La reforma electoral pasó. Hizo algo de ruido, si. Pero en general, dejó pocos heridos y abrió puertas de expectativas para algunos dirigentes que vieron consumar en la Reforma Constitucional, sus expectativas de continuidad eterna en las poltronas. Una norma curiosa que se usará sólo en caso de «extrema necesidad», y una oposición que se despereza. El pacto de «no agresión» que puede repetir el escenario de 2023.

Desinflada otra vez la «avenida del medio» en el escenario nacional, todo parece indicar que los argentinos iremos a buscar al próximo presidente en el repetido menú de la polarización. Esa donde pesan más los rechazos que los deseos. Y el espanto, por encima del amor.

El gobierno de Milei ha cruzado la linea de la mitad de mandato, sin éxitos resonantes. Entre la falta de gestión, las causas de corrupción y las inocultables debilidades en materia económica, sus pretensiones territoriales por afuera de la Casa Rosada, parecen esfumadas. Aquella LLA que amenazaba con comerse a las provincias de un sólo bocado, ahora se parece mucho a esos pequeños partidos que buscan acuerdos para salvar cargos.

Entonces los gobernadores, casi con seguridad, jugarán sus propios partidos de local, bastante blindados de los berrinches y los insultos presidenciales. Y mucho menos condicionados por la confusión del voto nacional.

En Santa Fe las condiciones para que las elecciones se desarrollen por afuera del clima nacional, crecen de manera directamente proporcional a la profundización de la antinomia eterna de K-ANTIK ( o Milei- AntiMilei) que preside la discusión nacional. En eso, más allá de las críticas de sus adversarios, el mandatario ha sido hábil: Nunca dejó de diferenciarse de las políticas nacionales, pero tampoco olvidó que su electorado confluye en gran medida con el del presidente. Especialmente en el rechazo al Kirchnerismo.Por eso, a la fecha, ni el más optimista de los opositores de Pullaro imagina una chance real de ganarle las elecciones a gobernador en septiembre de 2027.

Pero eso es hoy, y para esas generales falta apenas y tanto cómo un año. Un espacio de tiempo que los argentinos sabemos que es mucho, pero a la vez muy poco. Siempre depende de la pulsera que lleve el reloj. Y de las circunstancias, generalmente imponderables, que vayan dinamitando el camino.

REFORMA ELECTORAL AL SERVICIO DE CASI TODOS

La reforma electoral hizo un poco de ruido. Pero menos del esperado. Al final, con excepción de los diputados del FAP- afectados de manera directa por el cambio de exigencia en el piso de representación- el resto de los bloques consiguieron que las normas sancionadas, les ofrecieran alternativas para defender los patrimonios existentes.

El peronismo aseguró las PASO. Un mecanismo que les garantizará un esquema de unidad. Y allí van, de camino a las generales, todos del brazo. La foto que consiguió el diputado Giuliano- y especialmente su jefe político, Sergio Massa- en la presentación de su libro en Rosario, habla con claridad del asunto. Los gatos parecen decididos a reproducirse sin distinción de credos e Ideologías. Y los pruritos se desvanecen cuando el objetivo es el poder: Allí están (casi) todos juntos: La progresía de La Cámpora, el Movimiento Evita y Ciudad Futura, el ex socialista Rubén Giustiniani, pasando por los sectores más moderados como Marcelo Lewandosky, el propio Massismo y la vieja guardia de los senadores – Traferri a la cabeza- junto a los hermanos Rossi y el casi ex presidente eterno de la Corte, Rafael Gutierrez. A ellos, seguramente, se les sumarán las huestes del ex gobernador Perotti, que buscará convencer a sus pares de ser el único candidato con algo de caudal electoral propio.

La desconfigurada «derecha vernácula» que representan- entre otros- Amalia Granata, Emiliano Peralta, Natalia Armas Belavi y la pintoresca constitucionalista, Silvia Malfesi, redujo el piso al 4 % de los votos del padrón, evitando el 5 % que propuso UNIDOS en el comienzo del debate. Pero además, evitaron la obligatoriedad de la presentación de cargos ejecutivos, para poder presentar listas legislativas, un asunto que les hubiera complicado las cosas. A ellos y al FAP, claro.

