Maronna

Vi dos veces en mi vida a Mauricio Maronna. Una vez de madrugada, en la puerta de El Cairo, en Rosario, en medio de un escrutinio. Intercambiamos tres palabras. La segunda vez, me paré a saludarlo en un restaurante mientras él cenaba con un amigo en común. Hablamos de Rock. Le dije que tenía que escribir un libro, se limitó a reírse.

Nunca hablamos por teléfono. Nunca cruzamos un mensaje de whatshapp.

Tengo la semiplena convicción de que no le resulto simpático. Y motivos hay: no miramos desde el mismo lugar a la gestión de Reutemann, y alguna vez, creo, me confundió con un pariente mío que se burló de él en las redes.

No lo conozco a Maronna. No se si es casado, soltero, si tiene hijos, si es de Rosario o vino de otro lado.

Sólo soy lector de sus notas, y nos seguimos en Twitter. Allí descubrí su melomanía, su afición por la lectura, su obsesión leprosa, y su cinismo brutal. El de las anaideias, no de los mentirosos.

No tengo vínculo alguno con Maronna. Pero lo respeto, porque escribe bien, porque es un gran entrevistador, y porque- me consta- sabe conseguir información. Porque le calienta la realidad. Porque la política le sigue generando curiosidad y ansia. Eso que muchos van perdiendo en el camino a cambio de palos de golf o paseos en lancha por el río.

Maronna sigue viendo películas, sigue descubriendo discos, recomendando libros y eso también, lo hace mejor periodista.

Entonces, Maronna es un buen periodista y a estas alturas , y en circunstancias como estas, los periodistas tenemos la obligación de defender a los colegas agraviados.

Por eso me indignó que hoy el Ministro de Seguridad lo acuse de «operador». Lo mezcló entre citas de abogados narcos, y cosas por el estilo.

El peso de un Ministro que maneja la policia y la inteligencia pública, sobre la opinión de un periodista. El dedo acusador del estado, estigmatizando con fábulas y falacias, a un hombre que sólo se limita a opinar. A preguntar. A informar. A decir lo que piensa sobre lo que lo rodea. Con un agravante: quien lo acusa es de afuera, desconoce la historia política y hasta la geografía de la provincia, pero se da el lujo de acusar a un periodista. De ponerlo en la incómoda posición del acusado, sin haber hecho nada más que opinar.

Lo más grave es que el Ministro, como ya ocurriera con otro colega- Darío Schueri- lo hizo en presencia de otros periodistas. Y esos periodistas en lugar de levantar la mano y exigirle respeto por los periodistas, prefieren callarse, o aún peor: reírse de la humorada del Ministro.

Los revolucionarios gremios de Prensa, que son rápidos para repudiar cualquier cosa que ocurra en Buenos Aires , también se callan. No terminan de aprender que no se trata de defender sólo a los «del palo». Y bajan la cabeza, porque en el fondo se sienten del equipo del Ministro acusador, y le rinden pleitesía.

Es muy grave que un Ministro acuse públicamente de «Operador» o «amigo de los abogados de los narcos» a un periodista.

No importa si se llama Maronna o Juan Perez.

No importa si somos o no amigos del periodista.

No importa lo que piense, qué ideología tiene y que linea editorial sostenga.

Lo de Marcelo Saín hoy fue grave, y no sólo lo permitieron sus interlocutores, sino que el silencio sobre este tipo de actitudes, no puede ser interpretado de otra manera que de complicidad.

Ya les tocará a ellos. Y estoy seguro, que Maronna no dudará en denunciarlo.

Esa, al final, es la diferencia.

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