que gobiernan un país. Que desde 2003 a la fecha, lo gobernaron durante 14 de los 18 años que pasaron, y que es mentira que incluyeron. Lo que hicieron fue poner parches en los agujeros, salvar las papas con acciones de cortoplazo. Y patearon para adelante todo lo importante.

No se trata de distribuir lo que cada día es menos. Se trata de producir, de aumentar la riqueza del país. De dar certezas. De poner reglas. Y de cumplirlas.

A gobernar. Con lo que tienen, y si pueden, bajando el copete y acordando con quienes resultan imprescindibles. Esos son los «otros».

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