La oposición definirá quien será el próximo gobernador de Santa Fe, si no se equivoca.

Losada, Pullaro y Javkin

Las pocas encuestas que circulan, atisban lo que todos sospechamos: el próximo gobernador no será peronista, a no ser que la oposición haga todo lo posible para dar vuelta la situación. La gestión de Alberto ayuda mucho en la sentencia social. La de Perotti,mucho más.

La situación económica empeoró. La de la seguridad pública, no sólo es peor sino que experimenta,además, un nivel de degradación policial que no tiene antecedentes. La gestión política está prácticamente paralizada y el gobernador aparece sólo en publinotas que los diarios ni siquiera retitulan,para no hacerse cargo del disparate comunicacional.

La corrupción sobrevuela a casi todas las áreas de gobierno. En algunos casos, ex funcionarios ya desfilan por los tribunales.

El ajuste complicó a los trabajadores, pero dejó  desnudos a los dirigentes sindicales del Estado, que hacen malabares para impugnar a los opositores. Ya no ostentan legitimidad y en algunos casos, como en Amsafe, usan al propio aparato estatal para calmar el desprecio de los afiliados.

Perotti es el antepenúltimo gobernador en imagen negativa. Sólo lo superan la «hermana» Alicia y el «elegido» Axel. Todos los demás, están por encima del rafaelino.

A un año de las PASO, el PJ local está lejos de ser una unidad, y el gobernador  ni siquiera consiguió instalar, a pesar de los gastos constantes, a Roberto Mirabella en algún lugar de relativa expectativa. El único candidateable es Marcelo Lewandoski, que cabildea entre una casi segura derrota en la gobernación  y una chance real de ganar la intendencia de Rosario.

En este contexto, la oposición «sólo » debería estar trabajando en afinar el acuerdo, en planificar las internas y en pensar en el gobierno que asumirán hasta 2027.

Sin embargo, y a pesar de algunas fotos y esfuerzos, todo lo que se escucha es fastidio  y crítica entre posibles futuros socios. Sobran egos, especulaciones y posiciones extremas, en una situación de clara urgencia. La ausencia de Miguel Lifschitz se nota más que nunca y algunos que lo.nombran cada dos frases, eligen hacer todo lo contrario a lo que hubiera hecho el ex mandatario.

El dirigente radical Mario Barletta no disimula su fastidio:»me tienen podrido con las vueltas. ¿cuanto podemos demorar en juntarnos y ponernos de acuerdo en un programa de gobierno?» El enojo tiene muchos destinatarios: «Acá tienen que levantar la mano y decir: yo soy candidato y punto. Estamos perdiendo un tiempo precioso. La gente nos pide que nos juntemos y nosotros enviamos una señal espantosa»

Maximiliano Pullaro actúa ya como candidato.El socialismo «de Bonfatti» es explícito en el sentido de ir hacia un acuerdo. Javkin parece decidido pero no lo confirma. El «Lifschitzmo» no define posiciones. El PRO busca un candidato con desesperación. La radical Losada, espera señales de Larreta para «jugar» como candidata a vicepresidenta. Los «Lilitos» impugnan al socialismo. Los socialistas que perdieron la interna dicen que no se suman. Otros ponen como límite a algunos nombres y todo se dilata de manera indefinida.

La discusión es provincial. Pero depende a quién le convenga, ponen los matices nacionales o municipales.

Hay un dato que es irrefutable: todos forman parte,también, de un creciente fastidio social sobre «la politica». Todos aceptan que forman parte de ese universo de cuestionados, pero muchos no son capaces de reaccionar con lo que demanda el momento: un poco de grandeza, una pizca de generosidad y una enorme cuota de responsabilidad  sobre el futuro de la cosa pública provincial.

No hay escenario de tres tercios. Al menos por ahora.

No hay liderazgos excluyentes.  Si Miguel Lifschitz lo era, fue a costa de gestionar la provincia. Quien pretenda sucederlo deberá recorrer la misma senda. Perotti es una buena muestra de que se puede fracasar en el mismo lugar y que no se trata solo de ocupar el gobierno. Hay que gobernar y bien. Pero para eso, hay que gobernar. Es decir, ganar las elecciones.

Los debates ideológicos no son de utilidad, si solo se limitan a discursos sin correlato con las posibilidades y el alcance de una gestión provincial. Esas posiciones, se sabe, quizás persigan un objetivo de representación de bancas. No una expectativa de gobierno. A la vez, debilita a la oposición frente a las políticas de Perotti. Que si se clasifican desde lo ideológico, en los aspectos centrales, es de neto corte neoliberal. Es raro, entonces, que quienes se niegan a sumarse al Frente Nuevo, no pongan esa realidad por encima de las imaginarias políticas futuras. Gobernará quién gane la interna. Y lo que deben hacer, es disputar esa interna. Y convencer al electorado de que son los mejores. Sino es humo.

El Nuevo Frente no debería demorar más sus definiciones. Y los que aspiren a gobernar la provincia, deberían dar un paso al frente y empezar a discutir las reglas programáticas, antes que impugnar nombres. Menos, si los nombres no influyen en el escenario local.

Lo que viene, si no dilapidan más tiempo ni aumentan el fastidio social, es un gobierno de coalición. Que será conducido por quien tenga más votos de los que no tienen tantos votos.

Si el Perottismo y sus socios, tienen alguna chance remota de sostenerse en este asalto al gobierno que fue y es su declinante gestión, será la que le ofrezca la oposición con sus juegos internos, sus especulaciones ( a veces personales) y especialmente, la falta de vocación de gobernar. Algo que algunos no tienen, y prefieren ocupar bancas en la legislatura, solo para quedarse y salvar su mínima cuota de poder mensual.

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