Seré de derecha, entonces

Es ridículo. Pero bien vale que alguna vez hagamos una reflexión sobre el asunto. No para clasificarnos y ponernos una cinta en el pecho, sino para aportar algo a un debate absurdo, arcaico y especialmente inútil. Los orgullos vacios, los relatos desconectados de la realidad, y los números que explican todo.


«Vos sos la derecha» me dice un lector, a raíz de una nota que escribo sobre los debates que deben darse en la oposición santafesina. Eludo la respuesta, obvio. Del mismo modo en que eludo cualquier debate que no me interesa. No respondo agresiones, no leo a colegas agresivos y desenfocados, y elijo- como todos hacemos- leer, escuchar y ver lo que me interesa. Lo que merece mi respeto intelectual. Lo que me agrega algo al infernal debate del destino de la humanidad, en estos tiempos de pandemia y crisis global.

Hace mucho tiempo que me ofenden las divisiones bipolares. No comprendo cómo, algunos todavía creen que el mundo se divide entre buenos y malos, entre progresistas y conservadores, entre héroes y villanos.

Tampoco reconozco las clasificaciones ideológicas de la ciencia política decimonónica, ni me planteo al mundo desde los mismos lugares que se los podía plantear un tipo como yo en los años 60, en los 70, en los 80 o en los 90.

El mundo ha sufrido tal transformación que suponerse en condiciones de analizarlo desde los pobres postulados de izquierdas o derechas, me parece tan pobre, tan insuficiente, tan errado, que me escapo.

Claro que conservo algunos prejuicios y algunas convicciones sobre los idearios sociales. Soy, si alguien pretende definirme por mera curiosidad, un tipo que no encontró todavía ningún sustituto que la democracia como mejor sistema de representación y gobierno. No hay, al menos no está consagrada en ninguna constitución, un sistema que la supere en cuanto a representatividad de la voluntad de las mayorías y las minorías; y tampoco en términos de garantías para los derechos colectivos e individuales. Valoro como supremo el derecho de los hombres y las mujeres a ser libres. No reconozco ningún límite en el ejercicio de la libertad que no sea el delito. Y soy un convencido, de que los delitos que no atentan contra la vida, la libertad, la integridad, la seguridad pública y la propiedad legal de las personas, deben ser regulados con el cuidado de no limitar indebidamente a las libertades.

Soy partidario de la presencia del Estado en la economía. Como regulador de las asimetrías entre ricos y pobres. Soy un ferviente defensor de la Educación pública, de la salud pública y de la necesidad de que el Estado garantice derechos que el mercado por si mismo no puede garantizar. Hablo del acceso a la vivienda digna, hablo de la cultura, hablo de la calidad del ambiente y de la igualdad en cuanto al acceso a la infraestructura pública.

Detesto el discurso del mercado puro, tanto como detesto a quienes en el nombre de los intereses del pueblo, arrasan con las libertades elementales de mercado.

Me considero partidario del capitalismo humanista. No hay otros sistema económico que puje por el desarrollo. Con todos sus excesos y sus deformaciones, que profundizan la ganancia por encima de la vida humana y el habitat, sigue siendo- hasta ahora- el único sistema que ha garantizado mejores sociedades. Mejores indicadores de distribución, de acceso a lo elemental, y de posibilidades de crecimiento individual y colectivo.

Lo otro que se probó, supuso y supone, pisotear a la humanidad. Tanto lo que se experimenta en China, en Corea del Norte, en Cuba, en Venezuela, o lo que significó la URSS, implican un nivel de aniquilamiento humano y una eliminación de las expectativas de superación individual, que no admito como precio. Ni siquiera la admito como excusa de una presunta redistribución de la riqueza, que en ninguno de los casos mencionados, se llevó a cabo. En esos paises la pobreza crece de manera inversamente proporcional a la concentración del poder en manos de una burocracia repleta de relatos y mística autoritaria.

Menos aún, me acerco a los modelos monoteístas y a los gobiernos que se definen a partir de leyes sagradas, como el islamismo. Es increíble, pero veo a mujeres reclamando con furia la ley del aborto en nuestro país, pero que defienden a los iraníes en los asuntos internacionales.

¿ Cómo es posible, entonces, que sigamos discutiendo si somos de derecha o de izquierda, en un mundo que no ha obtenido ninguna solución desde ese debate falso?

¿ Maduro y Kim-Jong-un son de izquierda? ¿ Angela Merkel es la derecha? ¿ En que categoría ponen a Putin o a Trump? ¿ Tengo que preferir liderazgos personalistas, carentes de programas y basados en la promesa de que el lider quiere un mundo mejor?

