Perotti-Rodenas-Traferri:No fue magia

Justo en consonancia con su primer aniversario en la Casa Gris, sonó la campana del arrepentimiento de los fiscales involucrados en la Mega-Causa del Juego clandestino, y quedaron bajo la lupa dos socios que lo llevaron a la casa gris: su vicegobernadora y su jefe del Bloque de senadores. Un gobierno que todavía no ejecutó un sólo plan de gestión, que llegó de la mano de un acuerdo con dirigentes cuyo pasado no puede desconocer. Perotti no es culpable, pero no puede decirse inocente. Ni mucho menos


Perotti no ganó la provincia por sus méritos. De hecho, su triunfo fue posible gracias a la sólida unidad del peronismo, y a la enorme colaboración de su amigo, el ex intendente de Santa Fe- José Corral- que trabajó hasta el último minuto de las generales para desgastar al candidato del FPCYS. No fue magia: la diferencia apenas superó los 5 puntos, y su llegada a la Casa Gris fue con los condicionamientos de las cooperativas: a dividir el gobierno entre todos los que «colaboraron» con su triunfo.

LOS SOCIOS DE OMAR

Los socios no eran desconocidos. El Rafaelino sabía perfectamente con quienes se asociaba al momento de organizar su candidatura. Lo primero que hizo fue elegir a la ex Jueza Alejandra Rodenas como candidata a vice. La rosarina responde a un sector del peronismo consolidado en sus acciones legislativas hace muchos años, y tiene un líder : el sanlorencino, Armando Traferri.

Perotti sabía perfectamente a quien elegía como su compañera de fórmula. Al menos dos hechos se hicieron públicos y fueron enterrados por la mayoría de los medios de comunicación de la provincia.

Una participación directa de la ahora vicemandataria y su marido, ahora Ministro de Cultura de su gobierno, en la interrupción de un allanamiento que realizaban las fuerzas policiales en una isla en Victoria, Provincia de Entre Rios. Rodenas, su marido, el hijo de ambos y el socio del abogado del entonces Narcotraficante prófugo Esteban Lindor Alvarado. Llegaron a la isla en pleno procedimiento, interrumpieron las tareas y adujeron ser dueños o inquilinos de la casa. El procedimiento fracasó, casualmente.

Unos dias despues de aquellos hechos, Alvarado fue atrapado por la Policia de Santa Fe en Río Tercero,Córdoba. El narco arrojó su telefóno a un lago cercano. La rápida intervención de las fuerzas permitió recuperar el teléfono y enviarlo a los Estados Unidos para recuperar su contenido de llamadas y mensajes.

Cuando el teléfono regresó, una de las llamadas entre Alvarado y su abogado tenía una conversación llamativa, y que se daba en un contexto de persecución al narco: » Que lo arregle Rodenas, decile a ella» le explica Alvarado al abogado y él abogado no le responde.

Ambos hechos, llamativos y suficientemente sospechosos sucedieron y se hicieron públicos antes de que se lleven adelante las elecciones generales.Perotti supo de ambas situaciones y guardó un condenable silencio . El mismo silencio que guardó Rodenas, que apenas dió una entrevista radial con un viejo amigo del prime time en Radio 2 sin mencionar el tema, y se escondió durante las dos semanas previas a las elecciones.

Todo el periodismo supo de aquellos hechos, y todos los dirigentes que compusieron la Alianza del Frente de Todos, tambien. Nadie cuestionó nada, nadie pidió una sola explicación. Lo que importaba era llegar al gobierno, no importaba cómo ni con quienes. Y eso es un acto de severa irresponsabilidad.

Lo mismo le cabe al periodismo que entonces, y hoy mucho más, especuló con los beneficios de las pautas y muchos otros, con cargos públicos. Desde el vocero Leo Ricciardino, pasando por las decenas de periodistas contratados en los ministerios, o los que reciben suculentas pautas, todos supieron de los hechos. Todos sabian quien era Rodenas. Sabian sus antecedentes y no pueden decir lo contrario.

Hubo escasas excepciones. Fuimos un puñado de medios chiquitos y aislados los que nos animamos a hablar.

Rodenas llegó a la vicegobernación. De la mano de Armando Traferri, claro. Pero sobre todo, de la mano de su compañero de fórmula: Omar Perotti.

