Las tetas de Carolina

Es políticamente incorrecto hablar de las tetas de una mujer, lo sé. Estoy cosificando una parte del cuerpo de una mujer, a la que también, obviamente, termino cosificando.

¿ Pero cómo se habla de eso de lo que todos hablan murmurando o mandando fotos por whatshapp convertidos en memes, sin ser claros? Carolina Losada es la senadora nacional por JXC en Santa Fe. Ganó su banca por afano. Nadie le puede discutir legitimidad, porque la tiene y en mayor porcentaje que muchos otros dirigentes. Sin embargo hay algo en su belleza que incomoda, que distrae- si- y que provoca enojos.

Lamentablemente, y me considero parte de este colectivo, hablamos más de sus tetas que de sus ideas. ¿ Utiliza deliberadamente sus dones físicos o es naturalmente así ? Un debate que se vuelve incómodo, pero que nos atraviesa en los celulares y no sabemos cómo manejarlo.

Veamos. El padre Ignacio. Una referencia espiritual para millones de argentinos, aparece en una foto con dos dirigentes políticos en los que nadie se detiene. Pero a su izquierda, hay una mujer. Y la mayoría de quienes miramos la foto por primera vez, no reparamos en la identidad de la mujer, sino en su escote.

El escote es amplio. Y la desnudez de los pechos contenidos dentro de él, caen visualmente sobre el hombro del cura, que mira sonriente hacia adelante, sin dar signos de tentaciones terrenales. Aún así, el meme no demora en circular: la foto se recorta y lo que vemos es la cara sonriente del cura y los pechos tapándole una parte del hombro. Y la cara sonriente de quien los porta: Carolina Losada. Una senadora nacional. Y si no lo fuera, lo sabemos, seguiría siendo la dueña de la escena. Impactan los pechos. A los hombres heterosexuales marcados por la masculinidad hegemónica, nos impactan. Aunque lo llevemos en silencio, aunque lo disimulemos. En la primera esquina que choquemos con otro de la misma especie, lanzaremos el comentario venal : «¿Viste esas tetas?»

Lo mismo ocurrirá con muchas mujeres. Las homosexuales, porque sufrirán- supongo- el mismo efecto que el nuestro. Las otras, porque murmurarán entre escandalizadas y envidiosas: «¿ te parece que da ese escote?» ó directamente una descalificación «Mirá la tilinga, que desubicada».

En fin. Para su desgracia, ella podrá hablar de inseguridad, de educación, de la solución final para el conflicto ruso- ucraniano, pero nosotros, nos guste o no, lo asumamos o no, seamos machistas brutales ó machistas en recuperación y en pleno proceso de deconstrucción, o mujeres progresistas, o feligresas de la Virgen de San Nicolás ó una maestra rural, hablaremos de sus tetas.

Repito: ¿ Cómo se habla de lo que hablamos todos, y de lo que nadie quiere mencionar de manera directa?

Ella impacta. Es linda por donde la quieras ver. Durante la campaña electoral se habló mucho de unos pantalones rojos de cuerina que utilizó en una visita de campaña. Y además, claro, es una periodista reconocida en medios nacionales, y es la nueva senadora nacional de los santafesinos, a costa de haber sumado millones de votos.

La discusión es más sencilla y honesta de lo que se cree: Cual es el impacto que tiene su belleza, y en particular sus escotes, sobre las preferencias electorales. ¿ En cuanto impacta su asombrosa figura, a la hora de detenernos o no, en lo que dice? ¿ Qué importancia le estamos dando a este asunto? Y finalmente, lo más crudo de plantear… ¿ Hasta que punto ella, no termina usando su fenomenal y llamativa hermosura, para atraer la atención del ciudadano?

No valen las hipocresías: Si estuviéramos hablando de una actriz del colectivo feminista de las que salen a blandir las reivindicaciones de género, nadie se atrevería a hablar en los términos en los que estoy hablando. Pero estoy hablando de una mujer rubia, bella, que representa a un espacio «de centro- derecha», y entonces, nadie saldrá a defenderla con fuego cruzado. Allí también hay una discriminación y en esa discriminación, una grieta al discurso de la corrección política.

