No es un debate de izquierda o derecha, menos de izquierdas y ultraizquierdas- como pretenden expresar algunos sectores «moderados» no peronistas que se empecinan en coquetear con el Kirchnerismo. Es el debate sobre un tipo de gremialismo empresarial que se apoderó de los gremios, y que persigue la matriz de los «gordos»: censura, clausura de los espacios de consulta, dirigentes con sueldos millonarios y la modalidad de justificar los acuerdos con los gobiernos peronistas, en nombre de la «táctica» revolucionaria.

Hay una frase que suelo repetir para explicarme los cambios de conducta de los dirigentes: «Ni el poder ni el dinero cambian a las personas, las delatan». Los que tienen un pasado repleto de barricadas heroicas y sueltan frases aplicables a las realidades de los años 70, y luego se convierten en dirigentes acuerdistas con las peores políticas de ajuste de sus representados, no cambiaron. Eran eso, pero sin poder. Y entonces, lo que importaba era llegar al poder, aunque en el camino debieran disfrazarse de heroes y heroínas.

En Santa Fe huelgan los ejemplos, en lo gremial y en lo político. También, hagámonos cargo, en la comunicación.

Se cambia sólo cuando se es. Sino, se sigue siendo y los límites de la ética te avergüenzan. Y en la vergüenza, aparece esa cuota de dignidad que algunos ni siquiera se molestan en mostrar.

Nombres sobran, claro. Pero esta nota iba por Amsafe. Y de eso vamos a hablar.

LA ENTREGA TOTAL DE LOS INTERESES DE LOS AFILIADOS, EL NEGOCIO DE LOS DIRIGENTES

Cuando gobernaba el Frente Progresista en Santa Fe, Sonia Alesso y sus alfiles – Alonso, Testoni y todos los delegados que les responden- fueron Rosa Luxemburgo, Franz Mehring y Karl Liebknecht. A los gobiernos que le devolvieron la dignidad a la docencia santafesina, los maltrataron. Nunca ponían reconocian las dificultades de la caja estatal, mientras le daban aumentos con clausulas de actualización automática de los salarios, ni le ponían énfasis a una catarata de reivindicaciones laborales que se fueron dando sin pausa, durante doce años.

De los peores pagados, pasaron a ser el sueldo soñado por el resto de los docentes del país. De no tener paritarias, concursos, titularizaciones, traslados, espacios de formación y maltratos varios (cómo quitarles el presentismo a los docentes que tenían cáncer, si faltaban un día), pasaron a tener un trato privilegiado. Ellos decían, claro, que se trataba de un logro gremial. «Nadie nos regaló nada» gritaban en las plazas, mientras se daban el lujo- en obvia referencia electoralista – de decirle a Miguel Lifschitz que respondía a la matriz neoliberal, por haber firmado el mismo pacto fiscal que habían firmado el resto de los gobernadores justicialistas del país. Pero Sonia, culpaba a Lifschitz, y entonces el estado de la caja pública, era un problema de los gobiernos, no de los trabajadores.

Lo mismo le cabe a Jorge Hoffmann, reptante del «ideario» Kirchnerista, que llegó a pedir por televisión la renuncia de Miguel Lifschitz, si no alcanzaba a pagar los últimos dos meses de sueldos de 2019, con la actualización de la cláusula gatillo. «Si no puede, que se vaya» dijo burlón.

Mientras tanto hicieron todos los negocios gremiales que pudieron. Sonia se quedó «atada» a su doble condición de secretaria general de Santa Fe y de los docentes de todo el país. Nunca explican cuanto cobran. Ellos sólo mencionan el dinero cuando se trata de expresar los pocos pesos de diferencia que tienen las ofertas salariales. Nunca cuentan lo que ellos cobran. Eso no se dice, eso no se hace. Eso no se toca.

Tanto no se toca, que recién esta semana nos enteramos de que un miembro de la AMSAFE CAPITAL- la que encabeza el ahora candidato a SECRETARIO GENERAL POR EL OFICIALISMO, RODRIGO ALONSO- es miembro ILEGAL del directorio de la Caja del Seguro Mutual. Su mandato venció hace ocho años, pero en el gremio nadie dice nada, no sea cosa que los afiliados se enteren, y que demanden el cumplimiento de la ley, y la pobre docente Maria Sol Marchionatti, pierda los 400 mil pesos mensuales (de bolsillo) que se lleva a casa.

Nunca sabemos cuánto cobran los dirigentes, ni rinden cuentas de sus licencias, ni explican cuántos cargos ocupan en la administración pública, claro, a cambio de ciertas condescendencias con los gobiernos de turno. O sea, no se trata sólo de sus serviles acuerdos con el gobierno de Omar Perotti, sino que resulta casi una constante con todos los gobiernos: no se salvan tampoco los gobiernos anteriores. AMSAFE usa su presión, para canjear cargos y direcciones. Para proteger a compañeros, y tener poder, por ejemplo, en las juntas de disciplina y espacios parecidos.