EL ARREPENTIDO QUE TERMINA DESATANDO UNA INTERNA QUE NO TIENE FINAL CERTERO

A comienzos de Agosto, una acción judicial golpeó de muerte a una importante organización de juego clandestino en Santa Fe. Uno de los zares del juego, Leonardo Peiti , se presentó ante los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa y dijo que estaba siendo sobornado por otros dos fiscales, para habilitarles el territorio.

A pesar de las iniciales desmentidas, los dos fiscales acusados, Gustavo Ponce Asahad y superior, Patricio Serjal, terminaron procesados, detenidos y finalmente destituidos de sus cargos. Las pruebas de Peiti fueron contundentes, y eso permitió que se avanzara en otras estructuras de «garitos», como por ejemplo en Rafaela, donde mandaba hasta hace pocos dias, el extinto David Perona.

Cuatro meses después de iniciada la caza de «organizaciones clandestinas de juego ilegal», uno de los detenidos pidió hablar ante los fiscales y a cambio de algunas mejoras en sus condiciones de detención- algunos aseguran que por temor a perder la vida en la cárcel- Gustavo Ponce Asahad tiró hacia arriba presuntas responsabilidades en la organización y habló de un «senador». Todos los caminos conducen a Traferri. Primero porque desde hace meses viene siendo sometido a embates por parte del Ministro de Seguridad, Marcelo Saín. Y segundo porque uno de los nombres concretos que se mencionan en la causa, y dicen, en la declaración como arrepentido de Ponce Asahad, es el de Darío Scataglini. Ex diputado del PJ, asesor hasta hace cuatro meses del bloque de diputados del PJ, y según confirmó una de las fiscales de la Agencia de Delitos Complejos y Crimen Organizado, Gisela Paolicelli, “existe un audio” en el que Scataglini llama a Peiti “de parte” de Traferri. 

Ponce Asahad no es sólo un ex fiscal. Fue militante del Peronismo antes de entrar al Poder Judicial. Con mucha cercanía con la vicegobernadora, y defendido en su momento- ante la negativa de muchos legisladores a aprobar su pliego- sólo por los diputados del peronismo.

Los datos concretos se van a conocer el miércoles, cuando la legislatura abra sus puertas y todos los jefes de bloques de la Cámara de Diputados accedan al pen-drive que contiene las declaraciones del ex fiscal.

Mientras eso sucede, en el subsuelo de la política santafesina, corren rumores fuertes: Desde que Ponce menciona a «la vice», hasta que podria estar involucrado un grupo de jefes policiales. Desde que el «senador» era el jefe, hasta que por encima de él, se habría mencionado a nombres del Poder Judicial. Todas son especulaciones. Ni los fiscales, ni los receptores de las declaraciones de Ponce Asahad filtraron nada.

En los ámbitos periodísticos circulan, también, presuntas advertencias entre sectores internos del PJ, que prometen que «si caigo yo, caen todos», y ya se habla de facturas de campaña que nunca se pagaron- Traferri ha dicho a los cuatro vientos que Perotti le adeuda 500 mil dólares de aportes en campaña- y de audios y videos que presuntamente comprometen a otros dirigentes, en el manejo de los recursos financieros ( llámese recaudación) de la campaña del peronismo.

Traferri no es sólo un senador. Es el presidente del Bloque de Senadores del PJ

De esto, y de los hechos que involucran a la vicegobernadora, pocos pueden hacerse los desentendidos.

Hace un año asumieron un gobierno, y llegaron a través de acuerdos. Se conocen todos, llevan años de historia política conjunta y son responsables, sin excepción alguna, de los resultados de la propia gestión.

No fue magia. Perotti acordó con los hermanos Rossi, con Traferri, aceptó a Rodenas y firmó «la paz» con Maria Eugenia Bielsa. Y probablemente prometió lo que aún no cumplió puertas adentro. Todos los miembros de ese acuerdo, incluidos los dirigentes sindicales de ATE, UPCN, SADOP, FESTRAM y AMSAFE sabían desde el comienzo, quienes formaban parte del acuerdo. Nadie se puede hacer el sorprendido. NADIE.

No fue magia. Perotti debe hacerse cargo de sus acciones, y también, de los socios que eligió para llegar a Casa Gris. Y de lo que los socios vayan a decir, si perciben que desde Casa Gris, alguien les «suelta la mano»

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