Cuando hablaban de las tetas de Vicki Donda – un siglo atrás, antes de convertirse en empleadora en el INADI de sus empleadas domésticas- los progresistas nos ofendíamos. Si una mujer «progre» lleva sus tetas al hombro de un cura o sale a mostrar las consecuencias de la quema de las islas, con una musculosa escotada, como ella, nadie se animaría a decir nada. Cualquier comentario que hagamos, nos convertiría al instante en mensajeros del medioevo. Y nuestros nombres serían arrojados al infierno de la cancelación, por machirulos, retrógrados.

Pero con ella no. Con ella, las mismas mujeres progresistas te envían la foto y te dicen :»que desubicada». Y vos te quedás pensando ( no sin antes mirar de nuevo el escote de Caro) si no se tratará de una trampa para sacarte una frase desubicada. Y no. La mujer que me escribe,es dirigente política y de las buenas, las formadas. Y está indignada por el escote de Caro derramando sensualidad sobre los hombros del cura, en un cocktail.

«Nosotras somos militantes» me dice otra amiga, en referencia al tema. Losada lo es también, aunque no tenga antiguedad ni conozca demasiado a la provincia. Lo és, porque las reglas de este juego son estas. nació en Rosario, cumplió con los requisitos legales y ganó . Ahora es legisladora.

Igual el reproche subsiste, incluso entre aquellas voces que se desgarran la vestidura ante cualquier comentario donde asomen rastros de machismo: Ursula Vargues, periodista y ex modelo de ascendencia Kirchnerista reaccionó frente a la foto y publicó en sus redes un comentario directo : «No tengo ideas pero tengo tetas». ¿ A que obedece semejante descalificación?

Después aparece otra foto, con Losada de espaldas y el gobernador Perotti mirándola con indisimulable atención. Sus ojos, van de la boca hacia abajo. Da la impresión de que Omar, estuviera a punto de entregar dos puntos del presupuesto, con tal de que no lo molesten y lo dejen seguir mirando.

«Pullaro tiene un lomazo y no lo ves en remeras, mostrando el cuerpo, al lado de un cura» me apunta una compañera, en el afán de ponerle igualdad a la discusión. Los hombres, y menos en los cocktailes, no van con remeras ajustadas, digo. Las mujeres, si. Pero no es necesario ir con semejante escote, me discute. Es el escote que lleva cualquier mujer que se siente cómoda con su cuerpo. Pero es senadora, dice mi interlocutora. ¿ Y si no lo fuera? la defiendo. Pero lo es. Concluye con firmeza.

Vaya lío en el que nos ha venido a meter Carolina Losada y sus tetas. O sus escotes.

El tema central, si lo vamos a tomar en serio, sigue siendo exclusivamente la política. Da igual lo que muestre Losada, si lo que realmente importa es lo que tiene que hacer en el Senado.

La belleza fue, es y seguirá siendo una ventaja. Quienes la poseen, en cualquiera de sus variantes, siempre aventajan a los que no la tenemos. La competencia, aunque no nos guste, arranca desigual. Allí, como en cada asunto de la vida, habrá que inducir a la sociedad en el debate de las verdaderas razones por las que la termina eligiendo a ella, en desmedro de otros u otras.

El tema, claro, es en qué lugar de nuestros propios valores la ponemos a la hora de discutir la cuestión pública. Y hasta que punto, siendo conscientes de ello, no terminamos aceptándolo como una manera de aventajar al otro. Un asunto de la sociología y de la naturaleza humana, también. O de la cultura, si se prefiere usar un término que las vincule de manera concreta.

El reproche que sobrevuela es si a Carolina Losada le hace falta mostrar tanto, para llamar la atención de los otros, y si no hay en esa utilización (voluntaria o no) de su cuerpo, un quiebre de la voluntad de los otros. Y no caigamos en la levedad de decir que no es un asunto importante: Las tetas de Carolina Losada, son, por estas horas, un tema de conversación casi exclusivo en mis grupos de WhatsApp. Y eso que sobran motivos para hablar de otras cosas.

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