Chau, y de vuelta al ruedo

El próximo jueves terminan mis funciones en la Secretaría de Comunicación de la Provincia. Es extraño: por un lado siento la alegría y la sensación de libertad que te ofrece volver a decir sin que se interprete que lo estoy diciendo por otros ; pero al mismo tiempo, cierta pena por abandonar un lugar donde aprendí mucho. Donde encontré gente maravillosa, a la que voy a extrañar, y también, claro, el inevitable vértigo de ese liviano abismo que supone saber que de alguna manera, hay que empezar de nuevo.

Me voy de la gestión de Miguel Lifschitz. Y me voy de la gestión pública. Y acá vale una aclaración pertinente: pude quedarme, pude elegir ocupar lugares donde continuar trabajando dentro de lo que vulgarmente la gente llama: “la política”. Pero elegí volver al llano.

Al lugar donde me gusta estar. Al lugar desde donde puedo desarrollar lo que mejor sé hacer: comunicar. Y entonces, habrá que volver a las redacciones, seguramente a la pantalla, y lo antes que pueda, a la radio. Esa es mi pecera natural, ahí es donde quiero estar. Sin necesidad de ocultar lo que pienso. Con la franqueza que nunca me faltó, una virtud con tantas aristas defectuosas, que nunca termino de saber si es un bueno o es malo.

Soy un manifiesto defensor de la gestión del Frente Progresista. Soy un convencido de que este país necesita una opción que nos saqué de esta enfermedad virósica de bandas que se echan culpas y se acusan de ser- con la misma intensidad- los peores males. Y nos llevan siempre, ante cada circunstancia que nos toque atravesar, a pensar que vivimos siempre al filo de lo peor. Y con sólo viajar un poco, leer los diarios del mundo, y entender algunas variables mínimas, el sentido común nos indica que no somos esa tragedia anunciada en forma constante. Que ni el Kirchnerismo fue Maduro, ni Macri la continuidad del aparato represivo de la dictadura, ni ambos la solución para los problemas profundos que tuvo y tiene este país, si insisten con medir las cosas en términos futboleros.

A ese país, a esta provincia, a mi ciudad, me tocará volver a mirarla desde el prisma de mis ideas confesas, pero también, desde la libertad de no estar hablando en nombre de nadie que no sea yo.

El viernes vuelvo a la civilidad. En lugares que pronto contaré, a medida que se vayan concretando. Escribiré, claro. Haré TV, casi seguro. Y volveré a mi primer y más profundo amor: la radio.

Conocer  desde adentro el Estado, es un aprendizaje que deberíamos tener todos los que opinamos sobre la cosa pública. La Política es difícil, es viscosa, está llena de egos y discusiones banales, si, pero al mismo tiempo, me consta, está llena de gente que trabaja a destajo para que las cosas mejoren. Y eso, es el Estado.

Me voy de la gestión, lo pueden comprobar, más pobre de lo que llegué. Fue una decisión personal, pero no quiero dejar de decirlo: en los dos años en los que ocupé el cargo de Subsecretario de Medios y Periodismo, gané menos plata de lo que ganaba en la actividad privada. Y si se revisa mi patrimonio, que presenté como declaración jurada apenas asumí, verán que hoy tengo menos de lo que tenía. Y eso me honra y me enorgullece.

En los dos años no ejercí ninguna actividad incompatible con mi función. No mantuve ni formal, y mucho menos de manera informal, vinculo alguno con los medios en los que participaba antes de asumir. No me beneficié con ninguna pauta oficial de manera indirecta, y no generé ningún negocio paralelo que me permitiera ganarme sobresueldos de manera inmoral. Lo pueden verificar, me honrará si lo hacen. Porque van a encontrarse con esa realidad. La que me permite ir con la frente en alto por la calle, mirar a los ojos a mis amigos y familiares, y sobre todo, la que me deja en paz a la hora de dormirme cada noche. Lo mismo puedo decir de cada uno de mis compañeros. No es nada extraordinario, pero no deja de ser una señal, en un país donde las cosas funcionan generalmente de otra manera, especialmente en los medios de comunicación.

La realidad me proveerá caminos, me abrirá o no algunas viejas puertas, y me dirá con el tiempo, el precio que se paga por decir lo que pienso, por manifestarme identificado, y especialmente, por haberme dado el tremendo lujo de parar para aprender, a una edad, en los que la mayoría creen saberlo todo.

En horas nomás, cambiaré de compañeros, de ámbitos, de rutinas, y empezaré a delinear los nuevos sueños. Que por suerte son muchos, muchísimos. Y en los que, por la fortuna de haber sido noble con ellos, me esperan otros tantos compañeros que fui sembrando en los caminos anteriores.

Vuelvo al periodismo. Así lo prometí y así lo cumplo: necesitaba desaparecer del espacio público por dos años, y lo cumplí. Ahora toca volver, ojalá que más sabio, menos torpe, y con menos ansiedades.

Para algunos será una buena noticia. Para otros, todo lo contrario.

Lo único que de verdad importa, es lo que necesito yo. Y esto que viene, definitivamente, es lo que necesito.

Gracias al gobernador, a Pablo Farías, a Horacio Rios, a Tatú Fernández, Andrés, Facundo, Martin, Luciana Mascheroni, Laura, Fede, Federico Luis,  Oscar, y a  todos los chicos de la oficina, a Susana, a Antonella, Gabriela, Pedro, Hernan, uff… seguro que me olvido de muchos, gracias por tanto y tanto. Creo que nos queda mucho afecto en el medio, y eso, al menos para mi, es lo más importante que podemos cosechar cuando nos vamos de algún lugar.

Nos vemos por ahi, siempre será una alegría. GRACIAS

 

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