Los miembros del Frente Amplio se quedaron con el monopolio del discurso de rechazo a la reforma. La diatriba de Palo Oliver, Del Frade y Balagué, acompañados solamente por el inclasificable peronista Juan Domingo Argañaraz, estuvo fundada en el crecimiento del porcentaje de los votos /padrón, que van a necesitar para acceder a la renovación de sus bancas. Un asunto discutible, si se tiene en cuenta que en las próximas elecciones, las bancas en disputa serán las 50 y no sólo 22 cómo hasta la actualidad.

UNIDOS Y SUS SOLUCIONES AL PASO.

A la coalición de gobierno provincial, la condiciona una certeza: salvo algún desastre improbable, Maximiliano Pullaro es el único candidato a la gobernación. No hay dentro de las fuerzas asociadas al radicalismo, ninguna referencia que esté pensando en desafiar al gobernador en una interna.

Por eso, lo que quitaba el sueño a algunos dirigentes, era cómo mantener alguna cuota de poder autónomo que las nuevas reglas consititucionales ponen en inevitable riesgo. En limpio: Al socialismo, principal socio territorial, se le desvanecen las chances de mantener el número de diputados que tendrá en la próxima Cámara. Y con eso, las posibilidades de mantener la presidencia del cuerpo.

Incluso si los resultados fueran tan exitosos como en 2023, la cantidad de diputados que obtendría el oficialismo sería bastante menor a los 28 actuales. Y entonces, las posibilidades de armar una lista intercalada que garantice – especialmente a los socialistas- un número de bancas como el actual, se vuelve directamente un imposible.

Entonces, a algunos de ellos, se les ocurrió la idea de discutir el «control del Senado». Y para eso, propusieron establecer las posibilidades de una interna de «vices», que les ofrezca la chance de discutir a la próxima Presidenta del cuerpo.

La idea es por lo menos, rara. Y al decir en off de casi todos, poco probable de ser usada. Primero por los cuestionamientos constitucionales que pudieran surgir, y en segundo lugar porque una interna para elegir a un compañero de fórmula , carece de verdadero interés público y debilita a la figura del gobernador, al momento de decidir a quien prefiere como compañero de responsabilidades frente al gobierno.

«Si lo que buscan es controlar el Senado, lo más sensato sería que presenten candidatos a senadores. Los vices no mandan en la Cámara, pregúntenle a cualquiera que haya pasado por ahi. Desde Bielsa hasta la propia Scaglia. Las decisiones del cuerpo las tomamos los senadores, no los vicegobernadores» dice un senador opositor en tono burlón, al referirse al asunto.

La mayoría de los consultados dicen que ese artículo nació muerto. Y que las chances de que finalmente utilicen ese mecanismo, perecen a medida que se va imponiendo el sentido común. Al final, se verá. No siempre ese sentido le termina ganando a las ambiciones de algunos, y el gran desafío para los dirigentes de Unidos, será consolidar a la coalición superando las ambiciones sectoriales.

Para eso, las PASO ofrecerán la oportunidad de armar distintas listas de diputados provinciales. Y será allí, no en la candidatura a la vice gobernación, dónde se pondrán en juego las verdaderas representaciones de los distintos sectores.

Y TODO LO DEMÁS TAMBIÉN

Falta mucho, pero poco. Desde ahora y hasta febrero, fecha en la que deberán presentarse las listas de candidatos a las PASO, lo que viene, en la jerga política- es mucha rosca. Mucho asado, mucha gestualidad, mucha especulación y esa sensación – especialmente para los dirigentes – de que todo, absolutamente todo, estará en juego.

Más allá de la gobernación, que todos presumen que se definirá entre el actual mandatario y un candidato del peronismo, lo que se pondrá en disputa es todo lo demás: intendentes, concejales, diputados, senadores. Y en esos casilleros, es dónde se pondrán los mayores esfuerzos.

Más allá del obvio distanciamiento creciente entre la sociedad y sus dirigentes y del dañino discurso antipolítica – por derecha y por izquierda- que insiste en profundizar ese distanciamiento, lo que se pone en juego es muy importante. Demasiado, como para repetir la experiencia de dejarlo en manos de inexpertos, paracaidistas y pequeños aventureros de dudosa salud mental.

Empiezan 120 días apasionantes para quienes nos interesamos en la cosa pública.


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