Anuncios

Pobre Diego

Tiene dificultades para expresarse y para moverse. Aún así, provoca una revolución con el sólo anuncio de su «retorno a las canchas». Miles de tipos hacen cola para hacerse socio o pagar las cuotas atrasadas de un equipo que hace una semana era sólo dolor y decadencia. Y entonces, Diego. Su fórmula invencible de provocar euforia, ¿y después?

No. Que esta nota no va de criticar a Maradona. Ni de cuestionar sus contradicciones, ni sus adicciones, ni ninguna de sus ciones.

No es de Diego público el asunto. Ni de sus ideas, ni de sus relaciones políticas, ni de sus preferencias, ni siquiera de sus polémicos comportamientos personales.

Que no. Que tampoco me interesa entrar en el terreno de lo que provoca, porque eso está claro. No hay discusión cuando de lo que se trata es de pasión. Es pasión. Y punto. ¿ Quien se atreve a medir a la pasión del otro, sin faltarle el respeto en el intento?

No, que no quiero hablar de eso. Ni quitarle un sólo mérito al Maradona DT, ni cuestionar su status, ni compararlo con nadie. Nada de eso.

Lo que me pasó viendo las imágenes fue raro: Me entristeció ver a un tipo que pidiendo amor a gritos. Amor real. Amor que cuida. Amor que contiene. Amor que refugia. Amor. Todos los que tenemos la suerte de haberlo conocido, sabemos más o menos de que se trata el amor.

Diego es un pobre hombre. Está visiblemente mal. Tiene una profunda angustia. Un dolor profundo que, dice, se lo cura la Tota desde el cielo. Diego no conoce a casi nadie de los que lo rodean. No conoce los nombres de los que están ahí a su lado, aplaudiendo incondicionalmente. Diego llora conmovido porque le viene una ráfaga de amor popular. Y su cabeza repleta de imágenes confusas que le salen por la boca de la misma manera.

No, que no es una crítica a Diego. Es una crítica a esta máquina de devorar seres humanos que somos. Este impiadoso uso del hombre que está herido, extraviado, notablemente solo. Alejado de todo lo que supo darle alguna certeza en la vida.

Ayer mientras lo miraba, pensaba en quién se iba a ocupar de él si esto sale mal. Quien de todos los que hoy se refriegan las manos contando los billetes de las camisetas mentirosas de Gimnasia con el Maradona en la espalda se hará cargo de los daños que implica el riesgo de exponer de esta manera a un hombre que no está bien. Que no está estable. Que no sabe los nombres de sus jugadores, y que confunde las situaciones.

Era la fiera en el centro de la muestra. La celebración del animal cazado. El trofeo de los desconocidos de siempre. Los que dicen idolatrar pero no le tienen piedad. Lo usan igual, sabiendo que lo dañan.

No es con Diego, es usando a Diego.

Que sí, que Diego es pueblo. Que si, que Diego fue el más grande. Que si, que no hace falta discutir absolutamente nada de Maradona. A pesar de representar un montón de cosas discutibles. Pero repito: nadie puede discutir la pasión. Nada de eso pretende esta breve nota.

Sólo decir: pobre Diego. Tan rodeado y tan solo. Con tanto y con tan poco.

Tan amado y descuidado.

Tan genial y tan penoso.

Pobre Diego. Ojalá pueda gambetear a los usureros de su imagen. Ojalá le haga un caño a los que le llevan los números y él cuenta como un número más. Ojalá pueda contra todos los que lo usan en este estado y todo salga bien. Por él. Sólo por él.

Ojalá encuentre paz y un amor. Que es lo único que está pidiendo, mientras renguea, dice cosas inconexas y promete lo que no está en condiciones de dar.

Anuncios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: