Esteban Glavinich, «empresario» de actividad registrada desconocida y reconocido twittero Mileista, nos mandó una carta documento y nos amenaza con iniciar acciones legales en nuestra contra, por comentarios que – según él- perseguían el objetivo de «dañar su imagen», «difamarlo» en un «tono burlón» a su persona. Por eso, nos pide 10 millones de pesos, a través de un Estudio Jurídico reconocido por sus defensas a confesos delincuentes.

Glavinich, más conocido como @Traductorteama en Twitter, es miembro de un ejército de militantes virtuales del Mileísmo, que se dedica de manera exclusiva a agraviar, insultar, descalificar, acusar y denigrar a todos aquellos que no comulgan con los «idearios» oficialistas. Sus arengas, siempre, apuntan a demonizar a quienes trabajan en el Estado, a quienes hacen política y si, especialmente, a los periodistas críticos. A quienes se ha cansado de calificarnos de «ensobrados», «mercenarios», «prostitutas de»… y una serie de aburridos epítetos creados en ese laboratorio que pagamos todos con recursos públicos.

Ese mismo Glavinich, Esteban, Traductor Te Ama o Tradu, como lo llaman los chicos libertarios, parece ofendido por algunas afirmaciones que vertimos en REC y decidió mandarnos una carta documento amenazante y temeraria.

«Dame 10 millones de pesos , pedime perdón y sobre todo CALLATE», parece decir la carta documento, en la que dice ser representado por un Estudio Jurídico del sur provincial que entre otras cosas, es conocido por haber representado al máximo empresario ( confeso y condenado) del juego ilegal con vínculos con el narcotráfico: Leonardo Peiti.

Pero…¿ Que dijimos de «Tradu»?

Le dijimos Haragán. Y si nos atenemos al significado estricto de la RAE, un haragán no es otra cosa que :»persona que rehúye al trabajo, evita sus responsabilidades o es muy perezosa«. El término también se utiliza como adjetivo para describir a alguien con poca disposición para realizar actividades que requieran esfuerzo.

En derecho corresponde decir: «Exceptio veritatis» o «excepción de verdad».

Y no faltamos a la verdad: A sus treinta y tantos años, a Esteban Glavinich, no se le conoce actividad laboral formal. Con excepción de un breve registro como ASESOR con contrato directo de la Secretaria de Cultura de la Municipalidad de Cañada de Gomez durante 2011. La intendenta era la ultrakirchnerista Stella Clérici, y por ese «trabajo», Glavinich recibía 2.300 pesos mensuales. Actualizado: unos 600 dólares.

Desde entonces, 2012, a Esteban no se le conoce inscripción laboral. Ni como autónomo ni en relación de dependencia. Tampoco desarrolló actividades estudiantiles ni académicas… ¿ Cómo se califica a una persona que no hace nada, con más de 30 años y se convierte en famoso por escribir en redes sociales? Si no es haragán ¿Qué es? ¿Gandul? ¿vago? ¿holgazán?

Es una descripción, que no implica imputarle ningún delito ni lo agravia.

Y sin embargo sus declaraciones juradas, reconocen un patrimonio millonario en dólares. Y allí empiezan a tallar otras cuestiones que se afirmaron: Dijimos que Glavinich vivió «toda su vida del Estado».

Y cuando nos remitimos a las actividades de sus progenitores, lo único que encontramos son argumentos que lo confirman.

Raúl Glavinich, su padre, ocupó cargos públicos durante años. En su historial se incluye su paso por la subsecretaría de Información Pública y Comunicación Social de la provincia de Santa Fe durante el mandato del gobernador Jorge Obeid, un referente histórico del peronismo santafesino. Desde allí, a la actividad privada, convirtiéndose en accionista de una empresa que se dedicó ( y se dedica) casi de manera exclusiva a ser proveedor del Estado. Gobierne quien gobierne.

Su madre, la profesora Susana Porfiri, desempeñó actividades como asesora y funcionaria de la mencionada intendenta de Cañada de Gomez durante (por lo menos) 13 años. Una de sus notables funciones fue la «Coordinación de consultas de satisfacción de usuarios», dentro del área de Comunicación Social y bajo la dependencia de la Secretaría de Gobierno y Cultura. Durante ese lapso, la madre de Glavinich, se llevaba a casa una suma que actualizada, se acercaba a los 4 millones de pesos mensuales.

¿ Vivió o no del Estado, casi de manera exclusiva, don Esteban durante su vida? Las conclusiones son obvias.

También se siente ofendido Glavinich, por nuestra afirmación sobre una denuncia que le recayó por un hecho de violencia en Rosario: Hay una denuncia policial, una investigación del MPA en la que aparece acusado de haberle arrojado gas pimienta a una vecina, a causa de las molestias que le provocaba su perra. Si. A «Tradu», el libertario, le molestaban mucho los ruidos de la mascota de una vecina, y al momento de saldar una discusión sobre el asunto… eligió sacar un aerosol y rociarle los ojos a su vecina.

¿ Es un acto delictivo? Si. Posiblemente mi apreciación pueda considerarse, cómo mínimo, apresurada. Pero resulta que las pruebas presentadas por la víctima – informe médico de la guardia del hospital y algunos testigos- generaron en principio una medida de distanciamiento contra Glavinich.

En este caso, me remito a la causa penal y espero el resultado. Mis afirmaciones no son falsas, como asegura el ofendido, sino verdaderas y a la espera de una resolución judicial.

Finalmente, Don Esteban dice estar afectado por nuestra aseveración sobre su presunto desequilibrio emocional… ¿ De qué otra manera, además de delictiva, puede entenderse el accionar de una persona que le arroja gas pimienta en la cara a una vecina porque le molesta su perro?

Si hiciera falta, una buena pericial psiquiátrica no arrojaría dudas sobre mi presunción. Otra vez: exceptio veritatis…

Al final, y es lo que finalmente importa: Todo lo que dijimos, lo hicimos en el marco de un comentario periodístico, en ejercicio de la libertad de opinión amparados en nuestros derechos constitucionales. Lo hicimos, si, con un tono irónico que es propio de nuestro estilo, y los comentarios versan sobre un personaje que ocupa un lugar de exposición pública, con manifiesta participación en «la cosa pública» desde hace mucho tiempo.

Dicho todo esto: Ya respondimos la carta documento. Y no tenemos ningún inconveniente en dirimir lo planteado en sede judicial. Y lo haremos, porque más allá de la ridícula pretensión económica , lo que en realidad persigue el ofendido- como muchos de sus pares mal llamados libertarios- es callarnos. Silenciar, coercitivamente, todas las opiniones que le molestan y de manera especial, todas aquellas expresiones que revelan su verdadera naturaleza: No son liberales. Son una extraña raza de libertarios que odian la libertad.

Dicho todo esto, y de manera oportunista, vale aprovecharse de una expresión del capitán de nuestra selección nacional de fútbol, flamante finalista del mundial de fútbol: «¡No me callo nada, bobo!»


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