Lo que vienen haciendo Alesso y Alonso, desde que asumió Perotti no tiene, igual, ninguna comparación con otros procesos del gremio. Mientras usan la mística – bien ganada por el gremio- de la resistencia que tuvieron frente a los gobiernos ajustadores, como el de Carlos Reutemann, entregaron todo, absolutamente todos los avances que habían recibido de las gestiones del FPCYS, todos, y aceptaron condiciones salariales que le permitieron a Walter Agosto, hacer caja e intereses para las campañas.

Es difícil saber cuánto, pero nadie se anima a decir que menos del 25%. Eso es lo que perdieron los docentes de poder adquisitivo en los últimos dos años y medio. Y encima se quedaron sin concursos, sin traslados, con una Obra Social que les retacea prestaciones, con una Caja de Jubilaciones cada día más desfinanciada y con el colmo del despotismo: Con la des titularización de al menos 500 cargos, que sostenian los planes VUELVO A ESTUDIAR y NUEVA OPORTUNIDAD.

Nada de eso tuvo resistencia por parte del gremio. Tanto así, que, en un momento, y bajo la excepcional excusa que supuso la Pandemia para algunos abusos, por primera vez en la historia del gremio, la conducción decidió que no hubiera asamblea provincial. Y tras eso, un ejército de «técnicos rentados» se dedicaron a eliminar, bloquear y denunciar, a todos los afiliados que protestaban en las redes sociales del gremio.

Por todos estos motivos, la conducción de AMSAFE, corre el riesgo de perder las próximas elecciones. PERO ES TANTO LO QUE ESTÁN POR PERDER, QUE EMPEZARON POR INTENTAR IMPEDIRLE A LA LISTA OPOSITORA, SU INSCRIPCIÓN EN SIETE DE LAS DIECIEIS RERESENTACIONES DEPARTAMENTALES, DONDE HABRÁ PUJA.

No lo consiguieron, entonces fueron por las alianzas y el nuevo chiche: el Macartismo. Fiel al estilo del peronismo más rancio, cuando conviene el enemigo es «la derecha», pero cuando la cosa pasa por otro lugar, prefieren usar al «zurdo», tal como lo califican por abajo al candidato opositor Gustavo Teres.

EL ZURDO COHERENTE, EL MOSNTRUO QUE PONE EN PELIGRO EL CASTILLO BURÓCRATA

Claro. La oposición a los Alessos es la que todos suponíamos. Se llama Gustavo Terés y si, sin complejos, asume ser militante de izquierda. Y TROSKISTA. Jodeme. Un trotskista. Un término demonizado especialmente por los militantes comunistas. Y más aún por el peronismo autodefinido de «izquierda». Los «troskos» paradójicamente, deberían ser reivindicados como lo mejorcito de la historia del Marxismo en práctica. Trotski defendió medidas como la rotación de cargos y una mayor concentración de las tesis leninistas del centralismo democrático aplicadas a la estructura y organización internas del partido, que buscaban acabar con el burocratismo llevado a cabo por la nomenklatura del Partido Comunista de la Unión Soviética. El pobre de León, y no hace falta ir a los libros de historia, sino revisar las últimas dos novelas del cubano Padura, fue una víctima de la persecución del Stalinismo. Fue perseguido hasta México, donde lo ejecutaron sin piedad en la casa donde recibía alojamiento de exiliado.

Sin embargo, del mismo modo en que nos hemos acostumbrado a decirles fachos a los que tienen posturas cercanas al neoliberalismo, o zurdos a los que se definen socialdemócratas, o gorilas a los que no simpatizan con el peronismo, de esa misma manera en Argentina, los «troskos» son sinónimo de algo malo. La historia del comunismo no encuentra criminales trotskistas. Pero bueno, así hemos simplificado al pensamiento en este país, para que siempre gobiernen más o menos los mismos.

Volviendo a Terés. Contra todo lo que se pueda decir, es un dirigente honesto. No se conocen, en varios lustros de protagonismo gremial en Rosario, una sola acción del dirigente que lo vincule a irregularidades o algo quizás menor: el abuso de su cuota de poder para eliminar el pensamiento o la expresión de otros.

Si se pretende recuperar el protagonismo de las bases, si se pretende devolverle al gremio docente esa cuota de fuego que supo representar en los peores momentos de esta provincia después del retorno de la democracia, si se pretende exigir al gobierno que devuelva los derechos que se perdieron en este corto tiempo de regreso del neoliberalismo peronista al poder, no deberían quedar dudas.

Menos, si se compara con el vergonzoso comportamiento gremial, político y moral de sus actuales dirigentes, que amparados en la lógica de los «acuerdos tácticos» con el Kirchnerismo, han provocado un deterioro de la calidad de la educación santafesina que no tiene antecedentes en los últimos 25 años.

Entonces no se trata de derechas, izquierdas, troskos o fascistas.

Se trata de honestidades y dignidades. De coherencias y traiciones.

Los que azuzan con el fantasma del peligro, son los que temen el fin de sus privilegios. Los que dicen que hay que tener cuidado con la «izquierda», son los que se amontonan con los victimarios de la actividad docente, bajo la excusa de «no hacerle el juego a la derecha»

En fin… Lo que está en juego es el gremio, y la representación de los docentes.

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