Vaya locura. Si tengo que elegir entre Merkel y Maduro, elijo a Merkel. Y en ese caso, claro, seré de derecha.

El estropicio del mundo, ahora interconectado a velocidades lumínicas, no se puede resolver con agendas viejas y calcomanías. No lo resuelve la mística, ni un conjunto de frases armadas sacadas de libros de literatura. Adoro a Galeano, pero era un escritor, no un politólogo. Amo profundamente la obra de Saramago, pero le creo más a Bunge. Lloré a Diego Maradona, pero debimos valorar de la misma manera a Favaloro.

No se trata de clasificaciones, no. Se trata de entender que al mundo lo van a resolver estadístas, no chantas. Que al mundo lo van a resolver seres responsables que estén pensando en el futuro del mundo, no de sus causas judiciales. Que la ciencia, la cultura, la educación, la inversión en investigaciones que provean soluciones nuevas, son las únicas herramientas fuertes sobre las que debe pararse la política para ofrecer un destino menos oscuro, menos apocalíptico.

¿ Cómo entonces, todavía, hay quienes en el protagonismo de la misma política, se plantean el abordaje a semejante complejidad desde la estupidez de «vos sos la derecha»? ¿ De que me hablan? ¿ Cual fue el último libro de ciencia política o cual fue el último ensayo filosófico que leyeron? ¿ En que etapa del proceso de aprendizaje de la realidad están los militantes que insisten con definir a los ciudadanos que pensamos por nuestra propia cuenta y bajo paradigmas que pensamos todos los días, para arrojar como verdades sagradas, calificativos medievales como «apátridas», «Cipayos», o palabrejas de ese tipo?

Yo sigo creyendo en la política como única solución para los problemas colectivos. Pero me desentiendo de la tilingueria de los procesos que sólo quieren llegar al estado, para después no hacer otra cosa que culpar al anterior, y agravar toda la situación.

Cuando habamos de «modelos», nos empeñamos en discutir la pintura del auto, y nunca, pensamos en las necesidades de mejorar el motor, de ahorrar combustible, de cambiar los neumáticos, de hacerles los services adecuados, de cuidar el funcionamiento de los frenos. No, nosotros discutimos la pintura del auto, y perdemos nuestro precioso tiempo en levantar banderas con rostros de personas que no transformaron nunca nada. Salvo sus patrimonios personales.

No se trata de ser de derecha o de izquierda. No se trata de ser o no peronista- una discusión agotada, por la inclasificable naturaleza de Perón y las mil caras del peronismo- no se trata de ser buenos o malos, de estar a favor o en contra de nada ni de nadie, ni de marcar surcos que nos dejan en paz con nuestras «convicciones» nacidas de documentos redactados en reuniones de militancia de facultad, o en unidades básicas o comités…

La ligereza, la pobreza, la insuficiencia de nuestros debates nos definen. No somos ni de derecha, ni de izquierda. Somos una sociedad en crisis sumergida en un mundo en crisis, que cambió mucho más rápido que la capacidad de nuestros dirigentes.

No es por allá o por acá. No hay destino predeterminado, y el «hombre nuevo» se murió de viejo.

No pido que no me clasifiquen, claro. Ese es un asunto del que lo hace, no mío. Y yo por suerte, manejo los silenciamientos de la manera más efectiva que puedo, para no intoxicarme aún más.

Lo que pido, si, es que hagamos un esfuerzo por comprender que somos una sociedad que fracasó en el intento de ser mejores. Que en 1984, cuando asumió Alfonsín, distribuía 800 mil cajas PAN, y que 36 años después, tiene 14 millones de Planes sociales, con más de la mitad de su pueblo bajo la linea de pobreza. Un tercio de este tiempo, fue bajo gobiernos de la supuesta «izquierda peronista, populista», el otro tercio bajo «la derecha peronista», seis bajo coaliciones de «derecha liberal» y sólo seis, bajo un gobierno socialdemócrata. ¿ y la socialdemocracia es la que fracasó?

Eso no es responsabilidad de la dictadura, sino de las políticas públicas que se llevaron adelante. Y que son adjudicables proporcionalmente a todas las gestiones públicas. Por «derecha» o por «izquierda».

Si no entendemos eso, si seguimos buscando soluciones en la mística y no en la formación, no tengo dudas de que el futuro será peor.

Por cómo va el mundo, claro. Pero nuestro país, aún peor.

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